Meses aciagos, estos vividos por toda Italia, particularmente en el norte del país. Tras el comienzo de la pandemia en China, España e Italia fueron los primeros países europeos en recibir el impacto terrible del coronavirus.
Existen varias teorías, hipótesis sobre que fue precisamente en un partido de futbol jugado en Milán entre Atalanta y Valencia, el que apresuró la expansión de la enfermedad, que terminó por parar casi toda actividad económica, por contagiar a cientos de miles de personas, de las cuales muchas, desgraciadamente, murieron.
El luto se apoderó del país. El futbol, la pasión de la nación, pasó a segundo término.
Pero no hay plazo que nos e cumpla. La Serie A, el Calcio Italiano, está de regreso tras los graves sucesos ya comentados.
En esta ocasión, en estas líneas, quiero recordar y compartir mis experiencias en el país de la bota. Son tres viajes, tres ocasiones las que he podido estar en tan bello lugar, una de ellas, por cuatro meses.
A manera de prefacio, déjenme decirles que la liga italiana de fútbol se comenzó a ver en México en 1989 a través de Canal 13. Aquellas mañanas de domingo había que levantarse temprano para maravillarse con la calidad de futbolistas y equipos, sin duda, los mejores del mundo.
Ese fue mi primer contacto con una liga espectacular, experiencia que completaba con la lectura del diario La Gazzetta dello Sport y la revista Guerin Sportivo, que adquiría en la librearía italiana.
Italia es un país maravilloso. Su rico pasado, se puede admirar en el presente. En 1990 tuve mi primer acercamiento, primera oportunidad de conocer la cuna del Humanismo y el Renacimiento. Llegué a la capital de la república justo el día de la final del mundial, su mundial. Pude recorrer sus calles, sus plazas, sus terrazas, su locura por el juego. Justo junto al Estadio Olímpico, una cancha de calcceto de tierra (futbol 4 vs 4). La final había terminado, una que no jugó el anfitrión; caía la noche, y el balón seguía rodando; a otro nivel, con otro impacto y consecuencias. Partido de futbol amateur del que fui testigo, uno que de hecho gocé como espectador, viendo jugar a 8 extraños.
Al díe siguiente me enteré de una fiesta organizada por el Comité Organizador de la copa, un evento privado sólo para los involucrados en el evento. Por aquellos días, ya trabajaba en los medios en México, en Imevisón Canal 13, así que me dispuse, junto con mi cámara, a solicitar autorización a un oficial, justo en la puerta de entrada. Por increíble que suene me dejó entrar. Pude tomar sólo dos fotos. La fiesta para mí duró como cinco minutos, pues cuando me topé con Luca di Montezemolo, presidente del Comité Organizador, me mandó sacar.
Diez años después, regresé a Italia. Residí en Milano cuatro meses para cumplir con el segundo módulo del Master FIFA en SDA Bocconi. Viví de cerca, en las calles, en el transporte público, en las gradas del San Siro el Derby de la ciudad, además del Milán vs Roma (del que guardo el boleto de entrada), cuando el gran goleador argentino Batistuta jugaba para la Loba (palabras de Maradona, el mejor 9 en la historia de la selección argentina).
Tuve la mala idea de utilizar el metro en parte de mi recorrido para ir al estadio. Me topé con la parcialidad romana, con el tifosi extremista. Fueron minutos de angustia, en medio de bombas de humo, canticos llenos de insultos (recordar que los del sur y los del norte no se llevan); miles de seguidores aglutinados en los vagones, Cuando salí del tumulto, acepto, volví a respirar, volví a vivir.
El partido, ya hablando de lo deportivo, no fue tan bueno. Yo esperé, entre otras cosas, ver al gran Batigol.
Recuerdo en especial a uno de mis compañeros del master, a Giovanni Pifarotti, seguidor incondicional del Inter. Cuando perdía su equipo, no quería que le hablaran. Despotricaba contra sus jugadores y directivos. Cuando ganaba, su club era el mejor, era un hombre feliz, así de simple.
En alguna ocasión me invitó a comer a su casa. Pude conocer a su madre y una hermana. Aquella tarde, en aquella mesa, se habló más de futbol que cualquier otro tema, incluyendo los estudios y hasta la política.
En la universidad jugábamos calcetto y fuera de ella, en canchas de futbol 7, participamos en un torneo. Todo giraba alrededor de un balón en algún momento del día.
Diez y siete años después, en el 2017, pisé terreno italiano por tercera ocasión. Estuve de paso en Milán de camino a Turín. El club Juventus tuvo la amabilidad de recibirme. Se trató de un viaje para conocer ciertos aspectos de la operación del equipo.
Se dio la coincidencia en los tres días que permanecí en la ciudad, de que la Juve jugaba de local vs Palermo. Fue victoria para la Vecchia Signora. Pero lo que más me gustó fue el canto al unísono de todo el estadio antes y después del partido del tema oficial “historia de un gran amor”. Ambiente 100 % familiar, muy controlado, todo en su lugar. Pude platicar con algunos aficionados, muchos de ellos procedentes de otras provincias. Juventus no es el equipo más popular de Turín, ese es el Torino. Juventus es un equipo nacional e internacional.
Caso curioso, me tocó salir de mi hotel un domingo por la tarde y, justo ahí, en la esquina, había una iglesia. Observé algo de gente en la puerta; salían de misa, pero no de una misa cualquiera. Era una misa de difuntos. Alcancé a ver el féretro, mismo que traía montada la playera del equipo al que apoyaba el fallecido (no de primera división).
Una vez más, comprobé, que el futbol está en la sangre, en el alma de millones de italianos.
Tiempo de partir. Siguiente parada, Mónaco, previa escala en Génova; el tren en el que viajaba iba casi vacío. Ahí, un padre hablaba con su hijo de fútbol. Se dirigían a ver al Rossoblu, equipo al que apoyaban. El señor, le explicaba a su hijo (aprox 12 años), los pormenores de lo que él esperaba del juego; que sería difícil pero que había oportunidad de ganar. De paso, le tundió a la Juventus, que ya había jugado, siempre, según él, ayudados por los árbitros, un club repugnante, apuntaba.
Hasta aquí con el relato, con las anécdotas de mi paso por Italia, su gente, sus tradiciones, su cultura, su fútbol; todo entrelazado, conectado alrededor de un balón, de una pasión, de una identidad, de un sentimiento.
En hora buena por el regreso de la Seria A, el Calcio italiano. Las alegrías serán muchas, aunque sea sólo a través de la televisión y sin gente en los estadios, al final de una tragedia sanitaria de grandes proporciones.
Lunga vita all'Italia e al suo calcio!!!
