TEMPE -- Cerca de las 8 de la mañana de un sábado en diciembre del 2003, Rolando Cantú pisó el acelerador del Volkswagen Jetta propiedad de su novia, con dos compañeros de equipo acompañándolo. Comenzó a conducir por la rampa hacia la carretera principal que conduce a su ciudad natal de Monterrey, México.
Estaba, literalmente, iniciando su camino en vía a la NFL.
Se estaban llevando a cabo pruebas para la NFL Europa en la Universidad Autónoma de Nuevo León, la universidad pública de Monterrey, ubicada aproximadamente a seis millas del Tecnológico de Monterrey, la escuela privada en la cual Cantú tenía una beca deportiva para jugar fútbol americano que cubría su colegiatura completa. Cantú era una rareza: a los 18 años jugó al nivel más alto del fútbol americano universitario en México, con cuatro años como titular en la línea ofensiva del equipo del Tecnológico de Monterrey, alzándose con dos títulos nacionales.
Ya no había nada más que alcanzar en México en lo que al fútbol americano respecta. La NFL era el próximo objetivo en su lista.
Cantú llegaba al extremo de la rampa, y se percató de la presencia de un semi tráiler a su izquierda. Aceleró para tratar de unirse a la carretera enfrente del remolque pero no vio que tenía un tráiler doble adherido al mismo. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Viró hacia el hombrillo. El neumático derecho frontal explotó, lo cual hizo que el vehículo se desplazara sin control hacia la izquierda, cerca de la mitad del camión. Este nunca desaceleró. Aplastó la cajuela del automóvil de Cantú, haciendo que el Jetta girase en la carretera.
El motor salió disparado lejos del carro. Los cauchos explotaron, los ejes fueron estrujados. El coche fue considerado por el seguro como pérdida total.
Todo lo que quedó del Jetta fueron las cuatro puertas y su chasis, aún intacto. Cantú y sus dos compañeros seguían con vida, una circunstancia sumamente afortunada, considerando que no estaban usando cinturones de seguridad.
Lo que ocurrió después, dijo Cantú, cambió su vida por completo.
Hizo dos llamadas telefónicas. Una fue a su novia (actualmente su esposa) pidiéndole que llevara su camioneta pick-up al lugar del accidente. La otra fue a Jim Tomsula, el ex entrenador jefe de los San Francisco 49ers, quien era cazatalentos de la NFL Europa al momento y estaba encargado de organizar las pruebas.
Cantú informó a Tomsula del accidente. Tomsula le respondió a Cantú, quien era considerado ampliamente el mejor liniero ofensivo en México, que intentase llegar a las pruebas tan pronto como fuese posible. Por un momento, Cantú, entonces con 22 años de edad, dudó. Estaba consciente de las implicaciones económicas de los daños a la propiedad municipal en México. Cantú consideraba decirles a sus compañeros que tomaran un taxi y partieran sin él.
Su novia llegó al lugar de los hechos antes que la policía y le insistió que fuese a las pruebas. Ella asumiría la responsabilidad del accidente.
Cantú llegó una hora tarde a las pruebas y, con la adrenalina corriendo a borbotones, corrió un sprint de 40 yardas con su humanidad de 136 kilos. Tomsula lo sometió a una serie de rutinas antes de invitarlo a una prueba central de la NFL Europa y un campamento de entrenamiento en Tampa, Florida, al mes siguiente. Cantú sobresalió en Tampa y, compitiendo con 500 otros jugadores internacionales, se ganó un puesto con el Berlin Thunder.
Inició siete encuentros con Berlin.
"No iba a regresar [a México] después de un año", dijo Cantú, quien ganaba cerca de 1.000 dólares a la semana. "Iba a hacer carrera [en el fútbol americano]".
Durante la etapa previa al World Bowl en junio de 2004, Cantú oyó rumores de un posible interés en su contratación por parte de los Arizona Cardinals. Previo al partido, conoció al propietario de los Cardinals, Bill Bidwill y al presidente del equipo Michael Bidwill junto a su hermano Tim Bidwill, quienes se encontraban en una gira internacional para conocer diseños de estadios diversos. El World Bowl se estaba llevando a cabo en un estadio originalmente llamado Arena AufSchalke, el cual tiene un techo retráctil, similar a la característica principal de la casa actual de los Cardinals, el University of Phoenix Stadium.
El día después que el Thunder se hizo acreedor del título de la NFL Europa, Cantú era un Cardinal.
"Si no hubiese ido a aquella prueba de la NFL Europa ese día", afirma Cantú, "No estaría aquí sentado frente a ustedes".
Cantú nació en Monterrey el 25 de febrero de 1981, y se mudó al pueblo fronterizo de Reynosa, México, para estudiar la primaria. Diariamente, se desplazaba a través de la frontera entre México y los Estados Unidos para asistir a la escuela, hasta cumplir la edad de 10 años, cuando su familia se mudó a McAllen, Texas.
Creció siendo aficionado a los Dallas Cowboys, viendo los partidos con su padre. Jugaba al fútbol americano en el jardín y en la calle con los amigos de su vecindario.
Cantú, el menor de siete hijos, no fue sometido a las mismas exigencias que sus hermanos. Mientras ellos trabajaban en la carnicería de su padre e iban a la escuela, Cantú practicaba deporte organizado. Comenzó a jugar al fútbol americano en la secundaria.
La idea era seguir los pasos de sus hermanos y trabajar con su padre. Estaba conforme con la idea de terminar su carrera en el fútbol americano antes de la preparatoria. La idea de ganar dinero era más atractiva.
Sin embargo, durante el primer día de su año inicial en la McAllen High School, el entrenador de línea defensiva de la escuela lo sacó de clases y le preguntó a Cantú, entonces con 1,98 metros de estatura, por qué no se anotaba al equipo de fútbol americano. Cantú le dijo que quería un automóvil.
El coach le dijo que moviera su trasero y fuera a la práctica esa tarde.
"Esa es básicamente toda la historia", dijo Cantú.
Cantú comenzó a tomar el fútbol americano seriamente en el segundo año de la preparatoria. Luego, pasó a la línea ofensiva, en la cual se quedó por el resto de su carrera. Las universidades empezaron a mostrar curiosidad. Texas Tech, Texas A&M, Arkansas, Miami y Oklahoma estaban en la lista de 40 instituciones académicas que intentaron reclutarlo antes de salir de la preparatoria.
Sin embargo, el fútbol americano de la NCAA no le llamaba la atención. Había decidido jugar para la universidad de su tierra natal en México. Al iniciar su temporada final en McAllen, el legendario entrenador del Tecnológico de Monterrey, Frank González, le dijo a Cantú que tenía un puesto esperándole. Eso era todo lo que Cantú necesitaba escuchar.
Con la edad y la experiencia adquirida hoy en día, Cantú mira esa decisión con curiosidad y cierto arrepentimiento.
"Pensándolo ahora, analizando esa situación, no sé por qué nunca intenté [jugar fútbol americano universitario en los Estados Unidos]", dijo Cantú.
En el Tecnológico de Monterrey, Cantú era titular a los 18 años, una rara hazaña en el fútbol americano colegial mexicano. Al momento que Cantú formaba parte del equipo, el fútbol americano universitario azteca estaba conformado por un sistema de siete años. Los atletas que ingresaban pasaban un año al nivel juvenil, seguido por dos en la intermedia y luego, cuatro más en la llamada Liga Mayor, la cual forma parte de la ONEFA y la CONADEIP, las conferencias pública y privada, respectivamente, del nivel más alto del fútbol americano colegial en México. Al momento que los jugadores se encontraban en su último año de fútbol americano universitario, ya podían tener 25 años. Cantú tuvo amigos que se graduaron en dos maestrías al momento de finalizar su estadía en el fútbol americano colegial.
Su equipo se alzó con el título nacional en 1999 en la primera temporada de Cantú, el primero de los cuatro partidos por el campeonato en los que participó.
Alejandro Olivas, comisionado de la CONADEIP, jugó como novato junto a Cantú, ya en su último año colegial, en el 2003.
"Era muy fuerte", recuerda Olivas. "Muy divertido. Es el más grande. Muy gracioso".
Cantú es recordado en Monterrey tanto por su personalidad como por sus destrezas en el terreno.
"Era muy corpulento, rápido y estaba siempre muy contento", dijo el ex entrenador del Tecnológico de Monterrey, Leopoldo Treviño, quien era el entrenador de receptores durante los años de Cantú con la escuela regiomontana.
Luego de caer derrotado en el juego de campeonato del 2000, Cantú fue transferido a Texas A&M-Kingsville como estudiante de intercambio. Pasó los semestres de primavera y verano del 2001 entrenando con el equipo y preparándose para militar en el fútbol americano División II de la NCAA en el otoño. Previo al campamento otoñal, subió peldaños y fue parte de la línea ofensiva titular de Kingsville. Sin embargo, en vez de becarlo, la escuela intentó darle un préstamo para financiar sus estudios. Tenía una beca por $10.000 dólares esperándolo en Monterrey y rechazó la oferta. Decidió no participar en la temporada 2001 y pasó el semestre con sus padres en Texas. Regresó al Tecnológico de Monterrey en el 2002 con un nivel de confianza inconmensurable. Compitió contra atletas norteamericanos (aunque sólo en prácticas) en escenarios universitarios y fue jugador estrella.
En el Tecnológico de Monterrey, ganó otro campeonato nacional en el 2002 antes de caer derrotado nuevamente en el 2003.
"Sabía que mi nivel era superior al de ellos", indicó Cantú. "Mi trabajo en el gimnasio, mi velocidad, incluso mi análisis en el cuarto de video... Podía comprender todo su plan de juego. Eso no era problema".
"Eso me motivó aún más en mi búsqueda del sueño de convertirme en jugador de la NFL procedente de México".
Dos meses luego que Cantú conociera a la familia Bidwill en junio del 2004, se encontraba en Flagstaff, Arizona, en el campamento de entrenamiento de los Cardinals.
Debido a las reglas de la NFL, como jugador internacional del grupo de prácticas, Cantú no era elegible para ser promovido a la plantilla de 53 hombres esa temporada. El ex entrenador en jefe de los Cardinals, Dennis Green, le dijo a Cantú que el equipo quería activarlo cerca de la Semana 12 de esa campaña, pero no fue permitido.
El 3 de enero del 2005, Cantú firmó su segundo contrato en la NFL. En septiembre de ese año, Cantú fue liberado en los últimos cortes de nómina, pasó por la lista de jugadores disponibles y fue firmado de nuevo en el equipo de prácticas de los Cardinals al día siguiente, donde permaneció hasta la Semana 17.
Allí hizo historia, el 1° de enero del 2006.
Al despertarse esa mañana, era incapaz de comer su desayuno. Con 1.98 metros de altura y casi 150 kilos de peso, Cantú raramente dejaba de comer. Pero se encontraba demasiado nervioso ante la idea de jugar su primer partido en la NFL. Sería el primer jugador nacido en México distinto a un pateador, que hizo carrera universitaria en México y que jugaría en la National Football League.
Era el último día de la temporada regular. Los Cardinals se encontraban en Indianapolis, cerrando una temporada con registro de 5 victorias y 11 derrotas. Era, a simple vista, un partido sin interés de la semana 17 contra el mejor equipo de la NFL.
En México, sin embargo, era algo muy importante. El anuncio de la activación de Cantú se hizo a principios de semana. Ese domingo, se interrumpió la programación de varios medios de comunicación para dar avances sobre su debut.
"Fue algo muy especial", dijo Cantú.
Casi 11 años después, Cantú puede recordar todo lo ocurrido ese día. Cómo se despertó. Sin desayunar. La primera jugada de ese encuentro. Las bromas de sus compañeros de equipo: "No arruines tu gran oportunidad", le decían.
Jugó en equipos especiales. Con el estómago vacío, Cantú estaba en el equipo de cobertura para la patada de salida. Pudo hacer un bloqueo, lo cual disipó los nervios. Pudo bloquear como parte del gol de campo N° 40 de manera consecutiva de Neil Rackers, que rompió un récord.
Los recuerdos de ver a su ex jugador no solamente haciendo parte de una plantilla en la NFL, sino participando en un partido, aún dibujan una sonrisa en el rostro de Treviño, quien, al estar de pie en el mismo campo del Estadio Tecnológico, en el cual Cantú jugó hace más de una década, comparó su logro a la llegada del hombre a la luna.
Sería el único partido de Cantú en la NFL. Ninguno de sus familiares estuvo presente, ni siquiera el tío de su esposa que vivía a dos horas de Indianapolis. Cantú decidió no someter a su familia a un viaje de 20 a 25 horas a la gélida región de los Estados Unidos. Su esposa estaba cuidando a su hija de tres meses de nacida, y tenía familiares en México y Texas.
El debut de Cantú en la NFL fue el punto culminante de un viaje que comenzó en Monterrey, México, con paradas en McAllen, Texas; Tampa, Florida; y Berlin. Pero se detuvo en Arizona.
Firmó una extensión por un año en 2006. Sin embargo, en el cuarto día del campamento de entrenamiento, pisó una toalla que yacía sobre el terreno y sintió algo en su rodilla. Tenía un cartílago desgarrado y sus meniscos requerían cirugía por microfracturas. Arizona lo puso en lista de reserva para lesionados.
Green fue despedido luego de la temporada 2006 y fue reemplazado por Ken Whisenhunt, quien despidió a Cantú en marzo del 2007.
"La gente me decía, 'Oye, no lo vas a conseguir. Ningún mexicano ha podido vivir del fútbol americano. ¿Por qué tú serías la excepción? Termina tu carrera. Gradúate. Empieza a trabajar como los demás'", recuerda Cantú. "Dije, 'No. Lo voy a conseguir".
"Era cuestión que llegara a la NFL Europa. Una vez allí, aproveché la oportunidad".
Los Cardinals le ofrecieron un puesto encabezando sus iniciativas de negocios internacionales al tiempo que laboraba simultáneamente como analista en las transmisiones de radio del equipo en español. Esto le permitió a Cantú permanecer dentro de la organización y el deporte que le dieron una oportunidad.
Nueve años después, Cantú ha transmitido Super Bowls para cadenas hispanas y ha ayudado a construir una afición para los Cardinals en México.
Está casado con la mujer que le recomendó ir a la prueba de la NFL Europa, perseguir su sueño y hacerlo realidad.
A pesar que solamente pudo participar en un encuentro y tener una pequeña muestra de la NFL, ha sido más que suficiente para Cantú.
"No creo que me he detenido alguna vez a decir: 'Bien, estoy sumamente deprimido'", sentenció Cantú. "El fútbol americano siempre ha formado parte de mi vida. Creo que, si no hubiese tenido esta oportunidad de trabajar en la oficina de los Cardinals, sí hubiese caído presa de un sentimiento así".
"Me siento bendecido".
