No habrá sido el partido del siglo, pero tuvo lo suyo. Doce años después del histórico enfrentamiento en el Estadio Azteca, en este caso por los octavos de final, Argentina e Inglaterra volvieron a chocar en Mundiales. Fue en un partido que volvió a incluir algunas avivadas con sello criollo, renovadas quejas de los británicos, sonrisa grande para la Albiceleste en el final y, como desgraciadamente también había ocurrido en 1986, violencia en las tribunas.
A diferencia de aquel día de La mano de Dios, para que el festejo terminara de su lado la Selección contó esta vez con un héroe que aún hoy permanece casi anónimo, pero que en esa noche de Saint Etienne encontró tal vez más reconocimiento del que tendría en toda su carrera.
Argentina vs. Inglaterra: otra vez llegaban muy bien al Mundial 98
En un escenario muy similar al de 1986, los dos seleccionados tenían motivos para sentirse confiados por sus últimas actuaciones. Argentina, conducida por aquel entonces por Daniel Passarella -único bicampeón mundial de su historia-, había superado la fase de grupos sin despeinarse demasiado aunque sufrió un poco para imponerse 1-0 en el debut frente a Japón. La goleada 5-0 a Jamaica, con hat-trick de Gabriel Batistuta incluido, aseguró la clasificación, y en un partido en el que sólo estaba en juego el primer puesto de la zona le ganó 1-0 a Croacia, debutante en Mundiales que terminaría llegando a semifinales.
A Inglaterra le había costado un poco más. Le tocó enfrentar en su presentación a la muy buena Rumania de esos años, que venía de meterse en cuartos de final cuatro años antes, y cayó 2-1. En ese partido, el entrenador Glenn Hoddle -rival como futbolista de Argentina en 1986- incluyó para los minutos finales a un delantero chiquito y movedizo que la rompía: Michael Owen. En el poco tiempo que tuvo en cancha, llegó a anotar el empate transitorio y a mostrar su velocidad y habilidad. Ya con él en el equipo titular, todo cambió a favor de Inglaterra, que liquidó a Colombia por 2-0. Una nueva victoria por el mismo resultado ante Túnez en el último encuentro ratificó a Inglaterra en el segundo puesto del grupo.
Con esos resultados, quedó establecido que en la siguiente fase otra vez se jugaría el clásico más caliente de los Mundiales.
Un Argentina vs. Inglaterra a puro drama en 8vos de final
El choque comenzó a pedir de Argentina, que pasó adelante a los 7 minutos por un penal en el que Batistuta le dobló las manos con un remate furioso a David Seaman. Pero enseguida Owen empezó a enloquecer a la defensa argentina, se tiró de cabeza en el área, el árbitro danés Kim Nielsen compró y sancionó la nueva pena máxima, que Alan Shearer transformó en empate. Si faltaba algo para complicar la historia, a los 17 el endiablado Owen sacó a pasear a la defensa argentina, definió alto frente a Carlos Roa y puso adelante a los ingleses.
El partido se había puesto cuesta arriba para Argentina, que no le encontraba la vuelta a un rival intenso y veloz. No alcanzaba tampoco la magia de Ariel Ortega, en uno de sus mejores partidos del Mundial, para recomponer las cosas. Hasta que llegó un tiro libre en el borde del área cuando ya se extinguía el primer tiempo. Ahí la Selección sacó a relucir su capacidad de estrategia y su viveza: cuando todos esperaban un remate al arco, Sebastián Verón dio un pase rasante para Javier Zanetti, que acababa de abrirse de la barrera y sacó un remate al ángulo de Seaman para marcar la igualdad.
Como ya había pasado en 1986, barras argentinos e ingleses se enfrentaron durante diferentes momentos del partido, al punto de que algunos periodistas creyeron que por primera vez en la historia se suspendería un encuentro de Copa del Mundo por incidentes en las tribunas. No ocurrió, pero por los hechos de violencia hubo 30 hooligans detenidos por la Policía francesa y 15 heridos.
En medio de este escenario de alto nerviosismo se fue una primera etapa a pura vibración, con cuatro goles y emociones en las dos áreas. Y todavía faltaba mucho más.
Mundial: el Cholo Simeone, otra vez determinante en Argentina
Ya había sido clave en el amanecer del encuentro, cuando forzó el choque con David Seaman que derivó en el penal para el primer gol de Argentina. En el arranque del complemento, la viveza de Diego Simeone volvería a aparecer para conseguir una nueva ventaja y terminar de sacar de quicio a los británicos.
Iban 3 minutos del segundo tiempo cuando el Cholo fue a disputar una pelota con David Beckham, que por esos días empezaba a ser el gran jugador que administraba con su pegada el mediocampo de un Manchester United hegemónico. En el forcejeo, el jovencito británico lanzó una patada y Simeone se tiró al piso exagerando la agresión. El árbitro no dudó y le mostró la roja a Beckham, a quien el trauma le duraría por años. La prensa inglesa le cayó con todo después del partido por su ingenuidad, pero también recrudeció el recuerdo de avivadas argentinas, que 12 años antes se habían cristalizado como nunca en aquella Mano de Dios.
Una Argentina que necesitaba hacer experiencia
Pese a la superioridad numérica, a la Selección le tocó ese día sufrir más que jugar. Era una buena camada de jugadores pero a la que todavía le faltaba rodaje, como admitieron los propios protagonistas años más tarde.
Roberto Ayala, que arrancaba su paso por las grandes ligas en Napoli, habló recientemente de su frustración cuando le tocaba ver la jugada del segundo gol, en la que Owen se lo llevó puesto porque él lo esperó parado cerca del arquero, “algo que jamás le pasa a un central con rodaje en el fútbol europeo”.
Hernán Crespo, por entonces en Parma, contó también cómo en ese partido entendió la necesidad de trabajar su físico, después de chocar contra Sol Campbell, imponente defensor central inglés, y sentir que había rebotado contra una pared.
Carlos Roa, el héroe olvidado en Argentina
Los dos buscaron hasta el final la victoria pero no hubo manera de salir del empate. Se recurrió entonces, por única vez en la historia entre los dos seleccionados, a la definición por tiros desde el punto del penal que, como el partido, tuvo un desarrollo cambiante.
Inglaterra fue la que sonrió primero, cuando falló Crespo. Pero ahí aparecieron las manos de Carlos Roa para seguir la senda de los arqueros argentinos que se lucen en esas instancias, como había sido Sergio Goycochea ocho años antes y lo sería Dibu Martínez 24 años después. El entonces golero de Mallorca tapó primero el remate de Paul Ince y después se quedó con el de David Batty, para sellar la clasificación argentina a cuartos de final.
Arentina vs. Inglaterra: un triunfo que se llevó toda la energía del Mundial
Como ameritan las victorias contra un rival histórico, en Argentina se festejó haber eliminado a Inglaterra casi a la altura de un título. Y aunque nadie puede borrar aquella alegría, también parece cierto que ese choque le costó caro a la Selección. Pocos días después, por los cuartos de final frente a Países Bajos, el equipo no pudo sostener el nivel y fue eliminado, al caer 2-1 con un gol de Dennis Bergkamp sobre el cierre.
A Argentina le quedó entonces como consuelo no menor el haber sacado del camino a los ingleses. Aquella fiesta tras un clásico que no será el más recordado sirvió además, otra vez, para mostrarla entre los más grandes de los Mundiales.
