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Wawrinka, el hombre que entendió a Beckett

Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.
Siempre trataste. Siempre fallaste. No importa. Intenta de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor.

La frase apareció por primera vez en “Rumbo a peor”, un texto que Samuel Beckett escribió en 1983. Treinta años después, Stanislas Wawrinka se la tatuó en su brazo izquierdo.

La frase de Beckett se convirtió en un mantra de los emprendedores. “El único fracaso es no intentarlo” sería la esencia del mensaje que adoptaron Elon Musk, Richard Branson, entre otros. Pero no pareciera ser esa la intención de Beckett, conocido principalmente por “Esperando a Godot”, una obra de teatro que teoriza sobre el absurdo de la vida humana.

“Este vitalismo y optimismo que se le quiere dar no tiene nada que ver con Beckett”, aseguró María Jesús López, profesora de Filología Inglesa, a El País en 2016. El texto de Beckett, “Rumbo a peor”, es literal en su título: “Parte de la inevitabilidad del fracaso. Hay resistencia dentro de ese vacío, de ese pesimismo existencial”.

En 2013, Wawrinka tenía 28 años, había sido el abanderado de Suiza en los JJOO de Londres 2012, demostraba talento, había pisado el Top 10 pero sus vitrinas estaban flacas: tres títulos de ATP y la medalla de Oro en los JJOO de Pekín, en dobles junto a Roger Federer.

Además de tatuarse esas seis hipnóticas oraciones, buscó como entrenador a Magnus Norman, quien había llevado a Soderling a sus dos finales de Roland Garros.

“Mi mujer quería tener hijos, así que debía quedarme en casa. El agente (de Wawrinka) me llamó y trató de convencerme para trabajar un par de semanas con él. Tras decirle que no varias veces, al final cedí. Estuve una semana de pretemporada en Suiza con él y me gustó mucho trabajar con él. Stan tiene una personalidad muy diferente a la de Robin y encajamos desde el minuto uno. La siguiente semana ganó Portugal y la segunda llegó a su primera final de Masters en Madrid. Se notaba que confiaba en mis consejos, se podría decir que fue un inicio positivo y que tuve un poco de suerte. Cuando Stan tiene confianza en sí mismo, ha tenido buena preparación y viene rodado, es una amenaza para todos.”, le contó Norman a Tennis With An Accent en 2020.

Como si Wawrinka fuera un emprendedor que acertó después de tantos intentos, ganó su primer Grand Slam en Australia 2014, tras vencer en el mismo torneo a Djokovic, ante el que llevaba 14 derrotas seguidas y a Nadal en la final. El suizo nunca le había ganado un set al manacorí en 12 partidos. El 26 de enero de 2014 Wawrinka rompía el estigma de ser el suizo que perdía finales. Se convirtió en el N°3 del mundo: "Tengo el tatuaje de Beckett en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Así es como veo mi vida en particular y también mi vida tenística", declaró.

¿Qué le faltaba a ese suizo de revés estético y talento para dar el salto? “Siempre noté que era demasiado bueno en la cancha. Le faltaba el instinto asesino”, dijo Norman al sitio suizo 24 Horas en la previa a Roland Garros 2014.

En 2014, Wawrinka decidió dejar caer por completo su vieja piel y le pidió a la ATP que cambien el nombre con el que lo inscribían en los torneos: no más Stanislas, desde ese momento sería Stan. The Man.

Ganó la Copa Davis junto a Roger Federer, quien señaló a Wawrinka como el mejor jugador de la final.

En 2015, surgió el rumo que Thanasi Kokkinakis salía con la novia de Wawrinka. Kyrgios cargó a Wawrinka. Stan no contestó. Con su índice se señaló la sien. Stan ganó Roland Garros.

En 2016, jugó la final del US Open con Djokovic. Con su índice se señaló la sien. Stan ganó su tercer título del Grand Slam.

En 2017, Wawrinka se sometió a una doble operación de rodilla izquierda: artroscopia primero, reconstrucción del cartílago después. Un tatuaje poco vistoso le quedó en la rodilla. También se separó de Norman. En 2018 volvió con Norman pero no volvieron los resultados y se fue al 263° del ránking. “Es lo mismo en la vida y en el tenis: siempre vas a tener algún problema o dolor y tenés que vivir como dice esta frase”, le había dicho Stan a The Guardian, en sus mieles de 2014.

No volvió a ganar títulos pero empujó su piedra, subió la montaña como Sísifo. Llegó a los cuartos de final del Abierto de Australia de 2020 y escaló al puesto 13° del ránking.

Andre Agassi, un gurú de la neurosis, dijo en su libro que el tenis “es ese deporte en el que hablas contigo mismo. El tenis es lo más parecido a una reclusión en régimen de aislamiento que, inevitablemente, propicia la conversación con uno mismo”. En esa conversación constante, Wawrinka se construyó un aliado: cada vez que saca, cada vez que agarra la pelota mira a su brazo izquierdo. Inspiración positiva para el mundo de los negocios, Wawrinka lee Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better. Entonces piensa: “Perdés casi todos los torneos que jugás. Necesitás aceptarlo y ser positivo porque vas a perder y a fallar”.