Portugal superó a Croacia por 2-1 para avanzar a los octavos de final del Mundial 2026. Cristiano Ronaldo de penal y Gonçalo Ramos anotaron para los lusos, mientras que Ivan Perisic había puesto en ventaja a los croatas.
Las claves del partido
Cristiano Ronaldo, Gonçalo Ramos y el déjà vu de Qatar 2022
Roberto Martínez tomó el mismo riesgo que su predecesor Fernando Santos había tomado hace tres años y medio. Sí, había convertido el penal que llevó al 1-1, pero una vez más Cristiano Ronaldo no pesaba en el partido. Y confió en Gonçalo Ramos.
Primero mandó a la cancha al delantero de PSG en ese cuádruple movimiento tras el 1-0 de Perisic. Al ver que el doble 9 no surtía efecto y necesitaba más solidez en el medio, a 10 minutos del final llegó el cambio más drástico: CR7 afuera, Rúben Neves adentro. Dejó a Rafael Leao a pesar de un mal rendimiento a lo largo del partido, y fue finalmente él quien centró para el cabezazo ganador de Ramos. Al igual que ante Suiza en Qatar 2022, se convirtió en el héroe.
Croacia pagó caro su falta de finalización
El resultado puede haber sido injusto para Croacia en la segunda mitad, pero la realidad es que, a pesar de que Mateo Kovacic, Ivan Perisic y Luka Modric demostraron una vez más su vigencia, un gigantesco Diogo Costa y su falta de efectividad en frente del arco condenaron sus esperanzas de avanzar a octavos.
Dalic, falto de reacción
Al ver cómo empezó su equipo el segundo tiempo, el entrenador croata habrá pensado que no era demasiado lo que había que cambiar para buscar el triunfo. De hecho, su primera modificación no llegó hasta la igualdad de Ronaldo, cuando introdujo a Mario Pasalic en lugar de Martin Baturina.
No obstante, a medida que el partido avanzó y sus experimentadas estrellas fueron mostrando agotamiento, el técnico se mantuvo en esa sintonía. Recién en tiempo cumplido ingresó el defensor Josko Gvardiol en lugar de Nikola Vlasic, y fue justamente él quien no saltó para defender el cabezazo de Ramos para el 2-1 final. Para cuando el delantero Andrej Kramaric entró por Mateo Kovacic ya era demasiado tarde.
