Hay clubes de rugby que tienen que viajar cientos de kilómetros para jugar un partido. Chakana Rugby tiene un desafío bastante más particular: vive y entrena en Abra Pampa, en plena Puna jujeña, y tiene su cancha a unos 3650 metros sobre el nivel del mar.
La distancia, la altura y las condiciones de la región hacen que sostener un club sea una tarea muy diferente a la de cualquier otra plaza en Argentina. En Chakana, sin embargo, el rugby encontró su lugar.
Hoy son alrededor de 15 los chicos que participan de infantiles y el club está comenzando a convocar nuevamente a juveniles y mayores, algunos de ellos por hobby. El número llegó a ser mucho mayor. Hace tres años, Chakana tuvo su pico, con 86 niños distribuidos en todas las categorías.
Los primeros pasos del rugby en Abra Pampa estuvieron marcados por Lucas Sotto y Bernardo Contino, quienes fueron los encargados de iniciar la actividad. Desde entonces, el club fue creciendo hasta convertirse en un espacio que va mucho más allá de una cancha.
Porque en un lugar como Abra Pampa, donde todo queda lejos y las posibilidades deportivas no son las mismas que en las grandes ciudades, sostener una actividad durante años ya representa un desafío importante.
Rugby en la altura y una cancha diferente a todas
Jugar rugby a más de 3600 metros sobre el nivel del mar no es un detalle menor. Para quienes llegan desde otros lugares, la diferencia se siente rápidamente.
"Otros chicos que llegan dicen que la pelota vuela", cuenta Sócrates Nieves, el Presidente de Chakana. La altura modifica las condiciones del juego y también representa una particularidad que convierte a la cancha del club en una de las más altas del país y del mundo.
El dato, además, adquiere otra dimensión cuando se piensa en los viajes. Para Chakana, competir regularmente fuera de Abra Pampa implica recorrer grandes distancias y asumir una logística mucho más compleja que la de clubes ubicados en las principales ciudades.
Por eso, en los últimos tiempos la participación se concentró principalmente en encuentros. El objetivo es sostener la actividad y generar espacios de competencia sin que las dificultades de traslado terminen alejando a los chicos del rugby.
Aun así, el club consiguió formar jugadores que después continuaron sus estudios en otras provincias. Algunos se fueron a Córdoba, Salta, La Rioja, Buenos Aires y otras ciudades de Jujuy.
Cuando Chakana tuvo su mayor cantidad de jugadores, además, varios de ellos fueron convocados a seleccionados juveniles jujeños en las categorías M16 y M17. También hubo un equipo femenino que llegó a participar en el seleccionado de Jujuy. Esos antecedentes muestran que el desarrollo puede aparecer incluso en un lugar donde las condiciones no parecen las más sencillas para que el rugby crezca.
Mucho más que rugby para los chicos de Abra Pampa
Chakana también tiene una función que va más allá de formar jugadores. El club funciona como un espacio de encuentro y contención para los chicos de la localidad. "Tenemos la satisfacción de que los que pasaron por Chakana Rugby son muy buenas personas, con sueños y metas por cumplir", cuenta Sócrates.
Esa mirada explica buena parte de la importancia que tiene mantener la actividad. No se trata solamente de cuántos chicos juegan, cuántos partidos disputan o qué resultados consiguen. En una localidad de la Puna, el club también representa un lugar donde compartir, hacer amigos, aprender valores y encontrar una actividad que los acompañe durante su crecimiento.
Por eso la visita de Los Pumas a Jujuy tiene un significado especial. Los chicos de Chakana estarán presentes en el partido y ya viven la previa con mucha expectativa. Sueñan con poder acercarse a los jugadores, sacarse una foto y llevarse un recuerdo que les permita seguir alimentando la ilusión.
"Si todavía nuestro club se mantiene a pesar de todo, sabemos que tenemos una cancha y practicamos a 3600 metros sobre el nivel del mar", dicen. Y aparece entonces un deseo que resume el espíritu del club: que algún día alguno de esos chicos pueda formar parte del seleccionado argentino.
Puede parecer una meta lejana. Para un club que juega en el corazón de la Puna, acostumbrado a tener todo mucho más lejos que el resto, la distancia nunca fue una razón suficiente para dejar de intentarlo.
Chakana nació lejos de los grandes centros del rugby argentino y creció en condiciones particulares. A 3650 metros de altura, con viajes largos, menos jugadores y una competencia mucho más limitada. Pero sigue ahí. Y mientras haya chicos corriendo detrás de una pelota en Abra Pampa, el rugby seguirá teniendo un lugar en uno de los rincones más extremos de la Argentina.
