Esperanza, resistencia, decepción, éxtasis, gloria... un recorrido por la exagerada vida de Messi en la Selección Argentina

Primero fue la esperanza. Un chico rosarino que había cruzado el océano y que, con apenas 18 años, apareció en la Selección Argentina rodeado de una expectativa gigantesca. Después llegó la exigencia, las comparaciones, las derrotas y una pregunta que durante demasiado tiempo persiguió cada uno de sus partidos: ¿podría Lionel Messi conseguir con Argentina todo aquello que ya había conquistado en Europa?

Después aparecieron las finales perdidas. Una, dos, tres, cuatro. El Mundial de Brasil, las Copas América de 2007, 2015 y 2016. El penal que se fue por arriba contra Chile. La renuncia. El regreso. La espera. Y, finalmente, el cambio de época que comenzó en el Maracaná y terminó en Lusail, donde Messi levantó la Copa del Mundo que había perseguido durante toda su carrera.

Ahora se terminó. A los 39 años, después de su sexta Copa del Mundo y de haber disputado otra final mundialista, Messi anunció que no continuará en la Selección Argentina. “Fue una decisión que dolió y duele en el alma pero entiendo que es el momento”, escribió en una carta publicada el 31 de agosto. También dejó una frase que resume mejor que ninguna otra lo que fueron sus últimos años con la camiseta argentina: “Me vacié, ya no tengo más para dar”.

Se marcha con 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias. Se marcha como el futbolista que más veces jugó y más goles marcó con Argentina. Se marcha con una Copa del Mundo, dos Copas América y una Finalissima. Se marcha después de haber vivido prácticamente todos los estados emocionales posibles con la camiseta albiceleste.

La esperanza: Messi, el chico que llegó con una historia enorme por delante

Messi apareció en la Selección Mayor en 2005, cuando todavía era un adolescente. Ya había sido campeón mundial Sub-20 y había deslumbrado en aquel torneo de Países Bajos, pero el salto a la Mayor significaba entrar en un universo completamente diferente. Allí lo esperaba una camiseta que pesaba, una generación de enormes futbolistas y una comparación que parecía inevitable.

Diego Maradona había dejado una vara gigantesca. Argentina llevaba años buscando otro futbolista capaz de cargar con ese peso y Messi tenía algo que alimentaba todavía más las expectativas: una zurda extraordinaria, una capacidad de desequilibrio pocas veces vista y una precocidad que lo convirtió rápidamente en una de las grandes figuras del fútbol mundial.

El debut tuvo un desenlace insólito. Entró ante Hungría y fue expulsado pocos segundos después. Aquella noche quedó como una anécdota dentro de una historia que recién comenzaba. Messi disputó el Mundial de Alemania 2006 y, con 18 años, se convirtió en el argentino más joven en jugar una Copa del Mundo.

La primera gran final llegó en la Copa América 2007. Argentina cayó ante Brasil y Messi todavía tenía 20 años. Después consiguió el oro olímpico en Beijing 2008, aunque aquella medalla pertenecía a una Selección Sub-23. La gran deuda seguía estando en la Mayor.

En esos primeros años también empezó a crecer una discusión que terminaría condicionando su relación con la camiseta. Messi vivía en Barcelona, se formaba futbolísticamente en España y tenía una personalidad mucho más silenciosa que la de Maradona. Cada gesto era analizado. Cada partido era comparado. Cada eliminación aumentaba la presión.

La expectativa inicial comenzaba a transformarse en una carga.

La resistencia: cuatro finales que parecían cerrar la historia

Brasil 2014 representó el primer gran golpe. Messi llevó a Argentina hasta la final del Mundial en el Maracaná, pero Alemania terminó imponiéndose en el tiempo suplementario. El capitán recibió el Balón de Oro del torneo, aunque aquella distinción tenía poco valor para un equipo que había quedado a un paso de la gloria.

Un año después apareció Chile. La final de la Copa América 2015 terminó 0-0 y Argentina perdió por penales. Messi convirtió su remate, pero volvió a quedarse sin el título. Doce meses más tarde, en la Copa América Centenario, la historia se repitió: otra final contra Chile y otra derrota por penales.

Esta vez Messi falló su remate. El golpe fue enorme.

“Se terminó para mí la Selección. No es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba y no se dio”, dijo aquella noche. También explicó el peso de las derrotas: “Me duele más que a ninguno no ser campeón con Argentina”.

Tenía 29 años y estaba en el mejor momento de su carrera en Europa. Sin embargo, con Argentina había perdido cuatro finales importantes. La renuncia pareció definitiva.

Durante aquellas semanas se multiplicaron los pedidos para que regresara. Sus compañeros hablaron con él. También lo hicieron dirigentes, entrenadores y millones de argentinos. Messi terminó cambiando de decisión.

Volvió.

Aquel regreso fue mucho más importante de lo que parecía en ese momento. Messi todavía tendría que atravesar Rusia 2018, una eliminación contra Francia en octavos de final y la Copa América 2019, donde Argentina terminó tercera. Todavía faltaba el capítulo que cambiaría definitivamente su historia con la Selección.

El éxtasis: Messi, del Maracaná a Lusail

La llegada de Lionel Scaloni modificó el escenario. Argentina encontró un grupo joven, competitivo y dispuesto a acompañar a Messi desde otro lugar. La Selección comenzó a construir una identidad y, poco a poco, la relación del capitán con la camiseta también empezó a transformarse.

El primer gran paso llegó en 2021. Argentina enfrentó a Brasil en el Maracaná por la final de la Copa América. Di María marcó el único gol y Messi consiguió el primer título con la Selección Mayor. Después de tantos años de frustraciones, el capitán finalmente levantó un trofeo.

“Necesitaba sacarme la espina de conseguir algo con la Selección”, reconoció Messi después de aquella consagración. La frase resumía una década de frustraciones.

La Copa América abrió una puerta que parecía cerrada. Argentina ganó la Finalissima contra Italia en Wembley y llegó a Qatar 2022 con una racha de 36 partidos invicta.

El Mundial empezó con una derrota contra Arabia Saudita. El golpe fue enorme, pero Messi y sus compañeros reaccionaron. México, Polonia, Australia, Países Bajos y Croacia quedaron atrás.

Después llegó Francia. La final de Lusail fue el partido que concentró toda su historia. Messi marcó dos goles, convirtió su penal en la tanda decisiva y Argentina se consagró campeona del mundo. A los 35 años, el capitán consiguió aquello que había perseguido desde su primera Copa del Mundo.

Horas después escribió una frase que todavía resume aquel momento: “Tantas veces lo soñé, tanto lo deseaba que aún no caigo, no me lo puedo creer”.

También habló de sus compañeros: “El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades”.

La historia que durante años había sido presentada como una deuda terminó convertida en una de las mayores epopeyas del fútbol argentino.

La gloria: cuando Messi siguió después de haber ganado todo

Después de Qatar podría haber cerrado su ciclo. Tenía 35 años, era campeón mundial y había conseguido la Copa América. Pero decidió continuar.

En 2024 volvió a ganar la Copa América. Argentina derrotó a Colombia en Miami y retuvo el título continental. Messi ya sabía que la etapa final estaba cerca y comenzó a hablar con mayor naturalidad sobre el paso del tiempo.

“Es hasta cuando tenga que ser, hasta que yo sienta que no da para más”, había explicado. También habló de sus compañeros más jóvenes y pidió que mantuvieran la ambición: “Ojalá no pierdan las ganas de querer seguir ganando y compitiendo”.

La Selección había dejado de depender exclusivamente de Messi. Esa fue otra de las grandes transformaciones de su última etapa. Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Lautaro Martínez, Cristian Romero, Lisandro Martínez y muchos otros asumieron responsabilidades mientras el capitán seguía marcando el camino.

Messi podía disfrutar de una posición diferente. Ya no necesitaba demostrar que podía ganar. Ya lo había hecho.

Pero todavía quedaba un último Mundial.

El último capítulo: otra final y una despedida definitiva

Messi llegó al Mundial 2026 con 39 años y con una certeza cada vez mayor: sería su última Copa del Mundo. Disputó su sexto Mundial, amplió su récord de participaciones y volvió a llevar a Argentina hasta la final.

Antes del partido decisivo contra España publicó un mensaje que hoy parece una despedida anticipada: “Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino”. Esa frase cambió la perspectiva de su carrera. El Messi de 2016 había medido su historia en función de los trofeos que todavía no tenía. El Messi de 2026 podía mirar hacia atrás y valorar cada etapa: los compañeros, los viajes, las derrotas, las concentraciones, los festejos y los años compartidos con la camiseta argentina.

España ganó aquella final por 1-0 en tiempo suplementario. Argentina quedó a un paso de otra copa y Messi cerró su participación mundialista con una nueva medalla de plata.

La decisión, sin embargo, ya estaba tomada.

Messi contó que escribió su carta de despedida el 21 de julio, apenas dos días después de la final. Después murió su padre, Jorge, el 8 de agosto, y aquel acontecimiento terminó de reafirmar su decisión. “Hoy después de lo de mi papá, estoy más convencido que antes”, escribió.

El 31 de agosto llegó el anuncio.

“Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección”, escribió Messi. Después explicó: “Siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo, antes también. Siempre peleé y me dejé todo por esta camiseta”.

Y apareció la frase que terminó de cerrar el círculo: “Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”.

La despedida también tuvo espacio para el agradecimiento. Messi escribió: “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección”. Y dejó claro que continuará alentando desde afuera.

Se va con 207 partidos y 125 goles. Se va como máximo goleador y como el jugador con más presencias de la historia argentina. Participó directamente en 193 goles de la Selección si se toman sus 68 asistencias como referencia.

Se va después de seis Mundiales, tres finales mundialistas, dos Copas América, una Finalissima y una Copa del Mundo.

Se va después de haber perdido cinco finales y de haber ganado después las cuatro grandes conquistas de su etapa con la Selección Mayor. Y ahí aparece la verdadera dimensión de su recorrido. En 2016, Messi pensó que la historia había terminado porque no podía conseguir el título que quería. En 2022 levantó la Copa del Mundo. En 2024 volvió a ser campeón continental. En 2026 alcanzó otra final mundialista.

Durante 21 años, Argentina atravesó con él todos los estados posibles. La esperanza del chico que llegaba para suceder a Maradona, la resistencia del capitán que soportó cuatro finales perdidas, la decepción de aquel penal contra Chile, el dolor de una renuncia, el regreso, el éxtasis del Maracaná, la gloria de Lusail, la serenidad de quien pudo seguir jugando después de haber conseguido aquello que parecía imposible y ahora, el vacío.

“Gracias Dios por hacerme argentino”, escribió Messi en su despedida.

Quizás esa sea la frase que mejor cierre una historia tan exagerada como la suya. Porque durante años Argentina le pidió una copa, después le pidió otra, luego le pidió que siguiera, que ganara, que volviera a ganar. Messi respondió con fútbol, con perseverancia y con una colección de títulos que terminó superando todas aquellas expectativas iniciales.

Ahora será uno más del otro lado de la línea: un hincha. El hombre que alguna vez fue un chico al que le preguntaron si podía convertirse en Maradona y que terminó construyendo una historia propia.

La Selección tendrá que aprender a jugar sin él. Argentina tendrá que aprender a mirar la camiseta número 10 sin esperar que aparezca Messi.

Y Messi, por primera vez desde aquel debut en 2005, podrá mirar a la Selección desde afuera. La historia terminó. Y después de todo lo que pasó entre aquella expulsión contra Hungría y esta despedida, queda una certeza difícil de discutir: Lionel Messi vivió con Argentina una de las historias más intensas, dolorosas y gloriosas que haya protagonizado un futbolista con su país.