SOCHI -- Después de dos semanas en Rusia y mi aprendizaje del idioma se reduce a unas escasas diez palabras. Tal vez menos. Depende de la memoria en ese momento. Lo demás, puras señas, gestos, uso de aplicaciones y la ayuda de traductores que han acompañado al equipo de ESPN en su aventura en Copa Confederaciones.
Uno de los grandes problemas que vivirá Rusia el siguiente año es la comunicación entre la gente. Gran parte de los rusos hablan solamente ruso, algunos más intentan con el inglés, otros cuantos se aventuran al escaso español y los menos dominan más de un idioma. Razones suficientes como para realmente ‘sufrir’ un poco con el entendimiento entre las personas.
En los hoteles no hay muchas complicaciones. La mayor parte del personal habla inglés sin ningún problema, así que cualquier duda puede ser resuelta sin tantos sobresaltos.
Las diferencias comienzan cuando hay que pedir comida en un restaurante, tomar un autobús, pedir un taxi o incluso comprar souvenirs o una simple botella de agua. Después de dos semanas, la prueba ya quedó medianamente superada. ¿La solución? Las señas, gestos, el uso del celular. Siempre hay una manera.
Ha resultado por demás divertida la manera en la que los rusos se quieren dar a entender. Por alguna razón, a pesar de que saben que los turistas difícilmente les entienden, hablan más lento y repiten las cosas con la ligera esperanza de que sean comprendidos. Son por demás chistosos cuando lo intentan. Obviamente por más que lo prueben, no obtienen éxito.
Las conversaciones son así: ellos hablan en ruso, yo les respondo en inglés, tal vez español y hasta pruebo con mi cada vez menos fluido italiano. Nadie se entiende con nadie. Es ahí cuando pasamos a las señas. Una técnica meramente rupestre, pero bastante divertida y generalmente efectiva.
Si es un restaurante, lo mejor es revisar menús con imágenes. Nada como señalar lo que se desea comer y tomar. De todos modos hay que tener cuidado si no se quiere comer caballo, algo habitual para ellos. Ya me pasó una ocasión en la que un mesero me hizo un sonido de caballo para especificarme el tipo de carne que era. En verdad agradecí el gesto porque no tenía la más mínima intención de probarlo.
Con los taxis, se puede escribir la dirección en un papel o en el blog de notas del celular para que comprendan el lugar al que deseo arribar. Cuando llegamos al destino, obviamente me dicen la cantidad que hay que pagar y al no entender nada, la mejor solución es ponerles la calculadora del celular para indiquen el costo. Otro problema resuelto. Ese mismo mecanismo ocurre en las tiendas cuando hay que preguntar el costo de algo. La calculadora lo soluciona todo.
Muchos se preguntarán por qué no me facilito la vida y uso apps de traducciones por voz, cámara o al escribir algo. En verdad lo hago cuando la situación lo amerita y es apremiante. Antes me gusta experimentar cómo solía ser la comunicación humana cuando no existía ninguna de esas ayudas.
Fuera de todo tipo de experimentos, lo cierto es que la vida en Rusia de los enviados por ESPN ha sido mucho más fácil gracias a la ayuda de las traductoras que han sido parte del viaje. En Kazán, Aigul y Ksenia; en Sochi, Marina. Sin ellas, probablemente todo sería un poco más enredado y complicado. El ruso en verdad está en ruso.
