Hay nombres que en Don Torcuato no necesitan presentación, apellidos que vienen grabados en las paredes del club y que se transmiten como un flagor distinto. Las Fernández Miranda son eso: tres hermanas (Santina, Bernardita y Florentina) y una prima (Juana) que comparten la misma sangre, la misma pasión y el mismo orgullo por los colores de Hindú.
Tras una charla larga y tendida, sentados en el suelo, con el perfume del nuevo sintético de agua flotando en el aire, la pelotita dejó de rodar por un rato. No hicieron falta grandes frases elocuentes ni discursos ensayados; hablaron de lo deportivo, de lo sentimental y de lo puramente humano. Cada una a su tiempo, respetando sus espacios y sus silencios, para dejar en claro que, cuando la familia y el club se funden en un mismo abrazo, las palabras más simples son las que pegan más fuerte.
El peso de la planilla y los sueños de Séptima
Ver el apellido Fernández Miranda repetido cuatro veces en una planilla de Primera puede ser un impacto para cualquier rival o un dato curioso para los de afuera. Para ellas, sin embargo, es la normalidad absoluta. Es la decantación natural de una infancia entera corriendo detrás de la bocha en los pasillos de Don Torcuato. El recambio generacional se dio y hoy conviven el liderazgo consolidado y el empuje de las más chicas, como Santina, que reparte sus días entre capitanear la Quinta y poner el cuerpo en el plantel superior.
Bernardita desarmó esa convivencia familiar con la naturalidad de quien comparte el living de su casa en pleno partido: "Creo que lo tenemos muy normalizado ya. Que el club es nuestra familia, nuestra casa, pero es literal. Si bien es parte de nuestro día a día, lo disfrutamos mucho, nos disfrutamos mutuamente. Somos conscientes de que estoy jugando con mi hermana, con mi prima, que tenemos más hermanas y más primas abajo que se pueden llegar a sumar, y creo que eso nos hace disfrutar el triple. Nos da la comodidad de venir acá, ser nuestra mejor versión y saber que nos estamos bancando entre todas".
Esa complicidad nació mucho antes de vestir la camiseta de la Primera. Se construyó los sábados a la tarde, tirando al arco cuando todavía eran de Séptima, planificando un futuro que hoy se convirtió en presente: "Para los otros clubes debe ser raro leer cuatro con el mismo apellido, pero para nosotras es lo que hicimos siempre. En Séptima veníamos los domingos a tirar al arco y decíamos: 'Hagamos la jugada de cuando estemos en la Primera... Imagínense cuando metamos un gol y la toquemos las cuatro, una locura'. Siempre esperamos esto. Y ahora pensamos: 'Imagínense si llegamos a ser las siete'. El otro día estaba la chance de que una prima se quedara en el banco y ya nos volvíamos locas. Por más de que no juegue, verlas ahí te empuja para adelante."
Esa misma confianza extrema hace que la intensidad del partido se viva sin filtros. Se conocen tanto que saben exactamente cómo hablarse, hasta dónde presionar y cuándo bajar las revoluciones. "Nos conocemos tanto que el partido pasado Juani y yo empezamos a gritarle a Santina, y ella nos mandó a la mierd*. Nos miramos las dos, respiramos y seguimos, porque el partido no había terminado. Sabemos diferenciar y lo hablamos fuera de la cancha. No hay peleas por el hockey, somos tan parecidas que vivimos todo igual", afirmó Berni.
Santina, la más chica, complementa ese ida y vuelta desde su doble rol semanal: "En Quinta me toca mirarlo últimamente desde afuera, ayudando, aportando y tirando siempre para adelante con las chicas, acompañándolas. Después, en Primera, me siento muy apoyada por todas. Jugar con ellas es lo más lindo que hay, estoy muy contenta y feliz de poder estar aportando acá."
El club como forma de vida y el desarraigo
Cuando el sentido de pertenencia es tan espeso, el club deja de ser un lugar al que se va a entrenar dos o tres veces por semana y se convierte en un refugio. Florentina, buscando las palabras exactas, define a Hindú como ese espacio termostático donde las emociones se ordenan: el lugar donde querés estar tanto en las buenas como en las malas.
Floren abrió el corazón para explicar cómo la cultura de Don Torcuato moldea la identidad:
"Es nuestra vida, nuestra forma de vida. Hoy en día lo elegimos. Toda la cultura y los valores que vivimos desde tan chicas te hacen sacar tu mejor versión, tu voz más auténtica, porque estás cómoda, estás en familia. Conocés a todos: vas un domingo y saludás a todas las mesas, venís un sábado y todos te alientan hasta que llegás a la cancha. Aparte de tenernos a nosotras que somos familia, el club se siente como una familia en sí. Es todo disfrute".
Ese cordón umbilical es tan fuerte que se nota cuando toca cruzar la frontera. Juana, la diez y actual capitana del equipo, vivió la experiencia de jugar en Alemania, un contraste que le sirvió para medir la intensidad inigualable de lo que se genera en su casa.
'Juanfer' recordó lo que pesa la distancia cuando lo que se extraña es el club: "Cuando me fui a Alemania, mi mamá me decía: '¡Pero vos estás todos los días de tu vida ahí, conocé algo distinto!'. A mí personalmente me cuesta bastante estar lejos, acá es donde mejor la paso. Si vamos a otros clubes de otros lugares, creo que todos lo viven parecido, pero no sé si tan intenso como nosotras".
El ADN de agua: rompernos el lomo y valorar el proceso
El disfrute en Hindú no está asociado a la comodidad, sino al esfuerzo compartido. Hay una cultura del trabajo que viene desde las divisiones menores ("rompernos el cul*", dicen sin vueltas) y que ahora encontró un incentivo enorme con la inauguración de la cancha de agua. Lejos de sufrir el rigor físico, la nueva superficie transformó la exigencia en motivación diaria.
Floren resume esa filosofía del esfuerzo que intentan contagiar a las categorías que vienen de abajo: "Nos encanta entrenar, nos encanta dar el máximo. Sabemos que no hay otro camino y tratamos de contagiar eso. Desde Sexta que entrenamos todos los días y tratamos de hacer las cosas prolijas afuera para que nos ayude en la cancha. No es un esfuerzo, lo disfrutamos realmente. Desde que empezamos a entrenar en la cancha de agua creo que no hubo más un día que digamos 'uh, qué fiaca el físico'. Todo lo que hacemos para con el club lo hacemos por amor, por eso nos pedimos no cargarnos de responsabilidades o estresarnos por cosas que no nos corresponden."
"Lo que estamos trabajando es tener una base y un plan de juego que caracterice a Hindú, que capaz nunca hubo uno fijo y hoy lo estamos encontrando".
Ese compromiso colectivo está enfocado en construir algo a largo plazo: un ADN de juego claro, vertical y apasionado que trascienda los nombres de los entrenadores de turno y que sirva de espejo para las nenas que hoy tienen tres o cuatro años y ya corretean por el club. "Estamos formando un tremendo equipo con desafíos claros: entrenar, dar lo máximo, vivir el club y estar juntas. El objetivo de fondo es ascender, claro, pero primero sabemos que tenemos que formar el equipo. Al ser tantas chicas jóvenes, hay muchas cosas que te las da la experiencia en Primera: saber manejar el partido si vas ganando o ir a buscarlo si vas perdiendo. Nos falta pulir esos detalles de experiencia, soltarnos más y no pensar tanto en si me equivoco".
Y siguió su hermana: "las más chicas de Quinta están copiando muchos entrenamientos nuestros; estamos empezando a poner una línea en el hockey del club. Viene una jugadora de Quinta y ya sabe lo que es un bloqueo como lo hacemos nosotras. Eso es marcar el camino. Sabemos que los entrenadores como vienen se van, pero nosotras tenemos que estar firmes y juntas para saber cuál es nuestro ADN: ir para adelante y jugar con una pasión que no se ve en otros lugares”, mencionó Berni.
La madurez del plantel se mide en cómo digieren la frustración en un momento donde los resultados deportivos se muestran esquivos. La respuesta de las Fernández Miranda es una declaración de principios: mirarse a la cara, seguir metiéndole y terminar el partido abrazadas. "¿Cómo se hace con la frustración? Posta es mirarnos a la cara y decir: 'Hay que seguir'. Estamos toda la semana metiéndole igual que antes, ya se nos van a dar los resultados. Queremos ver el camino a largo plazo y sacar lo bueno y lo malo de cada partido para entrenarlo. Antes quizás nos enojábamos más por no ganar o no estar arriba en la tabla, pero hoy ya entendimos que estamos en un proceso y le damos valor a eso. Nos enfocamos en que, ganemos, perdamos o empatemos, tenemos que estar juntas. Últimamente los resultados no se daban, pero terminábamos el partido todas abrazadas, bancándonos y sabiendo que el próximo tiene que ser igual o mejor", finiquitaron.
