El karma "Nagelsmann"

Mandar por un tubo a Nagelsmann y traer a Thomas Tuchel claramente no ha sido la mejor decisión del FC Bayern München.

Dicen que al que obra mal, se le pudre el de chipilín. Tal parece que eso le está ocurriendo a la dirigencia del FC Bayern München luego de haber cimbrado al mundo futbolístico alemán y europeo con el intempestivo, fulminante e inexplicable (para muchos, incluyéndome) despido de Julian Nagelsmann de la dirección técnica del campeón récord de Alemania.

En una semana, el equipo bávaro ha sufrido un par de derrotas absolutamente inesperadas, quizá una más que otra, en la DFB Pokal y en la UEFA Champions League. La primera de ellas, le ha marginado por completo (por tercera vez consecutiva) de la competencia copera de la que es el máximo ganador luego de caer en el último suspiro del partido ante el SC Freiburg por 1-2 en el mismísimo Allianz Arena. Y luego, hace un par de días, el Manchester City pulverizó por completo su etiqueta de invicto en el torneo de clubes más importante del planeta al golearlos 3-0 en el Etihad Stadium.

Mandar por un tubo a Nagelsmann y traer a Thomas Tuchel claramente no ha sido la mejor decisión. Los números casi perfectos que obtuvo Julian en la Champions no fueron suficientes para contener la alebrestada decisión que en conjunto tomaron el director deportivo del equipo, Hasan Salihamidzic, y el director general, el histórico Oliver Kahn, después de la derrota en Liga contra el Bayer 04 Leverkusen. Y alebrestada fue porque, aunque el resultado adverso ante las “aspirinas” los quitaba momentáneamente de la punta de la tabla, no los marginaba ni mucho menos les impedía seguir luchando por el título que actualmente poseen y de manera consecutiva desde hace poco más de 10 años.

No es la primera vez que la dirigencia bávara toma una decisión, un tanto cuanto semejante, en plena competencia liguera. En la temporada 2019-2020 despidió a Niko Kovac luego de ser goleado 5-1 en la casa del Eintracht Frankfurt. En esos momentos, el equipo muniqués cayó a la cuarta posición de la clasificación y sí existía un riesgo latente de perder la Bundesliga. Al berlinés-croata no le valió en esos momentos llevar paso perfecto en la Champions y tuvo que ceder su puesto a su asistente, Hans Dieter Flick quien, meses más tarde, le daría al Bayern un histórico sextete.

En aquella ocasión, hubo tiempo suficiente para enderezar lo que estaba chueco en el conjunto de la Estrella del Sur y no se tomó la decisión de quitar al entrenador antes de afrontar partidos que pusieran en riesgo la Copa, la Champions o la misma Liga. En ese momento, se tuvo suficiente margen de maniobra para evitar un colapso. Pero hoy no es el caso. Si bien Tuchel debutó en pleno Der Klassiker con una victoria ante el BVB Borussia Dortmund, vino luego el partido de matar o morir de cuatros de final en la Pokal ante los buitres del Freiburg con un resultado totalmente inesperado y decepcionante. Cuatro días más tarde vino la revancha ante el mismo rival en la Liga y se ganó apenas por la mínima diferencia, manteniendo la cima del campeonato. Y finalmente este martes, con tan sólo 4 partidos en el banquillo, Tuchel está a punto de ver su segunda eliminación consecutiva, de mucho mayor impacto y consecuencias que la primera.

Independientemente de lo que suceda en el encuentro de vuelta ante los Ciudadanos, el Bayern puede pagar, ahora o más tarde, muy caro su exabrupto. Siendo un equipo en el que históricamente suelen tomarse decisiones extremadamente bien pensadas, parece que hoy se han equivocado gravemente. La forma y el momento de echar al técnico por el que habían pagado la inédita cantidad de 20 millones de euros para que rescindiera el contrato que le unía al RB Leipzig, no corresponden al prestigio de un club tan grande que deberá jugar casi a la perfección el próximo miércoles en la capital de Baviera para sacudirse un karma de nombre Julian y apellido Nagelsmann.