El nuevo sistema de aprons favorece el equilibrio competitivo, pero obliga a las franquicias a desprenderse de jugadores identificados con sus proyectos.
Lu Dort, jugador defensivo por excelencia de Oklahoma City Thunder, es enviado a Atlanta Hawks en un traspaso a tres bandas. Los Knicks, últimos campeones, se desprenden de Mitchell Robinson antes de que su contrato comprometa la flexibilidad futura. Victor Wembanyama, figura de San Antonio Spurs, renuncia a unos 51 millones de dólares en las siguientes cinco temporadas al firmar una extensión máxima sin los incrementos que podían elevar su salario inicial del 25% al 30% del tope salarial.
Boston Celtics, campeones en 2023-24, se ven obligados, con su nuevo dueño Bill Chisholm, a desprenderse de Jrue Holiday y Kristaps Porziņģis, elementos clave en la conquista del trofeo Larry O'Brien, lo que les permitió ahorrarse casi 300 millones de dólares en impuestos por su superar el segundo umbral (apron) de límite salarial.
Jalen Brunson deja sobre la mesa $113 millones de dólares (a un promedio de $28.25 millones por temporada) tras firmar su extensión de contrato en 2024 con New York Knicks, con el objetivo de que la franquicia tenga flexibilidad salarial para rodearlo con mejores jugadores. Un año y medio más tarde, las calles de la Gran Manzana se tiñen de azul y naranja festejando un título que se negaba hace 53 años.
¿Qué tienen en común estas decisiones? Básicamente, la interpretación del modelo financiero adoptado por la NBA tras el último convenio colectivo de trabajo. La búsqueda de la flexibilidad salarial, el escape a tiempo de contratos a modo cerrojo, permite movimiento a tiempo en los planteles, pero al mismo tiempo lastima un intangible que construye identidad: no hay que encariñarse demasiado con los jugadores porque hoy están y mañana seguramente no.
No es un tema deportivo. De hecho, tiene una explicación financiera. Pero hay algo que es importante conocer: ya no alcanza con elegir bien, desarrollar jugadores o construir con paciencia. El modelo de coleccionar picks de Draft que dio a conocer al mundo Sam Presti en Oklahoma City, y que dejó atrás la era del Big Three, tampoco es una solución definitiva. Se gana tiempo, claro, pero también se construye una bomba que, si no se toman decisiones oportunas, tarde o temprano terminará por explotar. Este ejercicio de precisión quirúrgica, siempre con la calculadora en la mano, vuelve cada vez más difícil sostener una dinastía. Desde que Golden State Warriors repitió el campeonato en 2018, la NBA tuvo un campeón diferente en cada temporada. El nuevo convenio no originó por sí solo esa tendencia, pero fue diseñado para profundizarla.
¿Casualidad o causalidad? No existe una única explicación, pero el rumbo elegido por la liga está claro.
¿Qué son los aprons y por qué se evitan a toda costa?
El nuevo sistema de dos aprons o límites salartiales tomó forma con el Convenio Colectivo de Trabajo firmado en 2023 entre la NBA y el sindicato de jugadores. El primer apron ya existía como una línea vinculada al límite duro, pero el acuerdo incorporó el segundo y amplió considerablemente las restricciones deportivas para las franquicias con las nóminas salariales más elevadas.
La razón de su creación es que se pasó de un castigo solo económico a un castigo también deportivo. Quien quiera pagar de más, también afrontará cerrojos para inmovilizar el plantel. La creación desalentó a los equipos con propietarios muy ricos a que solo pagaran un impuesto de lujo y mantuvieran rosters extremadamente caros durante años. Esto obligó a tomar decisiones financieras para administrar mejor los recursos y los gerentes generales inteligentes y veloces con los números pasaron a ser tan importantes como un jugador franquicia.
Empecemos por el tope salarial. La NBA lo tiene valuado en 164.9 millones de dólares. Es lo que se puede gastar, pero no es rígido al cien por cien, de hecho muchos equipos competitivos lo superan. Aquí empiezan a verse las excepciones para fichar: herramientas como derechos Bird sobre sus propios jugadores, contratos mínimos, excepciones de nivel medio, etc. La línea del impuesto de lujo se ubica en 200.4 millones de dólares. Cuando una franquicia la supera, comienza a pagar una penalización creciente. Si permanece por encima durante temporadas consecutivas, entra en la categoría de contribuyente reincidente y el costo aumenta.
Y es aquí donde aparecen los aprons. Son dos. El primero está apenas alrededor de $8.5 millones por encima de la línea del impuesto ($209 millones). Desaparecen algunas herramientas para construir el plantel: no puede recibir más salario del que envía en un traspaso, no puede recibir un jugador mediante un sign-and-trade, pierde la excepción de nivel medio para no contribuyentes (en 2026-27 está tasada en $15 millones), no puede utilizar la excepción bianual, y tiene restricciones en el mercado de jugadores cortados. Básicamente, la gerencia empieza a atarse de pies y manos para moverse en el mercado.
Con el segundo apron, la cosa es bastante más rígida. Se acumulan todas las anteriores y aparecen algunas más complejas. Por ejemplo, una franquicia no puede juntar varios contratos para traer uno. Ejemplo: una franquicia puede enviar un jugadorde $12 millones, otro de $8 millones y otro de cinco para recibir a cambio un contrato de $25 millones. Un equipo por encima del segundo apron no lo puede hacer: cada contrato saliente debe funcionar individualmente para hacer coincidir la operación.
Además, no se puede utilizar la excepción de nivel medio para contribuyentes (taxpayer mid-level exception, que en 2026-27 es de $6.064 millones), no se puede enviar dinero en un traspaso, no se pueden utilizar algunas excepciones creadas en un sign-and-trade y una que pocos saben: se recibe una penalización relacionada con el Draft si se termina la temporada por encima del segundo apron. ¿Cómo es eso? Su primera ronda ubicada siete Drafts hacia adelante queda congelada y no puede utilizarse en un traspaso. En 2026, por ejemplo, la penalización alcanzaría al pick de 2033. La franquicia conserva la elección, pero pierde la posibilidad de utilizarla como activo de mercado. Si vuelve a superar esa línea en dos de las cuatro temporadas siguientes, el pick será enviado al final de aquella primera ronda, independientemente de su récord.
Las dinastías ya venían desapareciendo antes de la entrada en curso del nuevo convenio: desde que Golden State repitió en 2018, la NBA tuvo un campeón diferente en cada temporada. Los aprons no originaron por sí solos esa tendencia, pero parecen diseñados para profundizarla.
El ajuste empieza alrededor de las estrellas
El Thunder liberó tres jugadores en este mercado, porque además de Dort, se fueron Aaron Wiggins, también a Atlanta, e Isaiah Joe a Detroit Pistons. Con esta movida, bajaron más de 200 millones de dólares a futuro al escapar del segundo apron. "Fue una decisión financiera. Los ahorros generados este verano, así como los derivados de no haber pagado el impuesto de lujo durante los últimos años, se destinarán a futuros equipos", dijo Presti a The Oklahoman.
Por supuesto, lo que empezó el Thunder fue emulado por muchos equipos, entre ellos los Spurs, finalistas de la pasada temporada, que tuvieron la fortuna de enlazar a Wembanyama, Stephon Castle y Dylan Harper, aunque se verán obligados pronto a tomar decisiones, por ejemplo, con De'Aaron Fox y su contrato millonario. Para mantener tres jugadores top por varios años, se tienen que tomar medidas con el coro alrededor. San Antonio enfrentará lo que ya vive el Thunder con Shai Gilgeous-Alexander, Jalen Williams y Chet Holmgren. No se puede mantener una estructura para siempre, no lo permite el mercado. Por eso hemos visto una agencia libre tan profunda, y será así de aquí en más.
La decisión de las estrellas, la vía de escape para la continuidad
Quien quiera perseguir la gloria, deberá hacer un sacrificio. Ese parecería ser el mandato actual. Wemby copió a Brunson, su némesis en las Finales pasadas. Será una decisión consensuada, está claro, pero para poder mantener estructuras alguien tiene que ceder. Y no sería descabellado que los jugadores-franquicia sean los que afronten esta decisión, aunque, claro está, no sería un pecado evitar abordar algo así. Cada uno tomará la decisión que crea conveniente, pero hay algo que queda claro: la franquicia, como en el caso de Spurs, puede hablar de cultura, el público puede reclamar pertenencia, la NBA puede promocionar equipos reconocibles, pero la decisión estará en los hombres que decidan dejar dinero arriba de la mesa.
Por otro lado, está el Draft NBA. Elegir entre los primeros trae aparejado un beneficio futuro. El problema salarial va a llegar, pero da cuatro años hasta que la bomba explote en las manos del gerente que toque. Si no hay acuerdo, el jugador disputa su cuarta temporada y puede ingresar luego en la agencia libre restringida y allí es cuando cambia radicalmente un presupuesto. Por esa razón, tener activos jóvenes es ganar tiempo y en las oficinas de las franquicias ven la mecha mucho antes y desactivan el problema antes de que se produzca. Antes el Draft servía para conseguir talento para toda la vida. Hoy la situación cambió bastante y si se desarrolla bien, lo que viene es bueno pero no deja de ser un problema potencial. Hay que saber moverse para no chocar la nave antes de llegar a destino.
En definitiva, el nuevo modelo no está equivocado, pero puede ser una manta corta: favorece la paridad por encima de la fidelidad. Los números por sobre la pertenencia. En la NBA moderna, formar una familia deportiva es posible, pero lo que es complicado es pagarles cuando todos sus integrantes crecen. Las dinastías no desaparecieron, pero será cada vez más difícil armarlas. Un trabajo deportivo, pero también de ingeniería financiera.
De algún modo, se terminaron los equipos de memoria. No te encariñes ni te enamores: lo que fue hasta ayer, quizás deje de existir mañana.
