El año de James Rodríguez fue positivo con la Selección Colombia por su ascendencia en el grupo y clasificación al Mundial 2026. En clubes fue aceptable, tuvo continuidad aunque sin resultados.
La Selección necesitó de su capitán en el momento más flojo de la etapa del técnico Néstor Lorenzo. Bajó nivel después de la final de la Copa América. Encadenó tres derrotas consecutivas en las Eliminatorias y aunque no puso en riesgo su regreso a la Copa del Mundo, hubo turbulencias que instalaron versiones de mal clima interno.
El 10 reconstruyó poco a poco el fútbol refundido y el equipo corrigió. Primero con dos empates, uno de ellos frente al líder Argentina en Buenos Aires y después con victorias contundentes frente a Bolivia y Venezuela.
Su caudillismo e influencia se afianzó por la continuidad que tuvo con León en México. Ahí también fue capitán, titular y valorado. Fue la campaña con más partidos desde su paso por Everton en 2020-2021. Jugó 34 partidos, marcó cinco goles, dio nueve asistencias.
Es cierto que en el segundo semestre cedió competitividad por el discreto rendimiento del club. Sin embargo, fue suficiente impulso para brillar con la camiseta amarilla. Cerró la ronda de clasificación como el mayor asistidor con siete y tres anotaciones. Es el colombiano de más tantos en el torneo con 13. Superó a Falcao.
“Vienen grandes cosas para todos, para todo el país también. Ya en siete meses, lo que todos soñamos, con poder quedar campeón", señaló en una visita reciente por Bogotá.
Su prioridad inmediata es buscar nuevo club después de su salida de León hace un mes y medio. Necesita mantener esa continuidad que lo hizo líder de Colombia.
