En un abarrotado Estadio de Cardiff, Inglaterra y en una insípida pelea de pesos pesados, Anthony Joshua venció por decisión unánime al campeón OMB, el neozelandés Joseph Parker, y se consagró como triple campeón de una división que en su mejor noche, mostró su peor cara, la del aburrimiento.
Joshua respetó en demasía el poco peligro que representaba Parker y Parker le tuvo demasiado respeto al poder –esta vez ausente– del británico.
Joshua una vez más dejó esa sensación de invento del marketing, especialmente por su diatriba de empresario exitoso al final de la pelea y esa presentación de premio cinematográfico que precedió al combate.
Ahora, en lo más importante, la exhibición boxística y la expectativa que despertaba esta unificación, los dos quedaron en deuda. Fue una fachada espectacular digna del primer nivel, pero, al final del día, nos dieron un show de cuarta categoría.
Pero vamos a tratar de explicar lo que vimos al cabo de los 12 asaltos.
Joshua, sin distancia; Parker, sin tomar riesgos
En lo previo imaginábamos una pelea excitante, con Parker jugándose en la corta, buscando el intercambio callejero para llegarle a la barbilla de Joshua. Imaginábamos, a su vez, al británico con mayor velocidad, arriesgando con su combinación estrella, es decir, el jab de izquierda y la recta poderosa de derecha buscando el KO. Al fin de cuentas, por algo llego más liviano a esta pelea. Eso imaginábamos, pero no ocurrió.
Ambos llegaron con una misma estrategia: “el plan del mínimo riesgo”. Joshua, quien físicamente se asemeja a un héroe de alguna película de Marvel, implícitamente reconoció sus debilidades, asumió sus limitaciones boxísticas, dejó la sensación de que es sólo fachada y hasta colocó en tela de juicio el poder de su pegada. Parker es fuerte, asimila mucho, pero nunca le vimos antes una presentación extraordinaria y llegaba como la victima propicia, o sea, llegó sabiendo que iba a perder. Cualquier otra cosa era una sorpresa y por ello, tal vez, se conformaba con llegar a los 12 asaltos.
El primer tramo de la pelea enseñó lo que veríamos durante los 12 asaltos. Joshua lanzando poco, errando o abanicando en el aire esos pocos golpes, sin salir de la seguridad de su distancia, marcando su territorio con el jab y esperando, siempre esperando, un error de Parker para colocarle algún golpe de poder que lo pudiera lastimar.
El neozelandés no arriesgó en apurar el intercambio. Cuando daba el paso adelante, Joshua daba el paso atrás, cuando retrocedía para contragolpear, el británico no le daba distancia. Pero que eso Joshua prefería amarrar desde su distancia o colocar el jab a la zona media por temor al contragolpe.
En el quinto, salimos por un instante de la modorra cuando Parker sorprendió a Joshua con una potente derecha en recta a la cara y en ese mismo asalto, el británico logró de casualidad encontrar la cara de Parker con un jab. Al siguiente round, ambos llegaron poco menos que a llevarse al otro por delante y se enfrascaron por unos segundos en una refriega de golpes errados y abrazos contra las cuerdas. Fue sólo eso, enseguida regresaron al boxeo anodino y sin efectividad.
Al final de la pelea estaba claro que la estrategia era esperar un error del contrario para colocar algún golpe decisivo por parte de Parker. En el caso de Joshua, el asunto era llevar la pelea. En Inglaterra y por puntos es misión imposible vencerlo y él lo sabe.
A esa altura del combate, los dos jalaban aire, aunque el que peor se veía era Parker, tal vez la bajada de peso favoreció efectivamente el cardio de Joshua.
La segunda mitad de la pelea fue peor que la primera
Hasta el sexto asalto, uno podría imaginar que las precauciones y la cautela de Parker eran parte de un plan: cansar a Joshua y apurarlo en la segunda mitad del combate. Pero no fue así. Luego del sexto, ambos fueron más cuidadosos que nunca. Joshua colocó algunos ganchos aprovechando los amarres, mientras que Parker intentó tímidamente con el doble jab romper l
a distancia “sin entrar a la distancia”.
Para el décimo episodio, el neozelandés ya estaba sin piernas y acusaba un corte sobre el ojo izquierdo.
Esos asaltos mostraron a Joshua en cámara lenta, con actitud ofensiva y cortando el cuadrilátero, pero “de lejitos”, sin arriesgar de verdad y sin ningún tipo de efectividad en las pocas oportunidades en que Parker le permitió el golpeo contra las cuerdas. Así llegaron al final y como era de esperar la victoria en las tarjetas fue abrumadora para el británico, hasta por diferencias exageradas.
De los aspectos que deben marcarse a la hora de entender las tarjetas de los jueces hay que indicar que, en términos de actitud ofensiva, Joshua fue el que marcó el ritmo del combate. Por más que lo hizo a conveniencia, sin arriesgar y sin dominar la pelea, sólo controló el cuadrilátero, no puso presión, no tuvo secuencia de golpeo, erró mucho y retrocedió mucho cuando lo atacaron.
Parker tampoco hizo gran cosa, aunque de todas formas cerró bien algunos asaltos, tuvo un cuerpeo excelente a la hora de pasar golpes y conectó el mejor golpe de la pelea, en el quinto episodio. Y nada más. Bajo ese panorama, los jueces premiaron con exageración al dueño de la fiesta: Steve Gray 118-110, Ian Scott 119-109 y Steve Weisfeld 118-110, todos a favor del británico.
Tampoco el referí tuvo alguna influencia en el trámite de una pelea tan aburrida. Giuseppe Quartarone no tuvo mucho trabajo, no obstante, se mostró con la cinta en el guante de Joshua que colgaba peligrosamente en dos asaltos, hasta que el propio boxeador pidió parar para resolver el problema.
En mi tarjeta personal, también vi ganar a Joshua, aunque también pudo ser empate. ¡Vaya! Hubiera sido el mejor final. No era fácil para un observador independiente decidir un vencedor con tan poca cosa mostrada por los dos rivales. La mejor actitud ofensiva, algún golpe acertado, un mejor cierre del asalto o la pura apreciación que premia algo, como por ejemplo, pudo ser un asalto con buen desempeño defensivo, ejemplo el cuerpeo acertado de Parker.
Al británico le vi ganar los asaltos 1, 2, 3, 7, 8 y 10. A Parker le di el 4, 5, 9, 11 y 12 mientras que el 6to. pudo ser para cualquiera. De todas maneras, mi conteo es parte de la anécdota, Joshua en casa sólo podía perder si lo noqueaban y ya vimos que con ese boxeo, Parker ni en la imaginación podría conseguirlo.
En lo que interesa de las conclusiones finales, lo de Joshua deja muchas dudas sobre su verdadero potencial. No olvidemos que en toda su carrera sólo había ganado una pelea de verdad, a un Wladimir Klintschko cuarentón y que estuvo a punto de dormirlo temprano.
Esta era su segunda prueba sólida y no mostró nada que lo haga merecedor de tres cinturones universales (AMB, OMB Y FIB). Este desempeño, quizá, demuestra esas pocas ganas de enfrentar sin especulaciones a Deontay Wilder y las dudas enormes que ahora quedan del verdadero poder de su pegada.
Hasta hoy, Joshua ha subido al ring poderoso, por encima de las 250 libras y ha sido una máquina demoledora que noqueó a todos los rivales. Contra Parker cambió de plan, llegó más liviano, se vio más vulnerable, abusó del boxeo cauteloso y sus golpes al neozelandés no lo hicieron ni cosquillas. El triple campeón de la división pesada, le mostró al mundo todos sus cinturones y se vanaglorió de ser el número uno.
No dudo que del show circense que lo entronizo en el Principality Stadium de Cardiff se haya retirado como tal, pero en lo que interesa en su demostración boxística, la única imagen que nos dejó su desempeño es de un “Popeye que le retiraron la espinaca”.
Ojalá, mejore para la próxima.
