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Chivas... ¡Se acabó el recreo!

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Chivas brilla en la jornada 6 con actitud sobresaliente ante América (1:26)

Ricardo Peláez comenta lo más relevante de la jornada 6 en el Clausura 2026 de la Liga MX. (1:26)

Luego de seis victorias ante equipos ‘a modo’, el Guadalajara tiene en puerta dos pruebas que servirán para comprobar sus alcances: Cruz Azul y Toluca.


LOS ÁNGELES -- Chivas yergue su supremacía en la Liga sobre los cadáveres de seis muertos en vida (Pachuca, Juárez, Querétaro, San Luis, Mazatlán y América). El calendario le agendó seis parias en el arranque del torneo, incluyendo, claro, al –hoy—menesteroso habitante de Coapa. O por lo menos así quedó en evidencia el sábado en el Estadio del Guadalajara.

Pero, ojo, Chivas, se les acabó el recreo con los chiquitines de párvulos de estas primeras seis fechas. No más comparsas.

Ahora vendrán para el Rebaño dos pruebas enrevesadas, peliagudas, sabrosas: Cruz Azul y Toluca. Como pa’ saber de qué está hecho. Después, aparece Atlas, un guiñapo, sí, pero que suele generar un conflicto para Chivas.

Parecía que el Guadalajara cojearía sin Luis Romo. No para defender, sino para atacar con estrategias concienzudas. ¿Lo extrañó Chivas? Ciertamente no. El trabajo impecable, de zapa, de deterioro físico y emocional que hizo Diego Campillo sobre Henry Martín, Romo jamás hubiera podido hacerlo. No está en su ADN. Y Campillo fue determinante secando al de por sí ya seco Henry, quien coronó su patética noche estercolando a su técnico André Jardine: “Nosotros acatamos las órdenes del técnico”.

Por eso, se había señalado que la ausencia de Romo ante el América sería un buen catalizador para el Guadalajara. Gabriel Milito conoce a sus futbolistas mejor de lo que ellos mismos quisieran. A los peones los convierte en alfiles.

Y la otra advertencia se cumplió. El Oso González es una bestia. Con su cuerpo de chihuahueño, se transfigura en un implacable Cane Corso. Tuvo para minimizar a Dourado y a Veiga. Le dejó dos tallones a Jonathan dos Santos, y se dio tiempo para hacer aún más chiquito al Chiquito Sánchez. A veces, a esos tipos que empantanan la cancha a puro valor, voluntad, codicia, rabia, maña y saña, se les menosprecia.

Mientras tanto, para América, esta derrota, significó la entrega puntual, oficializada y notarizada de “gracias por participar en el Clausura 2026”. Ya conoció las limitaciones futbolísticas y emocionales de su plantel.

Y para el cuerpo técnico de Chivas, fue la confirmación del alcance de varios de sus jugadores. Estos entienden el fervor de una playera histórica, mientras que otros lo convirtieron, apenas el torneo pasado en una playera histriónica, como ocurrió con Alan Pulido y Javier Hernández.

1.- Gabriel Milito debe haber sacado aún más conclusiones. Todas favorables. Pregunta para los #ChivaHermanos ¿Cuánto tiempo había pasado en Chivas sin ver a once tipos comprometidos a muerte, uno con otro, uno para el otro, y uno por el otro? Cascado, sobado, ocioso sería esgrimir el lema de los mosqueteros de Alejandro Dumas: “Uno para todos y todos para uno”. Años, sin ver una pléyade con ese espíritu kamikaze.

2.- Y Javier Aguirre también debió hacer ajustes en su “80% de seguros para el Mundial”. Ya no puede desdeñar a Richard Ledezma, quien es mucho más que sus dos peones palurdos y rústicos como Jorge Sánchez y Kevin Álvarez. Campillo, Aguirre y Castillo merecen un guiño al menos. La Cotorra González también. Lástima para el Oso y para Efraín Álvarez que sus zonas de gravitación están muy competidas en el Tri. Si el Mundial fuera hoy, La Hormiga sería el segundo de Raúl Jiménez, por encima de Santi Giménez, y Germán Berterame ni entraría en la discusión.

Habrá, entre el analfabetismo pululante, la creencia de que América mejoró en el segundo tiempo y que metió en un puño a Chivas. Y habrá quien no sólo lo crea, sino que, en el enceguecimiento de su fanatismo, quiera defender al ex #ÓdiameMás. Fue, evidentemente, decisión de Milito. El 1-0 le permitió manipular mezquina, astuta y afortunadamente, el chantaje emocional del adversario.

Los más de 100 minutos de partido, se jugaron como, donde y bajo el yugo táctico de Gabriel Milito. ¿Corrió riesgos? Sin duda, pero, ocurre que el desgaste físico de los jugadores del Guadalajara expone al equipo a riesgos. Basta ver cómo abandonaron la cancha Ledezma y Campillo. Pero, es evidente también que hay una responsabilidad en la preparación física y en la disciplina del jugador. Nada de parrandas ni conciertos (Pulido), o extravagancias en redes sociales (Chicharito).

Se ha hablado aquí del poder de ser ducho en el manejo de la inteligencia emocional del jugador. Y lo demuestra en especial el entrenador argentino. Se ha visto con Milito, el Turco Mohamed, Nicolás Larcamón, y hasta con Martín Anselmi y Fernando Gago antes de sus respectivas traiciones.

Han revitalizado futbolistas. Les han devuelto la confianza en sí mismos. ¿Alguien habría retenido a Daniel Aguirre después del torneo anterior? ¿No hay un nuevo Marcel Ruiz? Ejemplos sobran. Y merecerá un capítulo aparte.

Valioso además el impacto de Milito. La dignificación del futbolista mexicano. Incluso los hoy pomadosos y pomposos #ChivaHermanos, deben hurgar en sus propias redes sociales. Se burlaron del plantel que tendrían este torneo, y se burlaron de los refuerzos. Hoy les ataca una conveniente y oportunista amnesia.

Hoy con sus veintitantos mexicanos, y los que, en un acto clasista y discriminatorio, llaman “pochos” a algunos, hoy, el Guadalajara reivindica la tan dañada imagen del futbolista de la raza y nativo, al grado que el Vasco Aguirre sigue empecinado en recurrir a naturalizados (Giménez, Berterame, Quiñones y Fidalgo).

Pero, insisto, se acabó el recreo para Chivas. Ya quedaron atrás los seis chiquitines, y llegará el momento de ponerse aún más serios ante Cruz Azul y Toluca… afortunadamente.