El 3 de marzo Deontay Wilder venció a Luis Ortiz, mantuvo el título pesado CMB y conservó impoluto su impresionante palmarés: (40-0 con 39 KOs). Este 31 de marzo, Anthony Joshua superó en las tarjetas a Joseph Parker, monarca OMB en la máxima división, sumó ese cinturón a sus diademas FIB-AMB y también mantuvo impoluto su no menos impresionante palmarés: (21-0 con 20 KOs). Las dos oraciones transmiten una sensación clara de contundencia, fortaleza y boxeo incontenible. También generan esa ansiedad de los fanáticos por verlos de una buena vez frente a frente. Pero la realidad, es muy diferente a la que transmiten las palabras.
Ni Joshua ni Wilder son tan impresionantes como los vende la mercadotecnia a su alrededor ni poseen esa fortaleza que sugiere su palmarés. Las últimas peleas de ambos eran ese examen que debían sortear para mostrarnos que "ellos son lo que aparentan ser", pura fortaleza y ninguna debilidad. Sin embargo, ganaron sus peleas pero la que salió derrotada en ambas fue su apariencia. Los dos son "más ruido que nueces" y las expectativas para la pelea de unificación vieron perder el precio de sus acciones de manera dramática. En Joshua y de Wilder hay más debilidades que fortalezas. Joseph Parker y Luis Ortiz, desnudaron esa realidad.
"FACHADA DE CAMPEON Y BOXEO DE NOVATO"
"Una sola imagen vale más que mil palabras", dice una vieja premisa publicitaria que perfectamente aplica al fenómeno Anthony Joshua. Tiene imagen física, carisma mediático y discurso de campeón. Eso quedó claro en su última presentación digna de un premio cinematográfico. Un estadio de fútbol repleto de fanáticos es, además, un marco perfecto para completar esa imagen. El resto, la parte menor de la fiesta, es el evento deportivo, la pelea del ídolo con la victima de turno. Y allí se cayó el invento.
Ante un rival que solo llegó a sobrevivir como Parker, Joshua demostró todas sus limitaciones técnicas, su inexplicable cautela ofensiva, sus temerosos retrocesos al mínimo amague ofensivo de su rival y lo peor de todo, su falta de contundencia en la que hasta ese día era su mayor virtud, la pegada.
Joshua a esta pelea llegó más liviano, con la idea de completar los 12 asaltos - si fuera necesario - sin agotarse y con "combustible en el tanque". El cardio se notó agradecido, pero la pegada demoledora en otras peleas brilló por su ausencia. ¿Que faltó o que "le faltó" al británico?, no lo sabemos. Pero sí sabemos que sus golpes de poder a Parker no le hicieron ni cosquillas. El neozelandés terminó con el rostro impecable y la única herida que sufrió nació de un golpe de cabezas.
A este Joshua de aspecto impresionante, sus detractores siempre le cobraron el hecho de que su récord fuera construido a partir de una lista de derrotados de segundo y tercer nivel, que en la mayoría de los casos subieron a enfrentarlo, asustados y noqueados de antemano. La primera prueba de verdad para Joshua, ocurrió en la pelea diecinueve, ante Wladimir Klitschko que a la misma llegó con cuarenta años y cargando un oxido de casi dos años sin pelear. Todos recordamos el sufrimiento de Joshua que fue a la lona en el sexto asalto y estuvo a punto de perder por la vía rápida.
Esa pelea tuvo dos lecturas. En principio, pudo ser considerada una victoria épica, que mostraba la capacidad del británico de sobreponerse a un angustioso momento adverso en la pelea. Sin embargo, colocando aquella pelea en perspectiva junto a la pobre actuación ante Parker, la realidad nos muestra otra cosa. Joshua es limitado técnicamente y carece de ese coraje al que recurren los campeones para arriesgar cuando se ven exigidos o para demostrar por cual razón son los mejores. Mostró un exceso de cautela a la hora de proteger su barbilla, como dando razón a quienes lo señalan como un campeón de "barbilla de cristal" y junto a esa constatación, dejó en entredicho el verdadero poder de su pegada. Demasiadas debilidades y ninguna fortaleza, obligan a cambiar la narrativa sobre el "fenómeno Joshua".
"MUCHA PEGADA, PERO BOXEO TORPE Y PREVISIBLE"
A Wilder los detractores siempre le reclamaron lo mismo que le exigieron a Joshua, "que enfrentara rivales de calidad, de primer nivel, que le permitieron probar su boxeo". En parte tenían razón y en parte estaban equivocados. Es verdad que, excepto Bermane Stiverne, Wilder fue construyendo su impresionante record de noqueados venciendo a rivales de segundo o tercer nivel. Pero es verdad también que - al contrario de Joshua -, Wilder sí pidió las grandes peleas, no rehuyó enfrentar a quien fuera y sabido es que esas grandes peleas se fueron cayendo una a uno debido a una curiosa coincidencia: sus rivales fallaron los exámenes anti doping.
El cubano Luis Ortiz era ese rival que nos permitiría tener una lectura adecuada del boxeo de Wilder. Conocer el alcance de sus fortalezas, su verdadero manejo técnico, lo acertado o errado de su movilidad, sus capacidades defensivas, su poder de asimilación y también ratificar ante un rival complicado la efectividad de su pegada. Apenas nos demostró esto último (la pegada) y con reservas. En lo demás le otorgamos nota cero y quizás seamos demasiado generosos.
Ante un rival de buena técnica como Ortiz, pero que en absoluto es la octava maravilla, al que el exceso de tonelaje le reduce movilidad y la edad (39 años) le rebaja posibilidades en la pelea larga, lo de Wilder por momentos fue patético. Su boxeo fue torpe desde lo técnico, limitado al extremo en su manejo de piernas y defensivamente demostró que ante un rival verdadero, su bloqueo es una barrera de papel.
Altura y distancia son el único secreto que le suele librar de los golpes peligrosos, a lo que se suma la única certeza que hasta hoy sobrevive en el análisis a su boxeo: la pegada. Ese poder, le ha permitido noquear uno a uno a todos sus rivales, excepto la primera pelea con Stiverne donde, el haitiano lo peleó en serio. La segunda fue una tragedia de circo, olvidable e imposible de calificar.
Ante Ortiz, sus golpes conmovieron primero al cubano y en décimo episodio, lo aniquilaron. Ese KO permite tapar la pobre demostración del campeón CMB y el elogio a su contundencia, infelizmente, impidió otorgarle el protagonismo a todas sus debilidades.
"DEBILIDADES VS. DEBILIDADES"
De los principales títulos del boxeo profesional a nivel universal, tres de ellos (FIB-AMB-OMB) están en poder de Anthony Joshua y el restante (CMB) es propiedad de Deontay Wilder. La pelea entre ambos es un evento que responde a la lógica de lo obvio. Sería ridículo y netamente anti popular seguir evitando ese combate. Al menos, desde lo estadístico, estamos frente a dos campeones formidables y espectaculares. Es natural querer verlos frente a frente, pero las condiciones de esa posible pelea ahora son otras.
La pobre calidad boxística que los dos demostraron en sus últimas peleas, le dio un baño de realidad a las expectativas. No se puede ni por asomo imaginar una gran batalla, las emociones pasaran apenas por el morbo de ver quien puede noquear a quien, a partir de las endebles barbillas que todos sospechamos que ellos tienen, acertar sobre cuál de los dos cometerá menos errores defensivos, cuál de los dos conseguirá mejores aciertos en sus combinaciones o cual de los dos arriesgará animándose a invadir la corta distancia del rival.
Ocurre que los dos son malos en lo técnico, pero en ese rubro Joshua parece ser "el menos malo", mientras que en la pegada los dos en teoría tienen poder, pero lo último nos enseñó que en ese estamento apenas Wilder sería el "menos malo".
Joshua y Wilder se cree que habrán de enfrentarse sobre el final del presente año o comienzos del próximo. Pero ya no será aquella pelea de ensueño que todos imaginábamos hace apenas un mes. El mayor atractivo será ver los cuatro cinturones universales de la división superior en una sola pelea y el menor atractivo será ver ese combate sabiendo que predominaran las debilidades y ganará el que menos exponga las propias. ¡Vaya!, que decepción anticipada.
