Fernanda Russo y la postergación de Tokio 2020: "Llegaba muy bien, pero ahora puedo llegar mejor"

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La tiradora argentina Fernanda Russo decidió transformar el mal trago de la postergación de Tokio 2020 en una oportunidad y aprovechar el tiempo extra para afinar su preparación de cara a lo que será su segunda participación olímpica, con tan solo 20 años. "Sentía que llegaba en muy buenas condiciones, pero siempre hay cosas para mejorar y en eso voy a poner toda mi energía", le contó a ESPN.

Fernanda nació en Córdoba, pero a los seis meses sus padres la llevaron a vivir a La Rioja y en esa tierra ancló su gentilicio. "Soy riojana", le gusta aclarar. Con 16 años, fue la deportista más joven de la delegación argentina que asistió a Río 2016 y emocionó al país al quedar entre las 20 mejores del mundo. Consciente de la expectativa y de la responsabilidad que aquel antecedente le imponía para Tokio, la tiradora se hizo cargo y se animó a apostar por sí misma:"Si me acuesto, cierro los ojos y me sincero conmigo misma, siento que es muy posible lograr algo grande. No sé si quedarme con una medalla de oro, pero sí entrar en zona de final".

Sin embargo, a la hora de explicar cuáles son los objetivos que la guían, hace una salvedad: "Es importante soñar, pero las cosas por las que uno trabaja... ¿son solo sueños? Porque si es así, no vale la pena perder el tiempo de tu vida en algo que no va a llegar nunca. Si yo no sintiese que todo lo que estoy haciendo va a dar sus frutos, no lo haría. No se trata de tener una medalla colgada en casa. Si alguien consigue ser campeón olímpico es porque las circunstancias estaban dadas y logró sortear obstáculos de gran complejidad. Yo pienso que haciendo las cosas que hago, puedo llegar eventualmente a ese punto. Puede no ser ahora, pero siempre trabajo para eso y estoy haciendo lo mejor que puedo", explica la tiradora, dueña del bronce individual y del oro en la variante mixta junto a Julián Gutiérrez en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

La apuesta de Fernanda para Tokio es ambiciosa y, como todo gran objetivo en el alto rendimiento, está enmarcada en una gran planificación y un equipo multidisciplinario que trabaja a la par del atleta. "Estoy tratando de tomarlo como una oportunidad e intento tener la cabeza fría. Me senté con todo mi grupo, porque detrás de un deportista hay mucha gente laburando (nutricionista, psicólogo, entrenador, preparador físico, etc), y todos empezamos a pensar cuáles iban a ser los puntos débiles con los que íbamos a llegar este año, para poder enfocarnos en eso a partir de ahora", cuenta la riojana, que siente que a pesar del encierro su rutina debe seguir encaminada. "Sigo entrenando doble turno y estudiando, claro que no es lo mismo hacerlo adentro de mi departamento, pero no aflojo".

Normalmente, Fernanda hace cinco días de trabajo en el gimnasio y trata de al menos estar cuatro días con el arma sobre su hombro tirando en el club. Además, complementa su preparación física deteniéndose en el componente mental: "Voy una vez por semana a mi psicólogo deportivo, Marcelo Roffé. Trabajo en el dominio de presión porque soy una mina muy exigente en todos los ámbitos, compito hasta cuando tomo agua. Además, implemento técnicas de relajación y meditaciones guiadas. Durante la cuarentena, hago las sesiones por videollamada y eso me hace muy bien".

Con respecto al entrenamiento en casa en tiempos de confinamiento, la riojana admite que logró encontrarle la vuelta a estas condiciones extraordinarias que el encierro obligatorio impuso. "Estoy en un departamento de dos ambientes que es bastante amplio. Me pude armar una especie de polígono que tiene entre 8 y 9 metros. Mi distancia para tirar es de 10 metros, entonces no está tan mal", dice con optimismo y explica: "En la competencia nosotros estamos parados detrás de una barrera donde apoyamos los rifles y en la otra punta están los blancos a los que disparamos. Yo me armé un corredor, como mi propia línea en casa, del living al pasillo que va a mi habitación, donde puse un papel con una lámpara abajo para iluminarlo", le contó a ESPN sobre su polígono improvisado.

"Normalmente uso balines, pero ahora solo practico con un simulador, que consiste en un sensor en la punta del caño del rifle conectado a la computadora. Cuando el sensor distingue la diana, interpreta que estás dentro del blanco. No es lo más preciso,pero para mí es un montón porque al menos puedo practicar", valoró sobre su método de entrenamiento casero.

Además de no perder rodaje con el arma en mano, Fernanda destaca la importancia del trabajo físico en su disciplina, aunque sea estática. "Tengo que tener tonocidad muscular de base porque tengo que estar relajada tirando, por eso hago mucho ejercicio isométrico, mucho aeróbico. Aunque estás quieto tenés adrenalina y necesitás resistencia para soportar el peso del rifle y del equipo en un tiempo prolongado de prueba. Ahora estoy en contacto con mi entrenador y hago lo que puedo con lo básico, pero al menos no estoy parada. Relegué la parte aeróbica porque no tengo bici fija ni cinta, pero la verdad es que no estoy tan mal".

Aunque Fernanda intenta concentrarse en sus objetivos personales y deportivos, no está ajena a las consecuencias que la pandemia del COVID-19 provoca alrededor del mundo. "Hay personas que la están pasando muy mal y es banal hablar solo de deporte cuando hay gente que se está muriendo. Todos tratamos de aclimatar nuestros entrenamientos a nuestras casas para no estar parados, pero tenemos que ser conscientes de que este es un momento muy delicado".

Otro objetivo en la mira de Fernanda Russo: la gestión deportiva

Fernanda Russo siempre vivió ligada al deporte. Practicó handball, karate y danza clásica, hasta que encontró su lugar en el club de tiro. Desde entonces, supo que era buena y a las pruebas se remite: con tan solo 16 años formó parte de la delegación argentina que viajó a Brasil a disputar los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Por aquel entonces, todavía estaba en la escuela y recuerda:"Era raro salir en la tele y que me hicieran entrevistas. Me costaba expresarme en las notas, me daba mucha vergüenza, porque además manejaba las mismas inseguridades que cualquier chica de esa edad". El proceso para Tokio 2020 la encuentra parada en otro lugar, muy joven aún, pero con responsabilidades universitarias y viviendo sola lejos de su familia.

"Elegí venir a vivir a Buenos Aires porque para entrenar me convenía y algunas amigas estudiaban acá. Costó convencer a mis viejos porque les daba miedo y la verdad es que fueron difíciles los primeros años, sentí mucho el desarraigo, pero me ayudó un montón a crecer", rememora sobre sus primeros momentos en la ciudad, cuando había llegado con la intención de estudiar Bioingeniería. Sin embargo, sus planes cambiaron y la conectaron con su gran pasión, el deporte, desde otro lugar: "Terminé el colegio con esa carrera en mente porque me gustan las ciencias duras y mi viejo es ingeniero civil. Me gustaba la conexión entre lo biomolecular y la ingeniería, lo que uno siente en el cuerpo pasarlo a una máquina...eso me apasionaba. Pero me costaba mucho, tenía mucha carga horaria y no me pude adaptar. Decidí dejar porque no aguantaba el ritmo y justo ahí una amiga me contó que estaba estudiando Gestión Deportiva".

Según recuerda Fernanda, la carrera que le mencionó aquella amiga le quedó “dando vueltas en la cabeza” porque pensó que tal vez sería parecido a convertir en conceptos aquellas situaciones que le tocaban vivir en su vida cotidiana en el alto rendimiento. Entonces decidió hacer un cambio radical en su formación académica: "Fui y me anoté en Gestión Deportiva porque me gusta el ámbito de la dirigencia, siento que puedo aportar algo en el futuro, desde mi experiencia. Creo que a veces las cosas salen mal porque quienes toman decisiones son personas que no forman parte del deporte y tenés que ser idóneo para opinar, conocer los procesos".

Para Fernanda, es necesario involucrarse para poder impulsar cambios y la mejor manera de hacerlo es capacitándose. "Yo no pienso en mi retiro porque estoy 'muy verde' para eso, pero en el día de mañana me gustaría aportar mi granito de arena para que los deportistas cuenten con las mejores condiciones posibles. Tengo que formarme si quiero estar en el lugar en el que se toman las decisiones. Siendo gestora se abre un campo muy amplio. Y si me animo a soñar en grande, me encantaría trabajar en el Comité Olímpico Internacional algún día".