LOS ÁNGELES – Transcurría el otoño de 1981 y Magic Johnson no estaba contento. Su equipo de Los Angeles Lakers acababan de conseguir cinco partidos consecutivos y, sin embargo, Johnson se sentía limitado por la nueva táctica ofensiva que acababa de implementar el técnico Paul Westhead.
Westhead se reunió con su base estrella con respecto a lo que éste denominó “falta de concentración”, según un artículo de la revista Sports Illustrated. No terminó de forma positiva porque, dentro del vestuario después de la reunión, Johnson dijo a los medios de comunicación que no podía seguir jugando bajo el sistema de Westhead y que deseaba ser canjeado.
Se le pidió a John Rockwell, amigo cercano del Dr. Jerry Buss, dueño de los Lakers, que consiguiera una solución que no implicara dejar ir al conductor del espectáculo que era el juego de los Lakers en aquella época y que fuera apropiadamente apodado “Showtime”.
“Fui con Jerry y él me dice: ‘Pues bien, eso no es problema’”, recordó Rockwell en una entrevista reciente con ESPN. “Me dijo: ‘Sólo despide al entrenador’. Entonces, eso fue lo que hizo. Realmente me sorprendió, pero Magic era muy importante para el equipo”.
Quizás no exista mayor ejemplo del incondicional compromiso que asume los Lakers con su sistema de estrellas que la claridad mostrada por Buss al elegir a Johnson en vez de Westhead.
No hubo duda. Westhead fue cesanteado a la mañana siguiente cuando el equipo regresó a Los Ángeles, a pesar de contar con tres años y más de $1 millón pendientes en su contrato. Pat Riley asumió el puesto de entrenador jefe y el resto es historia.
El resto es historia porque Johnson hizo su trabajo en la cancha y ganó campeonatos. Ese es el otro lado que implica el darles a las estrellas todo lo que desean, o lo que creen que desean, con el objetivo de ser felices. Más vale ganar lo suficiente a fin de que toda la consideración especial valga la pena.
Kobe Bryant podía dictar cuándo y por cuánto tiempo iba a jugar, practicar o pasar el balón a sus compañeros porque éste salía a la cancha y llevaba al equipo a la victoria. Y a medida que envejecía, los hijos de Buss recompensaban apropiadamente a Bryant por los cinco campeonatos que le consiguió a la franquicia con un contrato por dos años y $48.5 millones, a pesar de recuperarse de una lesión en un tendón de Aquiles, de la misma forma cómo Buss había remunerado a Johnson.
Debido a su experiencia lidiando con súper estrellas y todo el bagaje que traen consigo, quizás no había mejor franquicia para que LeBron James jugara sus años dorados que los Lakers.
Saben cómo gestionar a las súper estrellas. Y en esta etapa de la carrera de James, con tres campeonatos, ocho apariciones consecutivas en las Finales de la NBA y negocios y perfil político en surgimiento fuera de la cancha, James es una estrella trascendental. Por ello, los Lakers estaban preparados para hacer lo que fuera con el fin de que James estuviera contento.
James no quería tener una conferencia con los medios de comunicación en Los Ángeles antes de inaugurar su Escuela Promise en Akron, Ohio. Los Lakers estuvieron conformes.
LeBron conversó con Johnson sobre la posibilidad de conseguir creadores y jugadores conocidos por su rudeza, lo cual resultó efectivamente en un roster carente de enceste y capacidad de crear espacios en la cancha. Los Lakers salieron al mercado y consiguieron jugadores que cumplían con el perfil… dispuestos a firmar contratos por un año.
Johnson dijo que los Lakers no querían armar un equipo similar a los Cavaliers de Cleveland para satisfacer a James. Sin embargo, James se encontró nuevamente en una posición de dominio; si bien no contaba con los encestadores que lo rodearan con el fin de crear espacios en la cancha y abrir canales para aprovechar su capacidad precisa en los pases, tal como lo hizo en Miami y Cleveland. Magic tenía razón: no ha sido igual a Cleveland. Los Lakers tienen el puesto 22 en eficiencia ofensiva esta temporada con el roster que logró armar.
No obstante, todo pudo haber funcionado si James no se hubiese lesionado el día de Navidad para ausentarse en 18 de los siguientes 19 partidos. James comenzaba a conseguir su ritmo con este nuevo elenco en Los Ángeles. El equipo comenzaba a tener salud y mostrar suficiente consistencia con el fin de desarrollar una identidad.
Obviamente que James se lesionó. Y casi todo lo que ha ocurrido desde entonces ha sido un desastre.
Después de la derrota 113-105 sufrida a manos de los LA Clippers en la noche del lunes, parece cada vez más probable que los Lakers quedarán eliminados de los playoffs por sexta temporada consecutiva. Se trata de un destino que James no ha tenido desde su segunda campaña en la NBA y no ha expresado algo distinto al disgusto cada vez que se le pregunta al respecto.
Pocas semanas atrás, James se dirigió a los reporteros de medios locales que cubren el equipo para intentar explicar que no lo conocían lo suficiente como para comprender que él no toleraba perder de esta forma. Luego, se dirigió a Dave McMenamin de ESPN, quien cubrió los cuatro últimos años de James en Cleveland, en busca de cierta comprensión, diciendo: “Dave me conoce”.
James tenía toda la razón. Los Lakers lo trataban al igual que a cualquiera de las súper estrellas que han vestido la camiseta morada y dorada; pero la organización, sus aficionados y jugadores no lo conocían bien. Sólo conocían lo que James había hecho por Cleveland y Miami. Contaba con poder en los sitios en los cuales consiguió campeonatos.
Aquí, en Los Ángeles, sólo contaba con expectativas que cumplir o fallar.
Si hubiera ganado antes aquí o de haber adoptado la ciudad tras su llegada, quizás habría algo de comprensión. Pero aquí tenemos un ejemplo patente de los aspectos negativos que surgen cuando una súper estrella se incorpora a una franquicia en esta etapa de su carrera y efectivamente no logra despegar.
“No había formado parte de una temporada con esta (cantidad) de lesiones sufridas por nuestros jugadores clave”, expresó James. “Así ha sido esta temporada”.
James y los Lakers realmente nunca lograron entenderse antes de que todo se derrumbara. Y una vez ocurrido esto, James fue incapaz de hacer algo que se acercara a lo suficiente a fin de detener la caída.
Es difícil recordar lo bien que se veían los Lakers y James antes de que éste sufriera una lesión inguinal en un cotejo contra los Golden State Warriors el pasado 25 de diciembre y las ruedas salieran de la carreta. Cuando termine la temporada y se hagan evaluaciones sobrias al respecto, quizás ese elemento repercuta en las decisiones con respecto a los pasos a tomar con miras al futuro.
Pero en estos momentos, todo parece ser una serie de traspiés y mala suerte en la cual todos comparten algún grado de culpa.
Está la fallida búsqueda de Anthony Davis que dejó a la mitad de los miembros del roster preguntándose si James, la gerencia de los Lakers o ambos aún deseaban contar con ellos. Ese fue un golpe auto infringido del cual parece que el equipo nunca pudo recuperarse.
También tenemos las lesiones sufridas por Rajon Rondo y Lonzo Ball que los mantuvo fuera de acción por largos periodos de tiempo; las molestas dolencias de Tyson Chandler, Brandon Ingram, Kyle Kuzma y Josh Hart y los canjes de Mike Muscala y Reggie Bullock (¡encestadores esperados por largo tiempo!) que aún no han rendido algún dividendo real.
Los Lakers ostentaron récord de 6-12 en los 18 partidos en los cuales James no estuvo presente. Desde su retorno, tampoco han podido mejorar mucho y ahora han caído en nueve de sus 12 encuentros más recientes. James sigue encaminado a recobrar su mejor forma física después de haber sufrido la lesión más seria de su carrera y esto se ha manifestado, especialmente del lado defensivo de la cancha.
Antes del día de Navidad, los Lakers tenían rating defensivo de 104.5 cuando James estaba presente en la cancha. Desde entonces, los Lakers ostentan rating defensivo de 111.9 con James en acción.
Desde su regreso tras la lesión, los Lakers cuentan con rating defensivo de 109.6 con James en la cancha en cuatro victorias. Por el contrario, el rating defensivo de los Lakers con James jugando en las ocho derrotas es de 113.1.
Quizás no haya sido una decisión estrictamente deportiva la tomada por James de incorporarse a los Lakers. Sin embargo, el baloncesto sigue siendo su principal empresa y un fracaso de este tipo no repercute bien en sus intereses. He allí el lado negativo de comprometerse de forma tan plena a un sistema de estrellas cómo lo hacen los Lakers.
“Somos una liga de ganar o perder”, afirma James. “Y de eso se trata. Hemos tenido cosas positivas. Hemos sufrido muchas cosas negativas, obviamente, que repercuten en nuestro juego. Pero, al final del día, estamos en una liga en la cual dependemos de los resultados. Entendiendo por resultados la cantidad de triunfos que puedes acumular durante el transcurso de una temporada, por ello, hay que asumir lo bueno y lo malo y seguir esforzándose y avanzar”.
Si bien no se pueden atribuir los fracasos a una persona en particular, James, Johnson y el gerente general Rob Pelinka tendrán que asumir gran parte de las responsabilidades. El entrenador Luke Walton podría perder su puesto debido a ello.
De todos modos, la mayoría del roster no iba a regresar el próximo año, considerando la insistencia del equipo en contratar jugadores sólo por un año con el fin de preservar espacio dentro del tope salarial para adquirir a una segunda estrella este verano. Sin embargo, hay que asumir que se producirán cambios a mayor escala dentro del roster, como consecuencia de la gran decepción que ha sido la actual temporada de los Lakers.
