Luego de un 2025 que dejó más interrogantes que certezas, Boca y River encararon el nuevo año con una premisa común: el mediocampo necesitaba cambios profundos. Con matices distintos, ambos apostaron a una renovación que empieza a dar señales positivas, sobre todo en el Millonario, en el inicio del Apertura.
River y un mediocampo que nunca terminó de responder
Durante gran parte del último año, el mediocampo fue uno de los sectores más cuestionados del equipo de Marcelo Gallardo. Ni los cambios de nombres ni las variantes tácticas lograron darle al Millonario el equilibrio esperado, y el equipo sufrió más de lo que produjo. La salida progresiva de Enzo Pérez del eje y la falta de respuestas de los refuerzos profundizaron el problema.
Jugadores como Kevin Castaño, Juan Carlos Portillo o Matías Galarza Fonda no lograron asentarse, mientras que Giuliano Galoppo, pese a las críticas, terminó siendo uno de los más productivos del año. Con la salida confirmada de referentes como Enzo Pérez e Ignacio Fernández, el cierre de 2025 dejó en claro que el recambio era inevitable.
El nuevo River y la apuesta por un medio más dinámico
Con el diagnóstico claro tras un 2025 irregular, Marcelo Gallardo decidió atacar el corazón del equipo. La reformulación del mediocampo no solo respondió a nombres, sino a perfiles bien definidos. Las llegadas de Fausto Vera y Aníbal Moreno, sumadas a la continuidad de Tomás Galván luego de varios préstamos, apuntaron a construir un medio más intenso, equilibrado y confiable para sostener al equipo en campo rival.
En las primeras presentaciones de 2026, el trinomio con Vera, Moreno y Galván mostró señales concretas de mejora. River ganó en presión tras pérdida, redujo los metros entre líneas y logró una circulación más fluida, algo que le había costado durante gran parte del año anterior. Moreno se consolidó rápidamente como el eje. Fue el volante con más recuperaciones y uno de los que más pases acertó en ambos encuentros del torneo, con altos porcentajes de efectividad y una clara tendencia a jugar simple, siempre ofreciendo un primer pase limpio para iniciar ataques.
El exPalmeiras aportó además presencia física y lectura táctica. Sus números reflejan ese impacto: promedió varias recuperaciones en campo rival, ganó la mayoría de sus duelos y sostuvo un alto nivel en pases largos, una variante clave para cambiar de frente y evitar presiones altas. Su influencia se notó también en las decisiones de Gallardo, que lo mantuvo en cancha incluso cuando rotó al resto del mediocampo.
Fausto Vera, por su parte, le dio a River el despliegue que había perdido. Con recorrido de área a área, intensidad para presionar y llegada al área rival, fue una pieza importante para equilibrar el doble rol de marca y apoyo ofensivo. Si bien todavía le falta precisión en la definición, su capacidad para romper líneas con conducción y ocupar espacios vacíos le agregó una dinámica que el equipo no tenía.
Tomás Galván completa el engranaje desde la movilidad y la inteligencia posicional. Sin grandes números en goles o asistencias, su valor aparece en la continuidad del juego. Ofrece líneas de pase constantes, se asocia con los creativos y aparece como relevo en la segunda jugada.
Sin ser un mediocampo brillante, River encontró algo que le había faltado: orden, intensidad y menor exposición defensiva. La reducción de situaciones en contra y la mayor presencia en campo rival explican por qué estas incorporaciones resultan acertadas. En un equipo que busca volver a dominar desde el juego, la renovación del medio aparece como un primer paso firme y necesario.
Un salto de calidad ofensivo para el nuevo River
La nueva incorporación de River puede convertirse en una pieza clave para potenciar la fase ofensiva en el marco de la renovación del equipo. Kendry Páez se destaca por su buen dominio de balón, capacidad para jugar entre líneas y versatilidad, ya que puede desempeñarse como mediocentro ofensivo, volante interior o exterior, e incluso como enganche, rol que supo cumplir tanto en su club anterior como en la selección de Ecuador.
Con un mediocampo ahora más ordenado y equilibrado, su aporte puede ser determinante para generar juego y romper defensas cerradas, una de las principales falencias del River 2025. Su mejor versión aparece con la cancha de frente y libertad creativa, algo que no logró explotar cuando fue utilizado como falso nueve en su paso por Estrasburgo, por lo que Gallardo apunta a potenciarlo como conductor y nexo con los delanteros.
Boca y el mediocampo con eje en Paredes
En el Xeneize, el gran cambio estructural del mediocampo tuvo nombre propio: Leandro Paredes. Tras la salida de Equi Fernández, el equipo perdió conducción, claridad en la salida y una referencia clara para ordenar los tiempos del partido. Durante varios meses, el Xeneize alternó nombres y esquemas sin encontrar un volante capaz de asumir ese rol, lo que derivó en un funcionamiento irregular y una racha negativa inédita de 12 partidos sin triunfos.
El regreso del campeón del mundo significó un salto inmediato de jerarquía y liderazgo. Más allá de que al equipo le costó acomodarse en lo colectivo, Paredes se transformó rápidamente en el eje del juego: fue el principal responsable de la primera salida, el encargado de bajar el ritmo cuando el partido lo pedía y el futbolista más influyente en las pelotas detenidas. Sus asistencias de córner y tiro libre se volvieron una vía constante para abrir partidos cerrados, aportándole a Boca una herramienta que no tenía desde hacía tiempo.
Con el correr de los encuentros, Boca empezó a crecer desde su lectura táctica y su precisión. Paredes no solo aportó pases gol, sino también orden posicional: cuando el equipo se partía, fue quien equilibró líneas y sostuvo la posesión. A su lado, Milton Delgado apareció como complemento ideal por su dinámica y despliegue, permitiéndole al número cinco adelantarse algunos metros y participar más cerca del área rival. Las lesiones de Ander Herrera impidieron consolidar una sociedad de mayor control y experiencia, pero aun así el mediocampo ganó estabilidad respecto al año anterior.
Ascacíbar y las variantes para un medio más competitivo
La llegada de Santiago Ascacíbar refuerza esa búsqueda de solidez y competencia interna. Capitán y campeón con Estudiantes, el volante aporta liderazgo, intensidad y una mentalidad competitiva que el Xeneize necesitaba sumar al plantel. Su perfil encaja como complemento de Paredes: mayor presencia física, capacidad de presión alta y compromiso defensivo, en un equipo que deberá afrontar Apertura, Clausura, Copa Argentina y Copa Libertadores.
Su incorporación cobra aún más valor ante la baja prolongada de Rodrigo Battaglia y las dudas físicas que rodean a Herrera. En ese contexto, Ascacíbar aparece como una opción confiable para sostener el mediocampo en partidos de alta exigencia. Además, Delgado, Belmonte y Alarcón se proyectan como alternativas para rotar y mantener intensidad, algo clave en una temporada larga y con pocos márgenes de error.
Con Paredes como cerebro y Ascacíbar como sostén, Boca apunta a construir un mediocampo más equilibrado, competitivo y con variantes reales. Una decisión estratégica que no solo eleva el nivel individual, sino que también le da al equipo mayor previsibilidad y carácter para pelear en todos los frentes.
Dos caminos, una misma convicción
Tanto Boca como River entendieron que sin un mediocampo sólido es imposible competir en todos los frentes. Con apuestas diferentes, pero bien fundamentadas, ambos iniciaron un proceso de renovación que ya muestra señales positivas. En un 2026 largo y demandante, el acierto en esa zona puede marcar la diferencia entre pelear títulos o volver a quedar en deuda.
