En medio de todo el alboroto causado por el hecho que Karim Benzema ha elevado su nivel hasta alcanzar el quinto puesto en el ranking de goleadores históricos del Real Madrid, aparte que los recientes tantos marcados por Sergio Ramos lo han convertido en el defensa más prolífico de La Liga de España, existe una estadística importante que ha pasado por debajo de la mesa. A pesar de que tiene que ver con el brillante artillero híbrido del club blanco.
Desde la abrupta partida de Cristiano Ronaldo con destino a la Juventus en el verano de 2018, el Madrid ha alzado tres trofeos. Sería tonto decir que el club ha sido un desastre tras la salida del astro portugués. Sin embargo, se ha extendido la percepción de una presunta correlación directa entre el egreso de CR7 de la plantilla y que el Madrid se convirtió súbitamente en un equipo de mortales en la competición que han dominado férreamente en la historia reciente: la Champions League. Tampoco fueran durante la temporada anterior un club meramente competitivo en la pelea por el título del circuito español.
Desde que Cristiano hiciera maletas y sumara una nueva camiseta a su colección, ha existido la sospecha (llevando a algunos a otorgar culpas) de que los jugadores que permanecen en la nómina del Madrid se han encogido tras la ausencia del artillero luso, de que se han sentido reducidos al no contar con ese príncipe que por largo tiempo dominara el área rival. La puerta giratoria de directores técnicos que entran y salen del club han hecho de la Ciudad Real Madrid de Valdebebas y el Santiago Bernabéu sitios de trabajo difíciles, implacables y desagradecidos.
En 2018 Zinedine Zidane dejó la dirección técnica por mutuo acuerdo con la gerencia del club, buscando renovar energías luego de ganar tres trofeos de Champions League. Desde el punto de vista del estratega francés, también implicaba una pequeña advertencia al presidente blanco Florentino Pérez, que parecía decirle: "Si quieres que las cosas sean a tu manera, no la mía, pues tendrás que navegar este barco sin mi presencia".
Julen Lopetegui, quien no disimulaba sentirse miserable, entró y salió en cuestión de semanas tras sustituir a Zidane, provocando que la oportunidad que tenía el técnico vasco de ganar la Copa del Mundo de Rusia como seleccionador de España quedara hecha añicos. Santiago Solari (brillante, expresivo, moderno, tercamente casado con una serie de principios tácticos claros) llegó (para salir poco tiempo después) con la tarea de lograr que el club pudiera salir de unas aguas sumamente tormentosas, para ser desestimado luego que Florentino agotara su característicamente escasa paciencia. Y fue así como volvió Zidane, inicialmente en medio de fuertes dudas con respecto a si una segunda venida del astro francés convertido en exitoso técnico era un movimiento visionario o desesperado producto del desconcierto.
Durante todo este tiempo, con la misma consistencia de un metrónomo, Benzema se puso al plato. A pesar de que le rodeaba una versión futbolística del caos, a pesar de verse súbitamente jugando un rol totalmente distinto a las características "domestique" que adoptó para ayudar a brillar a Cristiano en su puesto como líder del equipo, a pesar de asumir unas nuevas responsabilidades y presión inmensas (rodeado de un mediocampo que sumaba actuaciones de escaso nivel durante la pasada campaña), el artillero galo actualmente ha logrado sumar la impresionante cifra de 52 goles desde que él, y su club, dijeron adiós a su jugador de la camiseta 7 hace casi dos campañas atrás.
Creo que se trata de una hazaña sumamente notable.
Solo hay que detenerse a pensar en ello. Algunos delanteros requieren de tres torneos para siquiera acercarse a dicho total. Benzema lo logró en 93 partidos, lo que representa un promedio significativamente superior a un tanto por cada dos partidos. El hecho de contar con una edad entre 30 y 32 años durante la mayoría del periodo en cuestión y que frecuentemente ha debido actuar como único "centrodelantero", nos cuenta una historia profundamente significativa. Dicho en términos simples, Benzema ha contado con el nivel físico y mental para soportar las pataletas, el acoso, la presión y la ardiente intensidad que vienen con ser goleador clave del Madrid en una cantidad de partidos cercanos a la centena por espacio de dos temporadas.
Ahora revisamos la otra estadística que ayuda a distinguir a esos atacantes que cuentan con "lo necesario" para brillar y pueden ser juzgados como miembros de la elite. Aparte de esos 53 tantos, este Rolls Royce de futbolista malinterpretado, subestimado y que cuenta con cabeza fría también ha aportado la magra cifra de 20 asistencias. Lejos de rendirse ante la presión por no seguir contando a su lado con la incansable sed de goles y triunfos diarios de Cristiano (ni hablar en los encuentros importantes), Benzema ha tenido como misión personal demostrarle a todos dentro de su club cuál es la mejor forma de reaccionar ante las circunstancias adversas. Y si me permiten concentrarme en el juego de Benzema con mayor exhaustividad, solo encontraré aspectos positivos.
Durante las últimas dos temporadas, Benzema no ha disfrutado de la ventaja de tener a su lado un centrodelantero digno de ser denominado de esa forma, bien sea ayudándole, alimentándose de él, que le permita descansar o que le quite la responsabilidad de marcar goles o le compense durante un periodo de sequía para el francés.
En la primera temporada post-Cristiano, el Madrid hizo torpes intentos por largo tiempo de incorporar a sus filas a un verdadero artillero, al punto de contar con Mariano, quien terminó haciendo tres apariciones como inicialista y sumar un total cercano a 400 minutos en competiciones al lado de Benzema. ¿Cómo reaccionó este león nacido en Lyon, quien creció idolatrando al verdadero Ronaldo (el brasileño, brillante y mejor que su tocayo que juega después que él), ante unas circunstancias tan desalentadoras? Generando el segundo mejor total goleador (30) de su estadía de 11 años en el Madrid.
Durante el presente curso, la situación de Luka Jovic ha sido todo un chiste. Los empleadores de Benzema ficharon por €60 millones a un delantero cuyo modus operandi es generar un flujo repetido de óptimos cruces frente al área, desde posiciones avanzadas de extremo a pesar del hecho que el Madrid bajo el mando de Zidane, tiene amplia preferencia por goles producidos a la contra, remates de larga distancia y una muy bien construida deconstrucción con un toque o dos que desborda a una cerrada defensiva rival. No se trata de que el Madrid nunca dispara el balón desde la banda izquierda de la forma tan ansiada por un fornido artillero como lo es Jovic. Solo que esta táctica termina siendo una de las características menos identificables del estilo del Madrid de Zidane.
¿Cuál es el resultado? Jovic termina sintiéndose perdido y, por ende, su adaptación se desacelera al extremo que su entrenador termina perdiendo la fe en él. Nuevamente, Benzema queda desprovisto de un socio en el ataque que le ayude a ganar espacios extras comprometiendo a los defensas, perdiendo así la opción de hacer los remates jugosos o esas jugadas típicas de un 9 tradicional. ¿Es Jovic un jugador capaz de anotar goles y restarle presión a Benzema cuando éste se sienta agotado o fuera de nivel? Olvídenlo.
Todo esto nos hace llegar a un obstáculo más que ha debido enfrentar Karim durante esta temporada.
Parecían existir buenas probabilidades de una entente cordial entre los representantes de las selecciones de Bélgica y Francia en el camerino madridista. Eden Hazard nació para jugar con Benzema. Se llevan bien fuera de la cancha: uno es un tanto más reservado; mientras que el otro es más sociable, que vive la vida con una sonrisa permanente en su rostro y lleno de carisma, describiéndoles respectivamente. Sin embargo, ambos comparten la idea de que el fútbol debe ser hermoso, habilidoso, deslumbrante y divertido.
Hazard llegó al Madrid con cierto sobrepeso, se lesionó y luego demostró, instantáneamente tras su retorno, que se encuentra 100% en la misma onda de Benzema. Todo apuntaba a que el juego de ambos estaba a punto de "hacer clic" hasta tornarse en algo hermoso y elegante hasta que Hazard, por hechos fuera de su arbitrio, volviera a caer lesionado. Ahora que todos volvemos a disfrutar de la acción en la primera división del fútbol español, súbitamente se ha tornado en toda una emoción escuchar esa hermosa música que la dupla logra interpretar en conjunto.
Una demostración de ello fue palpable en el partido contra el Mallorca. Hazard comenzó a correr en su nuevo rol como 10. Entregó el balón desde el mediocampo, sin necesidad de revisar su exacta imagen mental, entendiendo que Vinicius y Benzema se encontraban brillantemente ubicados. Luego que el brasileño se abalanzara a tomar posesión de la esférica, lo que siguió fue un "uno-dos" sensacional: Benzema controló con un pie e hizo un pase con precisión de láser para entregar la pelota a Vinicius, quien hizo un sprint olímpico para desbordar a la defensa del Mallorca. Para los hinchas madridistas, sólo importó el hecho de que Vinicius golpeara el travesaño en vez de anotar. Sin embargo, para el resto de nosotros, amantes del fútbol vivaz, fue un momento tremendamente hermoso.
Pero esa jugada en el partido de la noche del miércoles no se compara con la actuación de Benzema la semana pasada contra el Valencia, cuando dominó el mejor encuentro que he visto en las ligas europeas durante la presente campaña.
Tras haberse alimentado de la limpia asistencia de Hazard para aumentar la ventaja en un cotejo interesante y equilibrado que mantuvo empate sin goles cerca del minuto 60, Benzema tenía bajo la manga el mejor gol de lo que va de temporada de Liga española,
Luego de que Marco Asensio convirtiera un hermoso tanto, celebrando su primer toque de balón en competiciones después de un año de ausencia recuperándose de una lesión, el joven mallorquín emprendió rauda carrera tras un cruce recibido de Toni Kross. Asensio terminó entregándola con optimismo hacia Benzema. Durante su carrera, el protagonista de nuestro relato hizo malabares durante la posesión del balón, con la parte de su botín derecho frente a lo que pretendía ser una intercepción de Hugo Guillamon. Pero Benzema no perdió la compostura, observó que el balón caía ligeramente hacia su pie izquierdo y soltó una contundente volea hacia la esquina derecha del arco cuidado por Jasper Cillessen.
Sigo convencido, e incluso lo dije en directo durante mi comentario del partido, que una demostración de equilibrio gimnástico de semejante calibre, a una velocidad tan vertiginosa y tomando decisiones en cuestión de milisegundos, constituye una proeza imposible para los seres humanos. Quizás lo puedan emular robots ninjas en una especie de futuro generado por computadora. Esa obra de arte futbolística debería tener su espacio dedicado en las galerías del Museo del Prado de Madrid, o el Louvre de París. Así fue de hermoso.
En resumen: si Benzema es un jugador subestimado, no es producto de sus acciones. Se trata de que aquellos que no logran apreciarlo bien deberían conocerlo mejor.
