Matías Almeyda: El 'pibe' al que no le compraban golosinas

CIUDAD DE MÉXICO -- A Matías Almeyda le quedó grabada una frase que les repetía su padre durante la infancia a él y a sus dos hermanas mayores cada que salían de casa:

"Si pasamos por un quiosco (tienda), no me pidan que les compre golosinas, porque no tenemos plata. Si llego a tener, se las voy a ofrecer yo".

Desde entonces, la vida del originario de Azul, una pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires, está marcada por la lucha y la perseverancia.

A los 13 años fue rechazado de una prueba que realizó en River Plate, pero un "no" resultó insuficiente para frenar al obstinado muchacho que consumía sus tardes jugando futbol y bailando música folklórica con su familia.

En 1992, el entonces admirador de Jim Morrison -por ello la cabellera- concretó el sueño que ocupó sus pensamientos desde que tuvo un balón en los pies: debutar en Primera División.

"Llegué a comer chicles del piso, en serio, porque ni chicles se podían comprar", recordó en aquellos años cuando la vida empezó a cambiarle gracias a su talento futbolístico.

La carrera como jugador del ‘Pelado’ --apodado así en su llegada a River por su corte de cabello casi a rape--, está llena de luces, más allá de no haber sido un centro delantero letal o un ‘10’ virtuoso, pero sí capitán, líder y referente de la mayoría de los clubes en los que militó.

Sevilla, Lazio (donde fue figura), Parma, Inter, Brescia, y hasta un paso fugaz por Noruega, resumen en pocas palabras el andar internacional de Almeyda; además, claro, de dos etapas en River Plate y dos Copas del Mundo con la selección Argentina (Francia 1998 y Corea-Japón 2002).

Entre los 32 y 35 años, Matías tuvo que dejar el futbol en un retiro parcial, abatido por el alcoholismo y la depresión. Jugó el partido más difícil y más largo de su vida, pero con el apoyo de sus ‘compañeras’ salió con el puño en alto.

"En el psicólogo, mi hija (Sofía, la mayor de tres), cuando le llegó el turno de dibujar a la familia, hizo a su madre como una reina, a sus hermanas como princesas… Y a mí como un león viejo, enfermo, triste. Ahí me cayó la ficha y empecé terapia.

"Y realmente me dolió que ella me viera de esa manera. Uno a veces es un poco egoísta y piensa sólo en uno, pero a partir de ahí tuve un cambio grande… Llegó un momento en el que no podía más, no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Y en esa mejora, mi señora fue clave para que cambiara mi forma de ser", contó en una entrevista hace algunos años.

Otro golpe, menor, pero golpe al fin, marcó el inicio de la carrera como director técnico de Matías Almeyda. Como futbolista, a los 35 años le tocó vivir con River Plate el histórico descenso en 2011 de uno de los grandes en el plano internacional.

Comprometido a cerrar la profunda herida, se retiró y asumió como entrenador de los Millonarios, formó un equipo compacto y hambriento de revancha para, un año más tarde, conseguir el regreso a Primera.

Matías se define como un solitario, suele escapar de la gente para refugiarse en casa con sus ‘chicas’: sus tres hijas y su mujer. Si tiene un día libre le encanta ir al río, aunque confiesa ser un mal pescador, pero es el sitio donde se desconecta y se encuentra consigo mismo.

Quienes lo conocen de cerca nombran a la nobleza y humildad como sus principales virtudes; es amigo de Maradona y fue uno de los futbolistas consentidos de Marcelo Bielsa, con quien no habla desde hace varios años, según declaró recientemente.

Matías Almeyda tiene una filosofía que no negocia con los futbolistas a los que dirige, y es una de sus principales herramientas para conformar grupos sólidos: "Si tú no te saludas bien con tu compañero, después no te juegas el pellejo por él en la cancha".

El actual técnico de Chivas que cumple un año en un banquillo marcado por la inestabilidad, toma una pastilla para dormir, y una pequeña parte cuando despierta.

Luego de todo lo que ha vivido considera este ritual como una bendición. "Yo las llamo las pastillas de la bondad, me hacen ser más bueno cada día", ha confesado.

Así es Matías Almeyda, el ‘Pibe’ que se grabó una sentencia de su ‘viejo’ (papá) para no perder conciencia de que la lucha y la perseverancia serían el sello de su vida.