Grecia vuelve a hacerse un lugar entre las selecciones que generan expectativa. El recuerdo de aquella Eurocopa de 2004, cuando sorprendió al mundo y se consagró campeona en Portugal, todavía forma parte de la historia del fútbol heleno. Ahora, más de dos décadas después, una nueva generación empieza a darle motivos a un país que llevaba varios años alejado de los grandes torneos.
El seleccionado no disputa un Mundial desde Brasil 2014 y su última presencia en una Eurocopa fue en Polonia y Ucrania 2012. Desde entonces, atravesó un período en el que le costó recuperar el protagonismo que había conseguido a comienzos de siglo. El presente, sin embargo, muestra señales diferentes.
El proceso de reconstrucción tuvo un comienzo irregular, con derrotas ajustadas ante Paraguay e Italia y empates frente a Hungría y Suecia. Pero el panorama cambió cuando llegó la competencia oficial.
En la Nations League 2026/27, Grecia comenzó con una victoria 2-1 como visitante frente a Serbia y después protagonizó uno de los resultados más importantes de su historia reciente: derrotó 1-0 a Alemania, en un partido que significó su primera victoria ante los germanos después de 11 enfrentamientos.
La última jornada también dejó una muestra de lo que puede ofrecer este equipo. Grecia llegó a estar 2-0 arriba como local frente a Países Bajos después de un primer tiempo en el que consiguió imponer condiciones y encontró espacios para lastimar. No pudo mantener ese ritmo durante el complemento y terminó igualando 2-2.
El empate le impidió cerrar la fecha con una victoria, pero tuvo un valor importante en la clasificación: Grecia quedó en lo más alto del Grupo A2, por encima de Países Bajos, Alemania y Serbia.
Una generación que empezó a llamar la atención: el millonario mercado de los jugadores griegos
Los resultados de la selección coinciden con un fenómeno que se viene desarrollando en los clubes. En los últimos mercados, una cantidad cada vez mayor de futbolistas griegos comenzó a salir del país para jugar en algunas de las principales ligas de Europa.
Durante la ventana de transferencias 2026, 20 jugadores griegos protagonizaron operaciones por una cifra cercana a los 160 millones de euros. El monto representa un crecimiento de alrededor de 55 millones respecto de la temporada anterior.
Pero más que la cantidad, lo que permite dimensionar el momento es quiénes protagonizaron esos movimientos. Cuatro de las diez transferencias más caras de un futbolista griego se concretaron en este mercado.
El récord pasó a manos de Christos Tzolis, quien dejó el Brujas para incorporarse al Arsenal por 40 millones de euros. El extremo venía de ser elegido como el mejor jugador de la liga belga y había participado directamente en 40 goles durante el campeonato.
El Borussia Dortmund también apostó fuerte por el talento griego. El club alemán incorporó a Konstantinos Karetsas, de 18 años, desde el Genk por 30 millones de euros y a Giannis Konstantelias desde el PAOK por otros 26 millones.
A esa lista se suma el arquero Konstantinos Tzolakis, transferido al Hull City por 23,3 millones, mientras que otros nombres como Stefanos Tzimas, Charalampos Kostoulas y Konstantinos Koulierakis ya protagonizaron movimientos millonarios en los últimos mercados.
No es habitual que una selección que pasó tantos años sin clasificarse a un Mundial o una Eurocopa coloque tantos futbolistas en el radar de los grandes clubes europeos. Ese es uno de los puntos que explican el cambio de escenario.
Juventud, pero también una base con experiencia
La renovación no significa que Grecia haya apostado todo a los más jóvenes. El equipo combina a varios de esos nuevos talentos con futbolistas que ya tienen recorrido internacional.
Uno de ellos es Vangelis Pavlidis. El delantero del Benfica tiene apenas 27 años, pero ocupa un lugar entre los jugadores con mayor experiencia de un plantel que está atravesando un cambio generacional. Su presencia le aporta continuidad a un equipo que necesita que los nuevos nombres puedan desarrollarse sin cargar solos con la responsabilidad.
También aparecen futbolistas como Anastasios Douvikas, Konstantinos Mavropanos, Fotis Ioannidis, Christos Mandas y Georgios Vagiannidis, que forman parte de una estructura que comienza a tener cada vez más jugadores con experiencia en el fútbol europeo. En paralelo, nombres como Tzolis, Karetsas, Konstantelias, Tzimas y Mouzakitis representan el recambio.
Grecia tiene un promedio de edad de casi 26 años, una cifra que refleja la combinación entre una camada joven que empieza a ganar protagonismo y futbolistas con mayor recorrido.
Los números detrás de las nuevas figuras griegas
El crecimiento tampoco se explica solamente por los montos de las transferencias, sino por lo que aportan los jugadores desde su lugar para construir un equipo.
Christos Mouzakitis, uno de los jóvenes surgidos del Olympiacos, se destaca por su participación en la construcción del juego y por su capacidad para aparecer en zonas ofensivas.
Christos Zafeiris sobresale por su juego bajo presión y su participación en la recuperación. Tzolis, además de su producción goleadora, aparece como un futbolista capaz de generar ocasiones para sus compañeros.
En el caso de Karetsas, sus registros reflejan su capacidad para avanzar con la pelota y superar rivales en el uno contra uno. Konstantelias presenta números destacados en diferentes métricas ofensivas, mientras que Tzimas combina potencia física, velocidad y presencia en el área.
Son perfiles diferentes, pero tienen algo en común: todavía están en una etapa temprana de sus carreras y ya consiguieron llamar la atención fuera de Grecia.
Una selección que vuelve a competir
Ivan Jovanovic asumió el desafío de convertir ese potencial individual en un equipo capaz de competir nuevamente en el ámbito internacional. En desempeño en la Nations League demostró que Grecia puede enfrentarse de igual a igual con selecciones de mayor recorrido.
El propio entrenador serbio destacó la importancia de darle lugar a esta camada y de acompañar su crecimiento junto a futbolistas de mayor experiencia. “Estos jugadores son el futuro del fútbol griego y, por nuestra parte, debemos darles todas las oportunidades para que, a través de las experiencias que adquieran y de la colaboración con jugadores más experimentados, tengan la oportunidad de representar al país en los próximos años”, expuso el DT en marzo.
La victoria ante Alemania fue el golpe más fuerte, pero el partido frente a Países Bajos aportó otra señal. Grecia tuvo un primer tiempo de alto nivel, consiguió una ventaja de dos goles y mostró recursos para jugar de igual a igual ante uno de los rivales más importantes del grupo.
Después llegó la reacción neerlandesa y el conjunto heleno no logró sostener lo que había construido. El 2-2 dejó expuesta esa diferencia entre lo que el seleccionado heleno ya puede hacer durante determinados pasajes y la regularidad que todavía necesita conseguir.
Pero el resultado tuvo otra consecuencia: el equipo quedó arriba de Países Bajos, Alemania y Serbia en el Grupo A2 tras los primeros tres partidos.
El recuerdo inevitable de 2004
Hablar de una nueva Grecia conduce inevitablemente a Portugal. En 2004, el seleccionado dirigido por Otto Rehhagel llegó a la Eurocopa sin aparecer entre los principales candidatos y terminó levantando el trofeo después de superar a algunos de los grandes nombres del continente.
Aquella generación construyó su éxito alrededor de una identidad colectiva muy marcada. La actual todavía está en otra etapa.
La diferencia es que ahora Grecia vuelve a tener una camada que despierta interés en los principales mercados europeos. Tzolis llegó al Arsenal; Karetsas y Konstantelias al Borussia Dortmund; Tzimas y Kostoulas ya son protagonistas en el Brighton; Koulierakis pasó por Alemania antes de llegar a Roma; y Mouzakitis aparece como uno de los proyectos surgidos del fútbol griego.
A eso se suma una selección que volvió a conseguir resultados importantes y que, después de mucho tiempo, puede mirar una competencia internacional desde una posición diferente.
La hazaña de 2004 no se puede trasladar automáticamente al presente. Aquella selección escribió una historia irrepetible y la actual recién comienza a construir la suya. Pero hay una razón para que Grecia vuelva a soñar: después de años fuera de los grandes torneos, tiene una generación joven que ya encontró lugar en Europa, jugadores experimentados que pueden acompañarla y un equipo nacional que empezó a demostrar que puede competir con rivales de primer nivel.
El camino recién comienza. Y, por primera vez en mucho tiempo, Grecia vuelve a tener motivos concretos para mirar hacia adelante.
