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Juegos olímpicos, ¿bonanza o carga pesada para Japón?

TOKIO - Japón se está preparando con mucho esmero para los Juegos Olímpicos de Tokio del 2020, invirtiendo en todo, desde estadios hasta automóviles eléctricos, confiado en que habrá una bonanza económica derivada de un boom en la construcción y de la llegada de una enorme cantidad de visitantes.

A simple vista, la sede de los juegos es un gran triunfo para un país cuya economía parecía sumergida en problemas muy difíciles de resolver. El Banco de Japón calcula que los beneficios económicos serán del orden de los 250.000 millones de dólares, una cifra muy superior al estimado de costos más pesimista.

Pero hay quienes creen que la justa es otra manifestación de lo que no funciona en Japón desde hace décadas. En lugar de modernizar su economía y tomar medidas para combatir los problemas asociados con el envejecimiento de la población y la reducción de la fuerza laboral, el gobierno ha apostado nuevamente a la vieja fórmula de endeudarse y cruzar los dedos.

La preocupación acerca de lo que sucederá en Japón después de los juegos es un tema cotidiano, para el que ya se tiene un nombre: el problema del 2020.

Japón "tratará de abarcar demasiado", sostuvo William Saito, experto en tecnología y negocios. "Esta puede ser la gota que colme el vaso".

Saito se suma a una cantidad de personas que pintan un panorama desalentador. Un reciente libro se tituló "¡Los precios de la tierra pierden un tercio de su valor! Esto sucede después de los Juegos Olímpicos de Tokio del 2020".

Los agoreros dicen que la preparación para los juegos ya tropezó con obstáculos. El diseño del estadio principal tuvo que ser modificado para reducir costos después del malestar que causó el presupuesto original. El emblema de la justa también está siendo rediseñado en medio de denuncias de plagio.

El comité organizador, por otro lado, no ha dado un estimado oficial de los costos, diciendo que es muy temprano para saber en cuánto saldrán. Ha admitido que será mucho más que los 3.000 millones de dólares mencionados en la propuesta inicial.

Se manejan todo tipo de pronósticos para lo que sucederá después de los juegos, desde un derrumbe de los precios de las propiedades hasta una crisis financiera derivada del endeudamiento público, que es el más alto del mundo industrializado, el 234% del producto nacional bruto.

Japón corre peligro de perder el control de la situación, según el profesor de economía de la Universidad de Hosei Kazumasa Oguro.

Oguro dice que ahora que las tasas de interés están bajas, Japón puede cumplir sus obligaciones, pero que si suben significativamente, la carga será insostenible para las finanzas del estado.

"Un día esto se irá al diablo", expresó.

Los pronósticos catastróficos no son nada nuevo en Japón. Se vienen sucediendo desde que estalló una burbuja económica en la década de 1980, dando paso a una era de crecimiento anémico.

A pesar de todo, Japón sigue siendo la tercera economía más grande del mundo. Muchas de sus compañías son innovadoras y dominan sus mercados a nivel mundial. La cultura japonesa ejerce una gran influencia en áreas que van desde la comida al cine y la capacidad de mejorar las creaciones de Occidente.

El consenso es que, tarde o temprano, Japón va a tener que subir los impuestos y reducir gastos.

La resistencia de los japoneses a promover la inmigración implica que están más o menos resignados a hacer frente al tema del envejecimiento de la población por sí solos.

Las penurias de Japón, por otro lado, pueden ser un adelanto de lo que le espera a otros países de Europa, a China y a Corea del Sur, cuyas poblaciones también están envejeciendo.