El tenis hizo su aporte en la cosecha olímpica argentina

BUENOS AIRES -- Ser olímpico es algo muy especial para todo deportista. Y esa máxima incluye a los tenistas, más allá de su condición de profesionales. De hecho, los que vivieron esa experiencia la recuerdan con mucho orgullo y alegría ya que se comparten días inolvidables con los demás atletas, en un clima muy diferente al que conocen del circuito. Ni qué hablar de los que pudieron darse el gran gusto de colgarse una medalla. Precisamente, el tenis, el reconocido deporte blanco, le aportó cuatro preseas a Argentina en la historia de los Juegos Olímpicos, lo que generó mucha emoción para los que se subieron al podio, con Gabriela Sabatini a la cabeza.

En la historia olímpica, el deporte albiceleste consiguió 70 medallas, con el aporte de cuatro de esta disciplina, que fue una de las nueve que abrió el juego allá por Atenas en 1896. Con siete citas en fila, el tenis dio su presente por última vez en aquella primera etapa en los Juegos Olímpicos de París 1924, tuvo una reaparición símbólica, a modo de exhibición, en México 1968, pero recién retornó oficialmente en Los Ángeles 1984.

No participó Guillermo Vilas, tampoco José Luis Clerc, hasta que Sabatini fue la primera gran figura del tenis argentino, en la era abierta al profesionalismo, quien se sumó al movimiento olímpico. Y vaya si le fue muy bien, porque logró la mejor medalla de este deporte en la historia argentina, con la plata ganada en Seúl 1988. Abrió el camino que luego recorrieron los otros colegas de su país que llegaron a un podio olímpico, ya que se quedaron con el bronce Javier Frana y Christian Miniussi en Barcelona 1992, igual que Paola Suárez y Patricia Tarabini en Atenas 2004 y Juan Martín del Potro en Londres 2012.

GABY, LA PIONERA Y LA MEJOR
Con sólo 18 años, Sabatini tuvo su estreno olímpico en Seúl, como atleta y abanderada. Venía de jugar su primera final de Grand Slam: en el US Open fue superada por Steffi Graf, la mejor del mundo, siendo Gaby ya Top 5 del ranking. Con un recorrido alentador, llegó al partido decisivo, pero ya no pudo otra vez con la alemana, quien justo con la victoria que le dio el oro se transformó en el único tenista en la historia, incluidos los hombres, en ganar el Golden Slam, es decir, los cuatro títulos de Grand Slam más el oro olímpico en la misma temporada.

Por eso, el mérito de Sabatini fue mayor en Seúl. Es que únicamente la detuvo la implacable Graf. Con su talento y mucha mano, la porteña permitió que la bandera celeste y blanca volviera a flamear en los Juegos Olímpicos. Fue una de las dos preseas obtenidas por su país en la capital surcoreana, que cortó una racha de 16 años y cuatro competencias olímpicas sin una medalla. Por eso, además, el valor de lo hecho por la mejor tenista que tuvo Argentina fue histórico en muchos frentes. A ella le dolió esa caída, pero con el paso del tiempo aprendió a valorar el significado de ese segundo puesto, irrepetible entre los tenistas argentinos.

EL TURNO DE UN PODIO HISTÓRICO
Cuatro años después, el movimiento olímpico pisó suelo catalán. Y allí, en Barcelona, la delegación argentina no tuvo una buena actuación de conjunto. La excepción, claro está, la aportaron Frana y Miniussi. Fue reconocida por ellos mismos una historia de diferencias, de una relación que no resultó la mejor, algo habitual en casi todas las generaciones en la Copa Davis. El gran éxito de la pareja fue haberse hecho fuerte ante esa situación y los durísimos rivales que se cruzaron para poder lograr un bronce con sabor a más, siendo la única medalla de su país en esos Juegos.

Estos grandes doblistas concretaron en esa cita un triunfo sencillo y luego dos de primera, sobre los franceses Guy Forget y Henri Leconte (tras ir 0-2 en sets) y frente a los suizos Jakob Hlasek y Marc Rosset (estuvieron 1-2 en parciales). Ya en semifinales volvieron a librar la tercera batalla seguida en cinco sets, tras recuperarse de otro 0-2 pero con derrota en el último ante los alemanes Boris Becker y Michael Stich. Por la jerarquía de los adversarios, ese podio de Frana y Miniussi fue realmente bárbaro, un hito en la carrera de ambos.

OTRA DUPLA QUE SE BAÑÓ EN BRONCE
Luego de dos citas olímpicas sin podio del tenis albiceleste, fueron Suárez y Tarabini las que escalaron hasta el tercer puesto en Atenas. Ese año, 2004, fue el mejor en la carrera de Suárez, siendo Nº1 del mundo en la especialidad, ya que con su compañera habitual, la española Virginia Ruano, salió campeona de tres de los cuatro Grand Slam y llegó a semis en el restante, además de estar por única vez entre las cuatro mejores en un Major en singles, en Roland Garros. Justo unas semanas antes de su éxito en el US Open, se destacó formando dupla con Tarabini.

La ajustada derrota en semifinales fue un fuerte impacto para la pareja argentina, ya que la propia Suárez, en su plenitud, quería estar en la gran final. Así y todo, se recuperaron con Tarabini y ganaron el choque por el tercer lugar entre los perdedores de semifinales, algo que no debieron hacer 12 años atrás Frana y Miniussi, ya que por entonces las dos duplas que caían en semis ya se aseguraban el bronce. El plus de este podio fue que Suárez logró convencer de participar a Tarabini, quien con 36 años ya en ese momento estaba retirada de la actividad profesional. Y vaya si el esfuerzo valió la pena.

ENTRE LOS GRANDES, EN LA CATEDRAL
La siguiente medalla, la última que hasta aquí le aportó el tenis a Argentina, fue por obra y gracia de un Del Potro que se codeó con los grandes en el mismísimo Wimbledon. Fue la vuelta de una presea en singles y la única albiceleste obtenida en superficie de césped. Ya con el status de campeón de Grand Slam, gracias a su victoria en el Abierto de Estados Unidos de 2009, estaba recuperado de su primera operación de muñeca, ratificando en Londres que es una figura mundial y por algo ya había sido Nº4 del ranking.

Tras haber caído en octavos de Wimbledon, regresó rápidamente con todo a ese tradicional sitio. Con su potencia dejó afuera a dos Top 20, hasta que jugó un partidazo frente a Roger Federer, en semifinales, donde perdió 19-17 en el tercer set. Para colmo, el suizo estaba otra vez líder del circuito tras su nuevo éxito en el Major londinense. Lejos de derrumbarse, el argentino se mantuvo en gran nivel y superó al serbio Novak Djokovic (2º) para subirse al podio en La Catedral. Por eso, su bronce tuvo gusto a más y dejó un recuerdo imborrable.