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Gervonta, Roach y la rodilla de la discordia en la velada en Brooklyn

Gervonta Davis le echó la culpa a un gel para sus trencitas, que le entró en un ojo.

Lamont Roach dijo que no pensó que lo que ocurrió en el noveno round iba a ser tan importante para el fallo.

El árbitro Steve Willis, que sepamos, no dijo nada.

Pero lo cierto del caso es que una pelea cambiante, enmarañada y llena de infracciones, pasó a un segundo plano luego de lo que ocurrió en el noveno round.

Ante 19.250 personas en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York, Gervonta Davis, campeón mundial ligero WBA, estaba teniendo dificultades ante Lamont Roach, campeón super pluma de la misma entidad.

Quedó dicho que fue una pelea complicada por las infracciones, muchas de ellas, como utilizar el hombro como tercer puño, causadas por “The Tank”, pero que será más recordada por lo que sucedió en el noveno round.

Gervonta, que ya había quedado muy mal parado ante una sólida derecha de Roach, en ese noveno tuvo una actitud insólita. Tras mirar al referí (tal vez anunciando que tenía una dificultad) se dio vuelta, hincó la rodilla derecha en el lona y luego se dirigió a su esquina, donde fue asistido. Le limpiaron el rostro con una toalla y la pelea siguió.

Que quede en claro que quizás Gervonta, como suele ocurrir con muchos boxeadores -especialmente cuando son o se siente estrellas-, no siempre conocen el reglamento. Quizás se sintió como si estuviera en el gimnasio y que pedir asistencia en medio de un round no estaba mal, pero ello no ninguna disculpa.

Y mucho menos para un árbitro como Steve Willis, famoso por sus expresiones faciales festejando o celebrando un golpe. Así como lo llaman “El referí viral”, otros lo mencionan como el mejor del mundo.

No solamente una rodilla en tierra es automáticamente una cuenta: ser asistido en la esquina sin intervención del árbitro (que puede detener las acciones por un problema en el calzado o la pérdida de un protector bucal, los temas más comunes) tampoco está permitido. Por ende, debe ser sancionado.

Abrimos un asterisco, como suele decirse. En enero de 2011 en Mendoza, Argentina, Lucas Matthysse estaba peleando con Demarcus “Chop Chop” Corley. El norteamericano, ante cualquier situación difícil, ponía rodilla en tierra. Reglamentario, puesto que era reglamentario y sobrevenía la cuenta. Solo que lo hizo ¡Nueve veces! Finalmente, en la tercera caída voluntaria en el noveno asalto, el referí Hernán Guajardo dio el nocaut técnico.

Con este empate, Gervonta queda con una marca de 30-0-1, 28 KO, mientras que Roach suma 25 victorias, con 10 KO, una derrota y dos empates.

El tema se complicó cuando se leyeron las tarjetas, porque Eric Marlinski votó 115-113 para Davis y los otros dos, Glenn Feldman y Steve Weisfeld, quedaron un con empate en 114: si hubiese mediado la cuenta, como era lo reglamentario, en ese noveno asalto, hubiera ganado Lamont Roach.

Aunque el hubiera no existe, en este caso casi nadie quedó conforme.

“A veces me aman, a veces me odian”, dijo con una sonrisa Gervonta, quien habló de una revancha en Nueva York con su amigo Lamont.

Las estrellas del boxeo no tienen reglamentos aparte, aunque llenen estadios como ocurrió el sábado. Y, más allá de las matemáticas y las discusiones, hay algo que siempre prevalece en el corazón del boxeador: puede hablar mucho luego de una pelea, pero él sabe muy bien si ganó o perdió en la gran mayoría de los casos.

Matemáticas aparte, Gervonta no fue el de siempre, el que los aficionados quieren ver, el que es capaz de noquear casi a voluntad, el que los jóvenes boxeadores admiran por sus piernas y velocidad.

Tal vez, y ojalá por él, que la niebla de la soberbia se disipe de sus ojos.

Eso le permitiría ver que solamente en el gimnasio, en el trabajo y el respeto por los rivales se forjan los verdaderos campeones. Los que no precisan ayuda ni tienen una disculpa al alcance de la mano