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Un loco suelto en Rosario

BUENOS AIRES -- ¡No puede ser, pero es! ¡Es, es, pero es imposible a su vez! ¿Se entiende, queridos lectores? Quiero decir algo y no sé qué, y me salen palabras sueltas, frases incomprensibles. No es para menos, muchachos queridos. ¡No es para menos!

Rosario es una de las ciudades más hermosas del Río de La Plata y además es la inspiradora número uno de grandes hazañas futboleras narradas de manera impecable por tipos como Fontanarrosa, Elvio Gandolfo, Martín Prieto y otros monstruos de nuestra literatura.

¡Rosario Central querido, grande nomás! Vuelve a Primera y de la mejor manera, suma a sus filas a jugadores de aquellos. El Chino Luna es uno. Pero el otro es, nada más ni nada menos, ¡El Loco Abreu!

Sí, queridos lectores, todavía sigo pensando en cómo picó ese penal, o mejor dicho esa pelota de aquel penal decisivo ante Ghana. ¡Qué calidad la del Loco! Un jugador excepcional que jugó en casi todos los equipos del mundo, que lució las grandes camisetas del mundo e hizo de la celeste su marca personal!

Loco, adorado, querido, campeón, espontáneo, genio, maestro, gran tipo sobre todas las cosas. El Loco vuelve al fútbol argentino y es para festejar. Ya veo que a Central irán a verlo hinchas de todas partes, de todos los clubes del mundo.

Mis amigos uruguayos del otro lado del Charco, me dicen, "Cucu, escribite algo sobre el Loco Abreu". Y en alguna oportunidad en mi carrera dactilógrafa, habré escrito unas palabras de alegría, de admiración total hacia el talento de este gigante Del Plata.

Y de a poco, el equipo del Russo se forma como un compendio de competividades que no deberían asombrar a nadie si este año tocan el estrellato del campeonato. El Loco es un ganador y viene a ganar, a ser campeón directamente.

La emoción para el hincha argentino es total. Volver a tener en nuestro fútbol a semejante monstruo mundial está buenísimo. Antes jugó y la rompió en River y en San Lorenzo. Hasta el día de hoy los hinchas lo recuerdan con afecto, porque una gran virtud del Loco es hacerse querer.

Ahí donde apoya sus pies, ya lo están queriendo, ya lo están mimando e, inmediatamente ya lo están extrañando porque muchas veces sale rápido de los clubes. Su afán, su espíritu aventurero lo empuja constantemente a nuevas aventuras.

El Loco es un jugador de los de antes. Esos tipos que se paran frente a las difíciles que ningún desafío los achica y siempre salen airosos. También el Loco tiene algo positivo: no sabe decir que no.

Hoy tenemos a este aventurero, a este Titán incansable del fútbol otra vez en nuestro país. Lo tenemos pisando las canchas argentinas una vez más y eso es sinónimo de felicidad, de alegría total.

Tendremos que ir reservando entradas, asientos, televisores y uñas para cuando juegue Central; para cuando el Loco salga a la cancha y nos emocione a todos con sus locuras, sus actitudes inéditas, su frescura a pesar de los años. El Loco le cambia la cara al fútbol.