El repliegue de Tuchel afectó a Inglaterra y Argentina olió la sangre

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¿Qué lecciones ha dado Argentina en el Mundial? (5:05)

Esa sensación recurrente de fatalidad y decepción es demasiado habitual en la selección inglesa.


ATLANTA -- Thomas Tuchel sabía que llegarían las críticas.

"Los cambios que hicimos no nos ayudaron. Es desolador", fue la valoración de Wayne Rooney, exdelantero de Inglaterra convertido en comentarista. El exdefensa Micah Richards señaló: "Tácticamente, todos pensamos que hoy se equivocó".

Hace apenas 10 días, el seleccionador de Inglaterra era aclamado como un genio táctico por la forma en que su equipo resistió ante México: jugando con una defensa de cinco y con un hombre menos, repelieron todo lo que les lanzaron para ganar 3-2 en los cuartos de final en el Estadio Azteca. Sin embargo, en la semifinal, ese mismo ajuste defensivo coincidió con el momento en que Argentina elevó su nivel de juego para anotar dos goles en los minutos finales y ganar 2-1.

"Vimos que había sangre en el agua y fuimos a por ello", declaró después el seleccionador argentino, Lionel Scaloni.

Lionel Messi dispuso de más tiempo con el balón en las bandas, el cambio táctico otorgó espacio al centrocampista Enzo Fernández para marcar el gol del empate y, siete minutos más tarde, Lautaro Martínez se coló por el hueco entre dos defensas ingleses para cabecear a la red el tanto de la victoria tras un excelente centro de Messi. La modificación defensiva de Tuchel resultó contraproducente. Así de cruel es la Copa Mundial de la FIFA.

"Creo que esa es simplemente la naturaleza del juego", dijo Tuchel. "En cuanto pierdes, llegan las críticas. Nadie sabe qué habría pasado si hubiera tomado decisiones diferentes, así que no tiene sentido darle vueltas y perder la cabeza. Soy el responsable de ellas. Tengo que aceptar las críticas; así son las cosas".

Tuchel ha hecho mucho hincapié en el espíritu de "hermandad" de este equipo. A menudo ha hablado de su admiración por la forma en que encuentran la convicción interna necesaria para luchar y lograr el objetivo final. Lo vimos contra la República Democrática del Congo, donde necesitaron dos goles tardíos de Harry Kane para superar aquel susto. Contra México, Inglaterra se quedó con diez hombres en el minuto 55 tras la expulsión de Jarell Quansah. Poco después, Kane marcó de penalti y, durante la segunda pausa de hidratación, Tuchel cambió a una defensa de cinco. Funcionó. Contra Noruega, Inglaterra necesitó dos goles surgidos de la magia de Jude Bellingham para salir adelante. Sin embargo, existía la sensación general de que aún no habíamos visto la mejor versión de Inglaterra.

No cabe duda de que la fatiga, el estado de forma y las lesiones han desempeñado un papel fundamental en este torneo. Inglaterra ha tenido problemas en el lateral derecho desde que Reece James sintió molestias en los isquiotibiales en la recta final del partido contra Ghana. La decisión de sustituir al lesionado Tino Livramento por Trevoh Chalobah justo antes del torneo implicó que Tuchel apostara por que James aguantara el ritmo y por que Ezri Konsa, Quansah y Djed Spence tuvieran la capacidad suficiente para cubrir esa posición si fuera necesario. Pero Quansah se lesionó contra Panamá y fue sancionado tras su expulsión ante México, por lo que se vieron obligados a buscar soluciones improvisadas desde entonces.

Lo mismo ocurrió con los extremos. El rendimiento de Anthony Gordon fue una montaña rusa durante el torneo: empezó bien, perdió fuelle tras el partido contra Ghana y volvió a brillar con fuerza en los minutos finales del encuentro contra la República Democrática del Congo, justo en el momento oportuno. No obstante, en la otra banda, el hecho de que Tuchel alineara a Morgan Rogers como extremo derecho contra Argentina demostró que la apuesta por Noni Madueke no había funcionado y que Bukayo Saka no ha mostrado su nivel habitual de jugador de talla mundial en este torneo.

Tuchel ha tomado muchas decisiones acertadas. La convocatoria del defensa Dan Burn —que mide más de dos metros— fue una genialidad; Spence ha justificado con creces su inclusión; y Jordan Henderson ha sido clave para mantener la moral de la plantilla y apoyar al capitán Kane en la concentración, a pesar de haberse roto el brazo al celebrar un gol contra México.

Sin embargo, las estadísticas demoledoras del partido contra Argentina son difíciles de ignorar. Tuchel fue contratado para darle a Inglaterra su segunda estrella mundialista. Ese fue el mensaje que transmitió a los jugadores en su primera charla técnica, allá por marzo de 2025: había llegado el momento de poner fin a 60 años de sufrimiento y traer el trofeo a casa. Pero el trofeo no volvió a casa, ya que Inglaterra perdió todo el control del encuentro durante esa última media hora.

Desde el minuto 55, cuando Gordon marcó, hasta el gol de la victoria argentina en el minuto 92, Inglaterra apenas tuvo un 12 % de posesión. Permitieron que Argentina dominara con un 88 % de posesión durante 37 minutos; un equipo que, en ese momento, tenía cuatro delanteros en el campo, lo que estiraba la defensa inglesa y daba tiempo a los centrocampistas Alexis Mac Allister y Fernández para maniobrar en la frontal del área.

Argentina estrelló dos balones en los postes, uno antes y otro después del gol de Fernández; la segunda ocasión propició que Martínez anotara de cabeza. Inglaterra recibió múltiples advertencias, pero no supo realizar los ajustes necesarios.

Para cuando Inglaterra intentó reaccionar a la desesperada dando entrada a los delanteros Ivan Toney y Marcus Rashford en el minuto 96, ya no tenía ninguna base sobre la que construir ni recursos para volver a meterse en el partido. Poco después, estalló la celebración argentina.

Las sustituciones de Tuchel fueron excesivamente conservadoras. Cuando Inglaterra ganaba 1-0, Tuchel dio entrada a tres defensas: Konsa por Gordon, Nico O'Reilly por Declan Rice y Burn por James. A posteriori, los críticos señalaron que Tuchel debería haber optado por cambios ofensivos para refrescar las piernas cansadas y buscar el segundo gol, en lugar de intentar proteger una ventaja mínima de 1-0.

"Lo notamos", declaró tras el partido el portero argentino Emi Martínez. "Sentimos que ellos retrocedían y retrocedían en lugar de ir hacia adelante. A veces, cuando vas ganando, tienes que seguir atacando. No puedes cambiar el plan de juego. Creo que ellos lo hicieron y metieron más defensas".

Tuchel intentó explicar después el cambio en la dinámica del partido.

"Argentina jugó con más riesgo y ritmo, con la sensación de no tener nada que perder, lo que les liberó; a nosotros, en cambio, nos frenó la sensación de tener mucho que perder", afirmó. "Nos replegamos en un bloque bajo, pero nos costó mantenernos activos, defender los centros en esa posición y emplear la agresividad física contra quienes irrumpían en el área. Fue complicado para nosotros: no lográbamos ganar duelos ni tener la posesión, y ellos ganaron impulso y se llevaron el partido".

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En el fondo, si se juzga a Inglaterra según las expectativas que generó antes del Mundial, el equipo no ha estado a la altura. Un Bellingham desolado lo reconoció tras el partido, al señalar lo familiar que debe resultar esta sensación para los aficionados ingleses; Burn confesó sentirse "destrozado" y admitió que el equipo había sido demasiado "pasivo".

Lo que falta es precisamente lo más difícil de conseguir. Argentina sabe lo que hace falta para ganar un torneo —es algo que casi se convierte en memoria muscular— y ha demostrado en esta competición que, cuando está contra las cuerdas, sabe cómo volver a la pelea y ganar. Es cierto que cuentan con Messi, el mejor jugador de la historia, pero también poseen la mentalidad y la confianza mutua necesarias para hallar una solución, independientemente de la situación en la que se encuentren.

Tuchel lleva 16 meses en el cargo. Ha llevado a Inglaterra a una semifinal de la Copa del Mundo, lo cual no es poca cosa. Sin embargo, esa sensación recurrente de fatalidad y decepción es demasiado habitual en la selección inglesa. Precisamente por eso la FA recurrió a Tuchel: para cerrar la brecha entre ser aspirantes al título y levantar realmente el trofeo. En última instancia, ese será el criterio para juzgar su labor; pero, una vez más, Inglaterra se bloqueó. El equipo se replegó y acabó sumido en la desolación.

Tuchel conservará su puesto hasta la Eurocopa de 2028; la FA ya ha dejado entrever que así será. No obstante, durante los próximos dos años, deberá encontrar la manera de romper este ciclo. Su etapa al frente de Inglaterra se juzgará en función de si logra o no conseguirlo.

Antes del encuentro, Tuchel afirmó no sentir el peso de las ocasiones perdidas del equipo en el pasado. Sin embargo, ver cómo Inglaterra se desmoronaba resultó una escena demasiado familiar. Argentina olió la sangre; Inglaterra era la presa. Tuchel aún no ha logrado resolver la neurosis de Inglaterra a la hora de dar ese paso esquivo hacia la conquista de un título, algo que se les resiste desde hace ya 60 largos años.