El juego en Italia está abierto como pasó pocas veces. En la misma Serie A que hasta 2020 tuvo un dominio inapelable de Juventus en nueve ligas consecutivas, hoy apenas Inter, campeón defensor, asoma un poco por encima del resto y son muchos equipos los que se animan a ilusionarse con la posibilidad de un Scudetto. Entre ellos Roma, que hizo muy bien las cosas en los últimos años y parece tener lo necesario para dar el salto hacia ese Scudetto que se le niega desde 2001, cuando tuvo entre sus pilares a un goleador de época como Gabriel Batistuta y a una muralla defensiva como Walter Samuel.
De nuevo con una fuerte impronta argentina, que además se fortaleció para este campeonato, hoy Roma junta argumentos para soñar con un final feliz. Además de Paulo Dybala, afianzado como símbolo del club, y un Matías Soulé integrado al elenco estable, para este año se sumaron tres jugadores que pueden ser claves en la campaña como Santiago Castro, Nahuel Molina y Leonardo Balerdi. Así, la Loba cuenta con el grupo más importante de argentinos en la Serie A para esta temporada junto a Parma, que también tiene cinco en su plantel.
Un idioma en común para Roma
Cuando Dybala hizo por primera vez pie en Europa, al llegar desde Instituto a Palermo en 2012, Santi Castro tenía apenas apenas siete años y la posibilidad de que alguna vez jugara profesionalmente al fútbol parecía una utopía. Las vueltas de la vida quisieron que hoy vistan la misma camiseta granate del club de la capital italiana, con un lenguaje futbolero compartido.
“Vi el valor de este grupo y podemos competir contra cualquiera. Tenemos jugadores fuertes en todas las líneas y (Gian Piero) Gasperini es uno de los mejores entrenadores de Italia. Estamos al nivel para pelear por el Scudetto y la Copa, y también queremos hacerlo bien en la Champions League. Si estás en Roma, tenés que aspirar a ganar todo”, declaró Santiago Castro a Planeta Roma a comienzos de agosto, luego de arribar desde Bologna por más de 40 millones de dólares en una de las cinco compras más caras de la historia del club. En una de sus primeras entrevistas, ya mostró una de las facetas de los futbolistas argentinos que más se admiran en el exterior: una vocación competitiva que permite soñar con cualquier hazaña, por muy difícil que sea consumarla.
Algo similar se fue a buscar en Nahuel Molina, transferido en nada despreciables US$ 20 millones. Un jugador que llegó en horas bajas, después de una última temporada con dificultades y algunos altibajos en Atlético de Madrid y también en el Mundial, pese a alcanzar la final con Argentina. En Roma confían en volver a ver a ese ganador nato que dejaba un surco por el lateral derecho, con goles tan importantes como el que le hizo a Países Bajos en cuartos de final del Mundial 2022, y que también mostró un muy buen remate de media distancia en los últimos tiempos en el Aleti.
El último en sumarse fue Leonardo Balerdi, que ya con el campeonato empezado arribó a préstamo con opción de compra desde Olympique de Marsella. El defensor de 27 años, que viene de una decepción fuerte después de haber quedado afuera del Mundial por una inoportuna lesión, es un refuerzo importante para ganar seguridad en la última línea.
Las expectativas también son altas en el caso de Matías Soulé, que inicia su tercer año en Roma y a los 23 años es uno de los grandes proyectos tanto del club como de la Albiceleste. Resta ver cómo se ensamblará este año dentro de una estructura diferente en ofensiva, pero se puede esperar que la contención de un grupo de compatriotas sea un aporte extra. Todos desean que termine de mostrar esas condiciones por las que Juventus se lo llevó a sus divisiones juveniles cuando tenía 16 años.
Gasperini, un entrenador que no se queda sentado
Gasperini es uno de los entrenadores más respetados en una Italia donde no es fácil ganarse el reconocimiento masivo. Sus nueve años en Atalanta, donde fue uno de los grandes responsables de que el equipo pasara a ser uno de los protagonistas de la Serie A y un habitual participante de la Champions, mostraron sus grandes condiciones de conductor. El año pasado llegó a Roma y ratificó su prestigio con el tercer puesto obtenido, aunque las once caídas que sufrió en el campeonato -en contraste con las 23 victorias- dejaron la sensación de un equipo al que le faltó equilibrio.
Poseedor de una frontalidad que le generó problemas como los que tuvo con Papu Gómez en el club de Bérgamo o este mismo año con Claudio Ranieri, Gasperini es un hombre de convicciones firmes, consolidadas por la gran cantidad de veces en que el tiempo le dio la razón con resultados. Cuentan algunos medios italianos que le hizo saber a la dirigencia su descontento por algunas incorporaciones que a su entender faltaron, aunque en público se mostró más moderado.
“El mercado es creativo pero positivo. Diferente de lo que se podía pensar tras lograr la clasificación a la Champions, pero lo que se está haciendo me parece bueno. Molina es subcampeón del mundo, Castro hasta tomó el tren para llegar antes, (Konstantinos) Koulierakis era necesario para completar el plantel”, opinó, con una línea entre deslizar elogios y dejar también entrever que el plantel puede ser corto para atender tantos frentes abiertos. Uno de ellos es la liga, que no tendrá el glamour de la competencia internacional pero luce, al menos a priori, más accesible.
El delantero de moda y un socio clave
Además de lo que puedan hacer los argentinos, en buena medida las chances de Roma en esta campaña dependerán del neerlandés Donyell Malen, uno de los atacantes más influyentes en el fútbol italiano. Llegó a la Loba a préstamo en enero de 2026 después de un año y medio flojo en Aston Villa e hizo pie muy rápido: metió 15 goles en 20 partidos y resultó fundamental para que el equipo subiera hasta el podio de la Serie A. Los romanos no dudaron y en mayo pusieron los 29 millones de dólares de la opción de compra, en una de las grandes -y más justificadas- inversiones para esta campaña.
Después de un Mundial en el que, como Países Bajos, estuvo por debajo de sus expectativas, Malen volvió con todo a Roma y se despachó con un hat-trick en la primera fecha de la Serie A para el 4-0 frente a Fiorentina. Claro que tiene un socio fundamental en Dybala, que aportó nada menos que las tres asistencias para sus tantos.
De todos los argentinos, el cordobés es por trayectoria el más identificado con el club. Lleva ya cuatro años en Roma desde que llegó de Juventus, y pese a los rumores que lo llevaban a diferentes destinos, entre ellos a Boca, decidió seguir en la que ya es su casa en Italia. Con 32 años, a nadie debe extrañarle que sea uno de los abanderados dentro del campo. A fin de cuentas, se trata de la Roma de los argentinos. Esa que sueña con romper la sequía que lleva más de un cuarto de siglo, y que tiene con qué.
