VILLAR PEROSA -- Cristiano Ronaldo había jugado clásicos y finales de Champions League, pero nada como Villar Perosa. Su primer partido con la camiseta de Juventus no fue en el Allianz, sino en un sitio de postal, 60 kilómetros al oeste de Turín y a un millón de kilómetros del fútbol moderno.
Juve ha cuidado mucho la privacidad de Cristiano desde que llegó a Turín en plena final del Mundial. Fue visto en un club de golf, en una pizzería y en un restaurante con estrellas Michelín. Pero aparte de eso, el ganador del Balón de Oro no se ha visto más que en las redes sociales de Juventus, al punto que la gente estaba empezando a hablar del pase como si se tratara de una leyenda urbana.
Fue por eso que ver a Cristiano, en todo su esplendor de €117 millones, tuvo un significado emotivo ulterior. Gritos de "¡Grande Agnelli! ¡Grande Agnelli!", acompañaron al presidente del club Andrea Agnelli cuando se dirigía a su sitio en el banco, una señal de gratitud por su participación en lo que Tuttosport describe como "el movimiento del siglo".
Juventus podría haber llenado el Allianz dos veces para el debut de Cristiano, pero prevalecieron la tradición y la identidad sobre la venta de entradas. Puede que Juventus juegue en Turín, pero el espíritu del club reside en este rincón del valle Chisone.
Villar Perosa es el hogar de la familia Agnelli. Y como tal, también es el hogar de Juventus. Entre los árboles que bordean las montañas, el idílico telón de fondo de la cancha del pueblo, se encuentran las moreras plantadas por uno de los ancestros de Agnelli. Se dice que los gusanos de seda que atrajeron estos ejemplares fueron vendidos a fábricas de seda de la región y que el dinero obtenido fue invertido para fundar Fiat. Y, como dicen, el resto es historia.
A la vista de los Alpes y de la frontera francesa, el amistoso que Juventus juega aquí, un ritual que data de 1931, es más que una simple introducción a la nueva temporada. Marcos Ventre, criminólogo forense de profesión y alcalde de Villar Perosa, estaba mezclado en la hinchada con una camiseta rosa que decía: "Para tener un futuro, una comunidad debe recordar su pasado... El actor principal en la historia de nuestro pequeño pueblo es la familia Agnelli ... un
vínculo creado en el pasado que aún vive en el presente y continuará en el futuro..."
Este partido familiar es su símbolo, y sirve para contar los inicios de los Agnelli y Juventus, dos entidades que en esencia son una y la misma. Es la manera más poderosa de demostrarle a Cristiano y al resto de los recién llegados de qué se trata este equipo exactamente.
El aire que se respira aquí es único, una síntesis de la sangre azul, ejemplificada en los alrededores aristocráticos de Villa Agnelli, y la naturaleza trabajadora de este remanso rural y su población de apenas 4000 piedmontesi, que una vez al año se convierte en el centro del universo de los fans de Juventus.
Los jugadores se cambian en vestuarios espartanos detrás gradas de estilo Meccano, y se preparan para jugar en una cancha que, durante nueve meses al año, es utilizada por U.D. Villar Perosa, equipo del pueblo. Juventus llegó a las cuatro de la tarde, pero los hinchas habían llegado horas antes. Son un mapa de Italia en carne y hueso. Un padre y su hijo habían salido de Bolonia a las 5 de la mañana para ver el partido. Darío Merlo, propietario de la tienda local de tabaco, le dijo a La Repubblica que a principios de semana lo llamaron desde lugares de Italia tan remotos como Sicilia para ofrecerle pasta de almendras a cambio de una de las entradas que tenía asignadas para vender entre €15 y €25.
El acceso a Villar Perosa estaba prohibido sin boleto, y el tráfico para llegar al pueblo ya estaba atascado antes del mediodía. Seiscientos guardias de seguridad patrullaban el pueblo y los tres puestos de control daban la impresión que, si bien Juventus juega este partido todos los años, Villar Perosa no recibía semejante cantidad de hinchas desde los días de Michel Platini y Roberto Baggio. Garantizar la seguridad era una de las grandes preocupaciones durante las semanas previas al amistoso, pero el importante operativo de seguridad no aguó la fiesta.
Niños con camisetas de Cristiano tenían la J de Juventus afeitada en la cabeza. Un labrador salió a pasear vestido con una camiseta de Alessandro Del Piero. Las colas para comprar una cerveza y un panino eran tan largas como las filas para comprar las camisetas imitadas con la imagen de Gianni Agnelli o Cristiano. "¡¿Inter ya firmó a [Luka] Modric?!", bromeó un hincha de Juventus, feliz de que sus rivales no hayan podido fichar a una superestrella en respuesta a la adquisición de Cristiano de La Vieja Señora.
Cerca de la hora de inicio, la anticipación se convirtió en paroxismo. Poco después de la serenata de bienvenida a Agnelli, los jugadores salieron a la cancha liderados por su nuevo capitán Giorgio Chiellini, quien encabezó una vuelta de honor para mostrar el Scudetto y la Coppa Italia.
En el vestuario visitante estaba Juventus B. Pase lo que pase, lleguen a profesionales o no, estos chicos podrán decir que jugaron contra Cristiano Ronaldo. ¿Qué habrá pasado por las cabezas del central adolescente Matteo Anzolin y Riccardo Capellini? Mientras se preparaban para enfrentar a Cristiano, el miedo de lesionar al jugador más caro que haya jugado en la Serie A seguramente fue tan grande como el miedo a pasar vergüenza. Pero no quedaron cicatrices ni físicas ni psicológicas, sólo grandes recuerdos de una experiencia única.
El destino quiso que el nuevo número 7 de Juventus, el más famoso del planeta, abriera el tanteador en el minuto 7 del primer tiempo, tras correr una pelota larga de Federico Bernardeschi para convertir en la esquina.
Imitando el discurso de Cristiano al recibir el Balón de Oro, una tribuna entera gritó, "¡Síííí!". Luego, los 5000 presentes comenzaron a cantar "¡Cristiano!" sin parar. El partido rápidamente empezó a parecerse a una función de circo. Cristiano intentó hacer una ambiciosa tijereta que no salió, y sonrió cuando un defensor sacó una pelota que él había pateado al arco al mejor estilo Cruyff. Tras haber salido en el entretiempo, Cristiano estaba en el vestuario cuando, acorde a la tradición, los fans invadieron la cancha en la mitad del segundo tiempo.
Patrice Evra le había advertido a su ex compañero lo que iba a suceder. “Crees que eres rápido”, le dijo a Cristiano por teléfono, "pero después de un partido en Villar Perosa le vas a tener que meter". Los fans les quitan a los jugadores toda su ropa menos la interior. En Italia lo llaman "bagno di folla", literalmente "baño del público". Emre Can y Leonardo Bonucci terminaron firmando autógrafos en calzoncillos.
Mientras el público se dispersaba, las hermosas colinas de Villar Perosa y sus 50 tonos de verde volvieron a ser protagonistas. Los Agnelli ya no cosechan gusanos de seda de las moreras. La familia tiene negocios más importantes, pero no se olvida de sus orígenes. Es por eso que llevaron a Cristiano a Villar Perosa y a Juventus, con la esperanza de que el portugués no sólo les entregue el trofeo de la Champions League, sino también los ingresos que la Vieja Señora necesita para pasar al siguiente nivel.
