En una de las batallas más esperadas de 2017, la velocidad, el vértigo y el mejor volumen de golpeo, pero esencialmente su mejor plan de pelea, le permitieron a Keith Thurman ganar en decisión muy cerrada la batalla más importante de su carrera.
Thurman venció a Danny Garcia y unificó sobre su pecho los dos cinturones Welter del CMB y la AMB. El resultado no es sorpresivo. Lo que se vio en el Barclays Center de Brooklyn se ajustó a las miradas de los jueces. Pudo ser para cualquiera.
La batalla respetó en casi todo el libreto imaginado, excepto en la gran sorpresa inicial, esos dos primeros asaltos a puro vértigo de Thurman. El campeón de la AMB puso toda la carne en el asador y no sólo consiguió confundir a Garcia sino que lo maltrató.
El ahora ex campeón CMB recibió en esos seis minutos los mejores golpes y le costó salir del asedio.
Esa fue la gran sorpresa en el plan de Thurman y fue un acierto. Ganó claramente los dos primeros asaltos, utilizó su mayor parte de energía antes de que le llegaran los efectos del óxido acumulado por la inactividad y condicionó el plan de Garcia, quien supo a partir del tercer asalto que debería salir de su zona de confort y proponer la pelea, con todos sus riesgos.
Y así fue. En el tercer asalto vimos a otro Garcia, uno que empezó a trabajar desde el centro del cuadrilátero, tuvo mejor control de la pelea y lo más importante, le logró llegar a Thurman con algunos golpes de poder al cuerpo, lo que ayudó para bajarle el ritmo a Thurman y equilibrar las acciones.
Desde ese momento, Thurman se dedicó a hacer lo que mejor sabe: trabajar en círculos, lanzar desde su mejor distancia, entrar en velocidad a dejar sus ganchos o combinaciones y en otra acción inesperada, pero comprensible, utilizó el contragolpe con buen criterio para llegarle al rostro de su oponente.
Fue otro detalle interesante de la contraofensiva de Thurman y que habla muy bien del plan diseñado para ganar esta batalla: los golpes de poder. El ahora campeón unificado empezó a responder a los golpes de poder con poder y ello nos permitió ver, por momentos, cruces de metralla larga por afuera o en ganchos largos por adentro, que no lastimaban, pero iban sumando en la cuenta de puntos de Thurman.
Garcia no desentonó, pero le faltó un notorio cambio de plan a mitad de camino. No ofreció opciones, lo que de él se esperaba fue lo que ofreció y con ello le facilitó la faena a Thurman, quien fue el único en proponer algo diferente. De todas formas, ante un hombre más grande, de mejor extensión que lo superaba en velocidad y hasta en desempeño táctico, lo de Garcia es digno de destacar.
Debió, en primer lugar, remar a contracorriente. Salvar las distancias en los puntos que le tomó Thurman en los primeros asaltos y hacer ajustes por cuenta propia. Después del tercer asalto tuvo momentos en los cuales dominó las acciones con su contragolpe, trabajó muy bien el golpeo a la zona media de Thurman, empleó muy bien la recta de izquierda, aunque sin insistir con la misma, lanzó algunos volados con efectividad y le fue bien con el cuerpeo defensivo.
De todas maneras, la mayor parte del tiempo, su lentitud y por momentos forma robótica de manejar su boxeo jugó en su contra frente a un hombre que sabe moverse por todo el cuadrilátero.
Los números finales no dejaron mentir. Thurman fue el que lanzó más golpes (570 a 434), pero Garcia fue quien tuvo mejor porcentaje de acierto (30 por ciento a 26 por ciento). También Garcia lo superó en los golpes de poder (40 a 37 por ciento).
No obstante, las ventajas de Thurman a la hora de explicar la razón de la victoria no nacen de los números sino de su excelente manejo del plan de pelea y los tiempos elegidos para exigir a sus mejores herramientas.
Keith Thurman sabía que el físico no le daría para sostener la presión de su boxeo sobre Garcia en los doce asaltos y –como lo habíamos pronosticado– recurrió a su buena lectura del combate para trabajar regulando el gasto y mostrándose consistente a los ojos de los jueces. En lo posible, trató de cerrar arriba en cada asalto, se lució con combinaciones rápidas y desde la media distancia, donde se puede exhibir la condición en todo su esplendor. Hubo asaltos, además, en los que claramente cedió la iniciativa sabiendo que perderlos no afectaba sus mejores números.
En otra acción previsible de antemano, Thurman evitó caer a diagonales, algo que se vio por los pocos ganchos enviados y esencialmente, porque no hubo en ningún momento intercambio al “tú por tú”, error que cometió ante Luis Collazo y que evitó repetirlo ante un hombre de tan buena pegada como García.
La victoria final de Keith Thurman fue por decisión dividida, que perfectamente pudo ser un empate. John McKaie lo vio perder 116-112, mientras que Kevin Morgan y Joseph Pasquale le vieron ganar 115-113.
La tarjeta de MacKaie suena alejada de la realidad, mientras que las restantes se ajustan a lo visto y a lo que, considero, explica la victoria. Los asaltos que ganó Thurman fueron claros, mientras que no todos los que le vi ganar a Garcia se pueden considerar como clara la ventaja.
En mi conteo personal vi ganar a Thurman los asaltos 1, 2, 5, 7,8 y 9. A Garcia le anoté los asaltos 6, 10,11 y 12, mientras que los episodios 3 y 4 pudieron ser para cualquiera debido a lo parejo de ambos. El resultado final premia a Thurman, quien de todas formas deberá trabajar mucho para ser el más dominante de la división, siempre y cuando permanezca en los Welters. Su físico se asemeja más a un Superwelter y no deberá extrañar que muy pronto abandone las 147 libras.
Es de presumir que en el futuro cercano tendrá problemas con la balanza. ¿Y esto qué significa? Es muy sencillo. A medida que Thurman aumenta de peso, parece perder poder en la pegada y eso puede ser un problema. Mayor tamaño, menor movilidad y menor pegada. Por ello, deberá ser tan inteligente en manejar su futuro como lo fue en la noche del Barclays Center contra Garcia.
Por su lado, García no demorará en recuperar esa corona. En Brooklyn demostró una gran condición, nos hizo olvidar sus últimas actuaciones en las que no se vio convincente y hasta nos hizo dudar de sus condiciones para sobresalir en esta división. Perdió ante un rival que hizo mejor las cosas, pero que en ningún momento fue superior.
Son peleas que se van para cualquier lado y hasta debería considerarse la posibilidad de la revancha. El desempeño de ambos lo merece.
