El Vasco y el Tri, juntos, en una tercera aventura hasta que su destino los alcance y la muerte competitiva los separe en este Mundial 2026
LOS ÁNGELES -- Panamá y Bolivia, últimos rivales de la Selección Mexicana en su camino al Mundial 2026. ¿El desperdicio de un tiempo útil o la utilidad de un tiempo desperdiciado? Sólo Javier Aguirre lo sabe. O, al menos juramenta sí saberlo.
Habrá pocos que lo agradezcan: Obed Vargas, Luis Romo, Richard Ledezma, Brian Gutiérrez. Habrá muchos que lo cuestionen: paró en seco un torneo apenas en gestación (Clausura 2026). La certeza de la incertidumbre.
Pero la ruta sigue. El Mundial 2026 sobrevive a pesar de las insinuaciones crecientes en Europa por boicotear la competencia, ante el clima social inestable en Estados Unidos.
Irónica y cruel coincidencia: la versión #Vasco3.0 y la versión #MéxicoMundialista3.0 cohabitan en un realismo tan mágico que sólo puede ser mexicano. Javier Aguirre ante su tercera y última oportunidad de trascender como técnico del Tri. Y seguramente, la tercera y última oportunidad del futbol mexicano para trascender –siendo sede–, en una Copa del Mundo.
El Vasco seguramente colgará el silbato, la cachucha y la cruz pase lo que pase en esta Copa del Mundo. El futbol mexicano seguirá con el pastoreo de su enceguecida prole, con la brújula rota, buscando la Tierra Prometida del –ahora— Sexto Partido. Sí, vendiendo utopías en un escenario de distopías.
Y sí, el Vasco y el Tri, juntos, en una tercera aventura, uno como técnico, el otro como sede, hasta que, irremediablemente, su destino los alcance y la muerte competitiva los separe en este Mundial 2026. Cabe pues el ultimátum, pero será más como epitafio que como diagnóstico.
En términos de Julio César: “Alea jacta est”. Sí, “la suerte está echada”.
El tres. Los numerólogos dirían que es una colisión y una coalición de la oportunidad y de la fatalidad. El tres es la culminación de un ciclo. El ahora o nunca para el #Vasco3.0 y #MéxicoMundialista3.0. El ultimátum para ambos. En ambos casos, ¿es una reingeniería o un reciclaje?
"El Pentapichichi" asegura que estar en el liderato de goleo de la Liga de Arabia, junto a Cristiano Ropnaldo, es mérito suficiente para que Julián Quiñones esté en Selección Mexicana.
Y Javier Aguirre lo sabe bien. Enfatiza reiteradamente, como para convencerse y tratar de convencer a su tropa, sobre el privilegio y el volumen de sensaciones de jugar un Mundial en casa. Lo vivió a plenitud en 1986 y confiesa que se le eriza la piel al recordar cómo regurgitaban, en decibeles infinitos y con inconmensurables pasiones, no sólo el Estadio Azteca, sino el país entero.
Lástima –para Aguirre– que la nostalgia no es la panacea, sino una referencia sentimentaloide y caduca.
Y esta vez la Selección Mexicana dispone de dos países para transfigurarlos en los coliseos eventuales de sus éxitos o de sus fracasos. Cualquier enfrentamiento en territorio estadounidense, con ICE o sin ICE, se convertirá en su refugio transitorio durante el Mundial. Venga pues, que cobije la tribuna lo que descobije la cancha.
Entre los asentados en México y los nómadas en Estados Unidos, Javier Aguirre entiende que jugará protegido, auspiciado por esa devoción tan insensata como leal y abnegada, que aguarda que ocurra un milagro para el cual, queda claro, y más después de los saldos del 2025 y los pasajes en Panamá y Bolivia, tiene apenas 26 obreros, pero ningún mesías. Puro barro crudo, ni siquiera arcilla, para enfrentar a adversarios endurecidos como cerámica.
Este #Vasco3.0 ha soltado sus buscapiés mediáticos. “Tengo al 80 por ciento del plantel mundialista”, ha dicho. Es decir, 21 de 26 posibles. Lo cierto es que no hay misterios. En una población paupérrima en calidad, como la actual, escoger a los 26 no es un acto de sabiduría, es un acto de desesperación y de resignación; no es un desplante salomónico para elegir a los correctos, sino un desplante al azar para no elegir a los peores.
Y que nadie embauque: esta generación de jugadores de la que dispone Aguirre no es mejor, tal vez ni siquiera iguale a aquella de la que dispuso Gerardo Martino. Para el Vasco, la tarea parece más simple: basta no equivocarse tan perversamente como lo hizo el Tata en Qatar 2022.
1.- Por primera vez en 40 años, México no tiene un portero absolutamente confiable. Desde la inconsistencia del Tala Rangel, hasta los titubeos emocionales de Luis Ángel Malagón, y la anquilosada humanidad de Guillermo Ochoa, hoy, más efemérides que futuro.
El mítico jugador mexicano cuenta como era su exeriencia de ser técnico de la selección y dice que todos en la calle le decían a quién convocar.
2.- La escasez se prolonga hasta el lateral derecho. Ledezma presenta una solución, a la espera de la mejoría de Rodrigo Huescas, pero no alcanzan los niveles de Salvador Carmona, Ricardo Osorio o hasta Paul Aguilar. El resto de la zaga, parece, a su nivel, responsable y confiable.
3.- En media cancha no sufrirá el Vasco. Es la zona donde abundan opciones, pero, entiéndase esto: es el reflejo del nivel de maquila de esta generación de futbolistas. Tiene un par de buenos contenciones como Edson Álvarez y Erik Lira, y talentosos como Marcel Ruiz, Gilberto Mora y Luis Romo, más allá de que Obed Vargas y Brian Gutiérrez merecerían más que dos tipos que siempre quedan en deuda con el Tri: Orbelín Pineda y Carlos Rodríguez, dos ánimas en pena.
4.- Al ataque sobran nombres, encabezados por Raúl Jiménez y un Alexis Vega que nunca es el satanás del Toluca cuando llega al Tri. Salta la Hormiga González, y la angustia de estar a la eterna espera sobre la evolución de Santiago Gimenez, mientras Germán Berterame se enlista en la dimensión desconocida de la MLS. Julián Quiñones debe ser trabajado, persuadido. Y el resto, estrictamente para completar los 26, entre Roberto Alvarado y Diego Lainez, figuras en su equipo y estatuas de sal en el Tri.
Eso es lo que tiene Javier Aguirre. Un poco de injusticia de la justicia divina. El karma pues. Tuvo mejores planteles en 2002 y en 2010, y ya él mismo, en una recalcitrante mea culpa, acepta cómo desperdició aquellas potenciales oportunidades. Sí, en ambas ocasiones se equivocó al elegir a su legión, y después se equivocó en alineaciones y cambios. Todas suyas.
Esta referencia debería implicar que hoy hay un Javier Aguirre más sabio, pero más desarmado que entonces. Cuando más sabe, su artillería se volvió más rústica. El karma pues.
La realidad es esa. La numerología tiene voz de profeta pero también de verdugo y de ultimátum: el Tres, conclusión de un ciclo, fin de un periodo.
Ultimátum pues para ambos.
1.- #Vasco3.0 ante su tercera y última oportunidad de trascender como técnico del Tri. Después, el retiro, que puede ser memorable o confinado al santuario negro del remordimiento.
2.- #MéxicoMundialista3.0. Seguramente, será la última oportunidad del futbol mexicano para trascender en una Copa del Mundo, ante el rumbo torcido que ha tomado en todos los niveles directrices. Se encamina al colapso y se sigue encomendando fallidamente al patriarca de La Rosa de Guadalupe.
Sí, en términos de Julio César: “Alea jacta est”. Sí, “la suerte está echada”.
