Después de 12 años, Los Leones volvieron a estar entre los mejores cuatro de una Copa del Mundo. No es casualidad y el camino no fue fácil. La fase de grupos fue solo la primera escena de esta obra. Derrotaron a Japón por 3 a 0, con cierta tranquilidad, pero enseguida vino el golpe de realidad. El anfitrión y número uno del ranking, les marcó el terreno, les vino a decir quién manda en Países Bajos y los superó por 3 a 1. El batacazo de confianza llegó para cerrar la zona: una goleada por 7 a 1 ante Nueva Zelanda. Histórico y con algo de sabor al Sídney 2000 del nacimientos de Las Leonas. Dos victorias y a la siguiente fase.
El equipo de Lucas Rey pasó a la segunda instancia pero sin puntos ya que el otro plantel del A que quedó entre los ocho mejores -divididos en dos zonas de cuatro- fue el de los neerlandeses y se arrastró el resultado inicial. Allí debió competir también con otras potencias Top 10. La historia argentina -y reciente- indica que Inglaterra siempre debe estar en el camino y ser superado. Los Leones no hicieron caso omiso a esa regla natural impuesta por rivalidades ajenas a lo deportivo. Vencieron a los ingleses. Necesitaban ganar para no quedar fuera de competencia. Los superaron por 3 a 1con un hat-trick de Tomás Domene, quien hoy se anota entre los mejores tiradores de córner corto del mundo con 101 goles en 121 partidos. Pero por si quedan dudas sobre los motivos por los que hoy viste la camiseta celeste y blanca, también hace golazos de revés a dos tablas sin que se trate de una jugada fija.
Llegó India y Los Leones empezaron a entender que aquella respuesta que les daban a los periodistas en la que repetían que "Este equipo está para todo", tenía sentido, se mantenía con vida, era tangible. Si Argentina ganaba por diferencia de tres goles ya se aseguraba su pase en semis, si ganaba por menos debía esperar un resultado demasiado improbable pero que podía darse entre Países Bajos e Inglaterra. Los de Lucas Rey ganaron 5 a 3. La cachetada fue que el último gol indio llegó a los 59' 25". Sí, fue una desconcentración. Pero eso no podía empañar los cinco tantos que le habían metido y lo bien que comenzaron y plantearon el cruce. Ganaron y eso los dejaba con un pie en semifinales.
Tuvieron que esperar el resultado entre Inglaterra y Países Bajos. Finalmente empataron y eso le permitió a Argentina gritar -un poco- en el salón del hotel en el que se hospedan en Amstelveen. Cantaron, se abrazaron y saltaron pero no tan alto, porque estos Leones parecen tener los pies sobre la tierra. Saben que este paso no deja de ser uno más del plan craneado por el cuerpo técnico en el que todos son parte. Eso lo hace especial también, que cada uno se sienta responsable del lugar al que llegaron y también asuman las pequeñas derrotas como propias para superarlas en conjunto.
Un DT que aprendió a tomar agua -hasta cuatro litros por partido- para ahogar un grito de enojo o frustración, para no transmitir nerviosismo, para mantener la calma y la concentración. Un jugador a quien le toca quedarse afuera de los 18 convocados y aunque se muera de ganas de estar vestido con el short y la camiseta igual que sus compañeros, se esfuerza para entrar bien en calor a los arqueros, para moverlos, para motivarlos. Un plantel que parece unido más allá de cualquier pequeña fisura. Al final, son un equipo que sufrió mucho que siempre está en la sombra del éxito femenino, que logró grandes cosas en un pasado, pero que se agrietó y no había vuelto a estar tan entero. Hasta hoy.
Se habló siempre de los equipos con mística, de las generaciones doradas, de los tocados con la varita. Se empieza a respirar algo de eso en este Mundial 2026. Este grupo de Leones tiene luz propia, hace su camino.
El viernes 28 de agosto juegan la semifinal ante Alemania a las 15:30 (hora argentina). No es un partido más. Quieren seguir rompiendo paredes y para eso tienen que ganar. Llegar a una final de una Copa del Mundo por primera vez en la historia, es el siguiente zarpazo que más desean.
