<
>

Un Tricampeón devaluado agoniza en una histórica crisis

play

La crisis del América de Jardine tocó su punto más bajo con un equipo que funciona a partir del desorden y al que no se le ven ni rastros de aquel que fue Tricampeón.


LOS ÁNGELES -- Crisis histórica en el América. Más cerca de la plancha de autopsias que de terapia intensiva. Perder con Juárez, en casa, y al minuto 93’, urge a análisis más profundos que simplemente culpar –justificadamente--, a Luis Malagón de los dos goles que fueron el epitafio de las Águilas.

De ser alegoría del éxito, el América ha pasado a ser alegoría del fracaso. Y es el entendimiento de que aquella metáfora del águila, es un evangelio apócrifo desgastado ya en los foros motivaciones (“esta ave, a los 40 años, se refugia, se aísla, rompe su pico, arranca sus garras, y se prepara para que crezcan nuevamente, en una epifanía de resurrección, bla, bla, bla”). Ni Diego Dreyfuss embaucaría a Javier Hernández con semejantes cuentos de galletitas chinas.

A menos, claro, que en el Salón Oval de Sherezada y la Rosa de Guadalupe, Emilio Azcárraga Jean espere que su Ratón Pérez, Santiago Baños, le lleve un regalo por cada muela e incisivo que le han tumbado en los últimos meses.

Entendiendo que hace años Chucho Ramírez salvó al América del descenso, el caos actual, la debacle 2025-2026, resiste, sólidamente, el término de “crisis histórica” porque ocurre justo después del Tricampeonato.

Porque, bajo el axioma del #ÓdiameMás, tras vivir cuatro torneos sobre las cabezas gachas del pópulo de la Liga Mx, ahora, en una genuflexión humillante, convalece de rodillas ante todos ellos, incluso ante Juárez, y ante su gente, y con sus ostentosos refuerzos, y desde sus pasmados y pomadosos corifeos mediáticos, hasta los reporteros de la fuente, que se convierten en cómplices por miedo o conveniencia.

Ante Juárez comparecieron los ogros que tienen al América en esta caída libre, esos que hacen que el águila ya no enseñoree los cielos, sino que zopilotee, desesperadamente, para nos ser carroña de su propia carroña.

1.- BABEL

América tiene un solo lenguaje común: el desorden. Este 2026, como reminiscencia, como consecuencia del segundo semestre de 2025, el equipo es una Torre de Babel. Cada jugador hace un esfuerzo aislado. Pésimos solistas no conformarán un buen coro. Parecería que en la semana se trabaja bajo sólo un fundamento táctico: la displicencia, y que la pizarra de André Jardine ha transcrito jeroglíficos.

2.- EGOS

A la traición colectiva, se suman los caprichos. Ya no todos los jugadores pelean todos los espacios, todos los balones, todos los momentos. Son tipos adscritos sólo a sus intereses. Cuando se duda públicamente de Bryan Rodríguez, marca un golazo y enseguida desaparece, por citar un ejemplo. La defensa hace agua, y resulta que los bobalicones que comparaban a Israel Reyes con Rafa Márquez, tienen ataques de amnesia. Y Jardine ha perdido el control emocional, disciplinario y táctico, de la recua de egomaníacos. Tuvo voz de Leónidas durante el Tricampeonato, pero hoy está afónica su autoridad.

3.-PARCHES

América tuvo tres jugadores clave en el Tricampeonato. Hoy, están desaparecidos. Álvaro Fidalgo, con su futbol sedicioso, seduce con el Betis. Henry Martín es víctima de los reclamos de su propio organismo, porque su cuerpo claudicó, aunque su espíritu reclame cancha. Y Alejandro Zendejas, el más importante de todos, va de lesión en lesión, a pesar de su juventud y su disciplina fuera de la cancha, y cuando él juega, como ante Juárez, el América –fugazmente--, es otro. Ni Veiga ni Lima son Fidalgo, ni Violante podrá ser Zendejas. Y el trabajo y la inteligencia de Henry nunca clonaría ni con Rodrigo Aguirre, la Pantera Zúñiga o Víctor Dávila, quien ante Juárez se lesionó severamente. ¿Dourado? De equipo chico. El Rayito Rodríguez, pocas veces es trueno, y muchas veces un buscapiés.

4.- DESINTELIGENCIA

La desinteligencia del corporativo, incluyendo a su departamento de inteligencia deportiva. Se durmió en sus laureles, en la cómoda y mullida fragilidad del Tricampeonato. No supo trabajar a futuro. Los directivos, encabezados por Santiago Baños, así como se creen eternos en el puesto, creyeron que el Cuerno de la Abundancia sería eterno. Por eso, “La Teoría del Chiripazo” sobre el Tricampeonato, es válida. ¿Es más consecuencia de los aciertos en la elección de jugadores por parte de Santiago Solari y Fernando Ortiz, que de sus directivos? Y un técnico más capacitado que ellos, Jardine, capitalizó lo que hicieron El Indiecito y El Tano, más que lo que hicieron Baños y compañía.

5.- ¿Y EL SEMILLERO?

La matriz del América está más estéril y yerma que la de una momia. América tuvo el sello distintivo de generar grandes generaciones de futbolistas, fortalecidas por exitosas contrataciones de extranjeros. Hoy, ni lo uno ni lo otro. Raúl Jiménez y Edson Álvarez parecen más accidentes de las fuerzas de Coapa que la evidencia de un sólido trabajo en la formación de jugadores. Emilio Lara y el Mozumbito Martínez, fueron chisporroteos de su propio fragor publicitario. Jardine lo respondió alguna vez claramente: en América no se experimenta, se gana. Pero hoy, a excepción de la incógnita de Patricio Salas, ni lo uno, ni lo otro.

6.- CASA DE CRISTAL

El aparato defensivo del América está hecho añicos. No encuentra a un lateral derecho confiable, sus centrales caen en inconsistencias, y por izquierda Cristian Borja cumple a secas. Y en la portería, las inseguridades de Malagón, evidenciadas, reiteradas ante Juárez, con una salida descontrolada y en el segundo gol se vence, claudica, prematura e inocentemente, y de ello –obviamente--, se preocupan Jardine y Javier Aguirre, y se solazan –obviamente--, Guillermo Ochoa, el Tala Rangel, y hasta Carlos Acevedo y Andrés Gudiño.

Tras el esperpento ante Juárez, ahora América debe enfrentar a dos desahuciados como Querétaro y Mazatlán, además de un doble choque ante Philadelphia Union, dentro de Concachampions. Los pronósticos deberían favorecer al #ÓdiameMás, pero después de la patética exhibición ante Juárez, no hay ninguna garantía.

Jardine lo sabe: debe entregar un título, y en este momento, el menos complicado es el de la Concachampions. De otra manera, podría ser el fin de su ciclo. Y también el de Santiago Baños, quien, a manera de indemnización, le extorsionará a Azcárraga Jean un puesto honorario en la FMF o en selecciones nacionales. Como los gatos, siempre caerá parado.

Y esta crisis histórica, que es también una histórica crisis, no se resolverá en este torneo ni en el siguiente. No se resolverá sólo con la guillotina en el pescuezo de Jardine, incluso sería más saludable retenerlo y apegarse a sus exigencias, sobre todo ahora que existe la promesa de flujo de dinero por parte de General Atlantic, y dejar de depender de la ruleta rusa con la que juega el departamento de Inteligencia Deportiva y esa extraña complicidad con el Grupo Pitz que perdura gracias a Baños, y que en este momento representa a 14 de los futbolistas de las Águilas. Sí, Baños es más dueño del vestuario que Jardine.

De otra manera, ni con rezos y responsos a la Rosa de Guadalupe, podrá romper Azcárraga Jean y su caterva de apóstoles, esta crisis histórica del América que es también una histórica crisis dentro del futbol mexicano.