Normalmente, al finalizar nuestras sesiones de entrenamiento tomamos una ducha por razones de higiene. Pero lo cierto es que este no es el único beneficio de bañarnos en ese momento. Además de refrescarnos y quitarnos el sudor, una ducha después del ejercicio elimina los gérmenes, el mal olor que estos provocan. Incluso parte de estos olores y gérmenes lo pueden provocar las reacciones químicas de nuestro sudor con las cremas, desodorantes o perfumes, que utilizamos para nuestro cuerpo, el detergente de la ropa o elementos que están suspendidos en el ambiente y que captamos con mayor facilidad cuando estamos sudando. Pero aunque esto es lo más visible y evidente, también ocurren cosas dentro de nuestro cuerpo cuando nos duchamos, como un aumento del riego sanguíneo, por lo que nuestro proceso de recuperación comienza en ese preciso instante.
La ducha post entrenamiento nos ayuda a limpiarnos la piel, mantener los poros limpios y así permitir una mejor respirabilidad. Al mismo tiempo, nos permite relajarnos muscularmente y también tiene un efecto tranquilizante mental, ya que después de un ejercicio intenso es también muy aconsejable realizar un ejercicio de relajación mental que nos permita reducir nuestro nivel de concentración y estrés. Bajo la ducha es un buen momento para meditar y relajarnos brevemente.
Por último, ten en cuenta que la temperatura del agua también es importante. A más frío se produce un efecto vasoconstrictor mejorando la circulación sanguínea. En cambio, un agua más cálida producirá el efecto contrario, es decir vasodilatador, lo que te relajará más y será ideal para cuando entrenas por las noches antes de irte a dormir.
¿Notas todos estos cambios al ducharte?
