Los Mavs post Luka Doncic: Cooper Flagg, Kyrie Irving y un equipo que divierte

play
La dura falta de Aaron Nesmith sobre Cooper Flagg desata un altercado (0:42)

Dallas tiene una propuesta que invita a creer. Con Dusty May al mando, los Mavericks buscan edificar su propia identidad.


El mejor momento para hablar de Dallas Mavericks es este: después de una decepcionante derrota 115-100 el lunes contra Sacramento Kings, uno de los equipos del sótano en la NBA. No porque modifique algún pensamiento previo, sino porque todo lo anterior lo hace real. Porque borra las excusas. Dallas no es un castillo de naipes que se desmorona, es una estructura que sufre una derrota típica de equipos con inexperiencia. Y en este caso, con un factor adicional: tienen al frente a una superestrella joven que se perfila para lo máximo, pero que necesita horas de vuelo para alcanzar su plenitud.

Los Mavericks transitan el curso de la redención. Nadie los consideraba en la previa, pero hay señales esperanzadoras. Para muchos son solo futuro, pero han demostrado en este comienzo que también puede ser presente. De la mano de Dusty May, entrenador de fundamentos extraído de la NCAA, su propuesta es un diagrama que enamora: centímetro a centímetro, se busca un equipo eléctrico, dinámico, que complique a todos.

Con el objetivo de conquistar la regularidad, presentamos así la nueva versión de Dallas Mavericks post Luka Doncic.

Aquí vamos.

De Nico Harrison a Masai Ujiri: la génesis del cambio

El final del camino de Nico Harrison en Dallas fue una tragedia: la salida de Luka Doncic por casi nada terminó de derrumbar a una multitud de fanáticos en el American Airlines Center. Abucheos, una movida clandestina con Rob Pelinka y uno de los traspasos más polémicos de la historia terminaron con la salida de su jugador franquicia a Hollywood. Algo que no quería nadie, salvo, por supuesto, los propios artífices de la movida: Pelinka y Harrison.

El polémico cambio por Doncic le costó el puesto a Nico, pero las vueltas de la vida son extrañas. Como dice el dicho: Dios escribe derecho sobre renglones torcidos. Porque de esa movida de Doncic, con Kyrie Irving lesionado, la diosa fortuna abrazó a una ciudad que parecía destinada a transitar en el olvido por años. Sin Doncic, Dallas empezó a perder. Y como alguna vez aprendimos del ying y el yang, en todo lo bueno hay algo malo y en todo lo malo... hay algo a veces increíblemente bueno.

Cooper Flagg llegó con el pick 1 del Draft en la temporada pasada y Dallas se hizo así con un talento generacional. Fanático desde pequeño de Boston Celtics, Flagg apareció en el horizonte como una versión posmoderna de Larry Bird. Talento doble vía, versátil, con longitud para lastimar con y sin el balón, llegó con 18 años a la Liga con la intención de edificar el futuro de la franquicia. Ahora bien, cuando decimos futuro... ¿De cuánto tiempo hablamos? Para esto, hay distintas respuestas. La llegada de Masai Ujiri trajo la suya: abrazó a Flagg, su piedra angular, y aceleró la espera al presente inmediato.

Ujiri, el arquitecto de un equipo sorpresivo que puede ser ganador

Primero y principal, hay que saber de quién hablamos: Masai Ujiri es una de las mentes brillantes que camina los pasillos de la Liga. Su experiencia, que contrasta con el equipo dentro de la cancha, es clave: ejecutivo del año en 2013, artífice de Toronto Raptors campeón en 2019, llegó de la mano de Patrick Dumont, nuevo dueño mayoritario de los Mavericks.

Ujiri fue presidente de operaciones de la franquicia canadiense por doce años y su misión ahora es mucho más importante que edificar alrededor de Flagg: ahuyentado el básquetbol de las súper estrellas que supo ser referencia en algún momento en la NBA, la idea es construir un equipo por encima de las individualidades. Hay mejores y peores jugadores, pero nadie, absolutamente nadie, es mejor que todos juntos.

Dallas, la ciudad de la redención

play
0:18
¡Cooper Flagg y Gafford hacen vibrar la duela con un alley-oop brutal!

Los Mavericks tuvieron vacaciones en el infierno hace meses, pero ya no están allí. El tiempo suele ser el elemento perfecto para disipar la neblina. May, que llevó a Michigan a un récord de 34 victorias y 3 derrotas en 2025-26, trajo consigo un libreto ganador. El ataque es importante, pero mucho más relevante es la defensa. El equipo juega mucho mejor que en la época de Jason Kidd porque la idea de juego es distinta. No se trata de imponer, sino de convencer. Y en ese unir de puntos en el mapa, el dibujo pasa de boceto a intento de obra maestra.

Kidd, sin embargo, ayudó en este proceso. Fue el primero en pensar a Flagg como un armador de juego. Si bien jamás puede ser un base puro, porque su esencia es otra, responde al concepto moderno de point-forward, un alero que traslada y crea desde el dribbling. Su año de Sophomore en la NBA arrancó de manera majestuosa, con la excepción de una posible lesión a manos de Aaron Nesmith en el choque entre Mavericks y Pacers, algo que preocupó y que, por fortuna, finalmente no ocurrió.

No hace falta que despleguemos aquí los números de Flagg, que ya parecen superiores a una versión juvenil de LeBron James en Cleveland Cavaliers. Solo alcanza con hacernos la siguiente pregunta: ¿Cambiaríamos hoy a Flagg por Luka Doncic en un trade de fantasía? La respuesta es no. Por futuro, pero también por presente: estamos hablando de un crack de mente de hierro, que ya aparece en el clutch para cerrar partidos. Y también que acepta cuando juega mal sin poner excusas, como confesó Daniel Gafford en conferencia de prensa post caída ante Kings. No exagero: Cooper ya es Top 10 de la Liga y en ascenso.

A esa punta de lanza que es Flagg, se le suman dos talentos más que vale la pena mencionar: el primero es Kyrie Irving y el segundo Zaccharie Risacher. Irving no se va a ir de Dallas porque la franquicia esperó su recuperación y ahora lo quiere mantener para conformar junto a Flagg un dúo perimetral de temer. Experiencia y juventud. El ex Cavaliers, Celtics y Nets volvió con todo tras su lesión de ligamentos cruzados y está a un nivel altísimo. Encontró en estos nuevos Mavericks una razón para continuar su carrera y también, por qué no, un lugar de redención, la misma que atraviesa Risacher, pick número uno del Draft 2024 con Atlanta Hawks que hoy, en Dallas, vive su propia reconversión como jugador. El francés pasó de anotador promedio a defensor elite. De hacer cosas para la planilla a hacer cosas para el equipo.

Y entonces, detrás de Zach, surge la figura de Walter Clayton Jr., otro perimetral olvidado por Memphis Grizzlies que encuentra lugar en la rotación de Dallas. El joven Sergio De Larrea como base sustituto, y entre los internos, se luce P.J. Washington, siempre rendidor con su juego adentro-afuera, lo mismo que Daniel Gafford, con Santi Aldama y Derek Lively II listos para superar sus lesiones y ver sus primeros minutos en esta temporada.

El objetivo de la temporada: mantener su status de sorpresa y seguir desarrollando a Flagg

Dallas no es un equipo perfecto ni mucho menos. Tiene baches, como ocurrió contra Sacramento. Hay errores, hay tropiezos, hay arrepentimiento. Es parte del proceso. Pero May les ha dado identidad. Saben a lo que juegan. Sus dos estrellas (Irving y Flagg) son solidarias y ponen el equipo por delante de los números. La idea del coach es tan retro en su esencia como exitosa: pasarse el balón a velocidad para encontrar un compañero abierto, porque un buen tiro del peor jugador es mejor que un mal tiro de la estrella. Dallas figuraba undécimo en eficiencia ofensiva en toda la NBA (anota 111.8 puntos cada 100 posesiones) y decimotercero en eficiencia defensiva (permite 108.1 cada 100) antes del partido ante los Kings, que inevitablemente hizo que esta estadística descienda.

La caída ante los Kings cortó una racha de tres triunfos en fila contra equipos, a priori, poderosos de la NBA: Miami Heat, Oklahoma City Thunder y Houston Rockets.

Estos Mavericks no van a ser campeones. Pero tampoco van a hacer tanking. Con herramientas de básquetbol genuinas como el altruismo para jugar en los dos costados de la cancha, con jóvenes que quieren escribir sus propias páginas de gloria en la NBA, y con un entrenador serio de perfil bajo, buscarán construir sin bajar los brazos. Todavía hay lugar para creer.

Defendamos las buenas ideas. Dallas es, por supuesto, una de ellas.