Fernando Ferrara, el arquitecto de la revancha dorada de Las Leonas en el Mundial 2026

Hay revanchas que no nacen del despecho, sino de la convicción profunda de quien sabe que la historia le debía una página de gloria. Para Fernando Ferrara, colgarse la medalla dorada en este Mundial 2026 no fue solo coronar una estrategia impecable; fue el desahogo personal de un conductor que aceptó tomar el timón en la tormenta más compleja. “Es la esencia mía como persona y de cómo era como jugador. Habiendo perdido el Mundial pasado, quería la revancha. Acepté el desafío sabiendo que era ganar o nada prácticamente”, confiesa el DT campeón con la voz de quien acaba de soltar una mochila inmensa.

El mapa de la conquista exigía rozar la perfección. El formato del torneo no otorgaba respiros: había que superar o empatar con Bélgica en su casa para abrochar el primer lugar del grupo o quedar condenado a un cruce prematuro con Países Bajos y cuando el destino puso frente a frente a las neerlandesas en su propio santuario, Las Leonas ejecutaron un plan perfecto y quirúrgico. “Era un Mundial muy difícil. Fuimos a Países Bajos, jugamos, ganamos y nos fuimos prácticamente en cuatro horas. Siento un orgullo enorme por este gran equipo que armamos, por esta gran familia que se formó”.

"El amateurismo le ganó al profesionalismo"

Detrás del brillo de la copa habita una arquitectura invisible donde cada pieza cumplió su rol con precisión milimétrica. Desde el trabajo específico de Fernando Fioroni en el arco para potenciar el momento consagratorio de Cristina Cosentino, hasta el aporte anónimo pero fundamental de los seleccionados juveniles que sirvieron de sparring en la preparación previa. Ferrara no se guarda nada a la hora de repartir el mérito y abraza a toda la pirámide de la disciplina: “Esto es de todo el hockey argentino. Del cuerpo técnico, de la gente que nos ayudó, de los clubes que forman a las jugadoras y de las instituciones. En el interior del país hay muchísima gente que se esfuerza para llevar este deporte adelante, haciendo locuras, poniendo dinero y haciendo cosas imposibles. En este caso, el amateurismo le ganó al profesionalismo”.

Aterrizar en suelo patrio tras tocar el cielo con las manos exige un proceso de asimilación lento. Ver a la multitud madrugar en Ezeiza para darles la bienvenida fue el primer baño de realidad para un plantel que transformó el esfuerzo de miles en un festejo nacional. “Ya vamos cayendo despacito. Al principio es increíble cómo no caés, pero después pasan estas cosas hermosas. Ver a la gente en el aeropuerto a esa hora de la mañana para venir a recibirnos es emocionante”.

La historia está escrita, pero ahora hay un nuevo objetivo por delante: LA28

La estrella ya encandila la camiseta albiceleste, pero el alma competitiva no se detiene a juntar laureles. Con la serenidad de los grandes conductores, Ferrara ya avizora el horizonte que sigue: “Ahora toca descansar, rearmar cómo empezar y encarar el próximo objetivo que tenemos bien claro: Los Ángeles 2028”.