WNBA: Una liga que no empezó con Caitlin Clark

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El WNBA All-Star Weekend será una celebración de tres décadas de evolución del baloncesto profesional femenino


Escuchen bien, porque vale la pena decirlo ahora que la conversación alrededor de la WNBA parece haber descubierto una liga que existe desde hace tres décadas.

La competición no nació el día que Caitlin Clark lanzó un triple desde ocho metros ni cuando las redes sociales decidieron convertir cada partido en tendencia.

La WNBA comenzó mucho antes, el 14 de julio de 1997, cuando el Madison Square Garden reunió a 18,649 aficionados para presenciar el primer Juego de Estrellas de una liga que todavía luchaba por convencer al mercado de que el baloncesto profesional femenino tenía un lugar permanente. Conferencia Oeste 79-61 Conferencia Este. Sin algoritmos. Sin videos virales. Sin debates interminables en redes sociales. Solamente baloncesto.

Treinta temporadas después, el escenario es completamente distinto. Del 23 al 25 de julio de 2026, Chicago será la capital del baloncesto femenino con el WNBA All-Star Weekend, que tendrá como sede principal el United Center, mientras que el Wintrust Arena y el McCormick Place albergarán buena parte de las actividades para aficionados bajo el lema "For All The Stars". Un eslogan atractivo, sí, pero también una frase que invita a recordar que las estrellas de hoy existen gracias a las que sostuvieron esta liga cuando muy pocos estaban mirando.

La historia de la WNBA nunca ha sido la de una explosión repentina. Ha sido una construcción paciente. Una inversión a largo plazo. Un proyecto que sobrevivió temporadas con poca cobertura mediática, audiencias discretas y presupuestos muy distintos a los actuales. Cada generación dejó algo sobre la mesa para que la siguiente pudiera aspirar a más. Esa es precisamente la diferencia entre una moda y una institución deportiva ya bien establecida.

La edición 2026 también cambió uno de los formatos más tradicionales del All-Star. Atrás quedó el clásico enfrentamiento entre Conferencia Este y Oeste. Ahora fueron dos auténticas leyendas las que eligieron a las jugadoras mediante un draft televisado: Cynthia Cooper y Teresa Weatherspoon, nombres que para cualquier aficionado veterano representan los cimientos competitivos de la WNBA mucho antes de que existieran los contratos millonarios, las audiencias récord y la conversación permanente en redes sociales.

Cooper armó un equipo encabezado por Paige Bueckers, la jugadora más votada por la afición, acompañada por Breanna Stewart, Angel Reese, Kelsey Plum y la joven Dominique Malonga, una de las prospectos internacionales con mayor proyección en el baloncesto mundial.

Del otro lado, Weatherspoon reunió a Caitlin Clark junto con su compañera de Indiana, Aliyah Boston, además de A'ja Wilson, probablemente la jugadora más dominante del baloncesto actual, y Nneka Ogwumike, una veterana cuya carrera comenzó cuando Clark todavía soñaba con llegar algún día al profesionalismo.

Ese detalle importa. Cooper y Weatherspoon no fueron elegidas únicamente por nostalgia. Fueron seleccionadas porque representan a la generación que mantuvo viva la liga cuando las portadas estaban ocupadas por otros deportes, cuando muchas veces se jugaba frente a graderíos semi vacíos y cuando hablar de un "boom" del baloncesto femenino parecía una fantasía.

Las cifras ayudan a separar las emociones del análisis

El Juego de Estrellas de 2023 promedió 850 mil espectadores, una audiencia sólida para el contexto que vivía entonces la liga.

En 2024 llegó la auténtica explosión: 3.44 millones de televidentes, la mejor cifra en la historia del evento. La presencia de Caitlin Clark fue, sin duda, un acelerador extraordinario del crecimiento. Negarlo sería tan absurdo como adjudicarle a ella toda la historia de la WNBA.

En 2025 la audiencia descendió a 2.19 millones, una caída cercana al 36 por ciento respecto al récord anterior. La explicación fue sencilla: Clark no disputó el encuentro debido a una lesión. Quedó demostrado que su impacto comercial es enorme y que pocas atletas en el deporte estadounidense actual tienen esa capacidad para mover la aguja.

Pero hay un dato que suele perderse en la conversación. Incluso con esa disminución, esos 2.19 millones de espectadores convirtieron al All-Star de 2025 en el programa más visto del sábado por la noche en toda la televisión estadounidense, no únicamente entre los deportes femeninos. La audiencia permaneció porque el producto ya había alcanzado una madurez que tomó treinta años construir.

Y ese crecimiento no pertenece exclusivamente a una generación. Pertenece también a Lisa Leslie, que redefinió el juego cerca del aro; a Sheryl Swoopes, una anotadora imparable; a Diana Taurasi, cuya competitividad marcó una época; a Sue Bird, que convirtió la inteligencia en un arte; a Tamika Catchings, Candace Parker, Maya Moore, Lauren Jackson, Sylvia Fowles y tantas otras que mantuvieron viva la conversación cuando muy pocos prestaban atención.

El sábado 25 de julio, cuando el reloj marque las 8:30 de la noche del Este y el United Center esté lleno para recibir a Paige Bueckers, Caitlin Clark, A'ja Wilson, Breanna Stewart y al resto de las figuras del momento, será fácil dejarse llevar por el espectáculo. Y habrá motivos de sobra para hacerlo.

Sin embargo, quien escriba la historia de este Juego de Estrellas sin mirar hacia atrás estará contando solamente la mitad del relato. Porque antes de los contratos multimillonarios, de los patrocinios globales, de los llenos en las arenas y de los millones de espectadores, hubo generaciones enteras de jugadoras que sostuvieron esta liga cuando casi nadie les prestaba atención. Ellas jugaron sin la exposición mediática que hoy parece natural. Ellas construyeron una plataforma que permitió que las estrellas actuales encontraran un escenario mucho más grande.

La WNBA de 2026 no es el milagro de una sola jugadora. Es el interés compuesto de treinta años de trabajo, talento, paciencia y resistencia. Caitlin Clark aceleró el crecimiento de una liga que ya venía construyendo su futuro desde hacía décadas. Esa es la verdadera historia.

Y precisamente por eso, el WNBA All-Star Weekend promete ser mucho más que un partido de exhibición. Será una celebración de tres décadas de evolución del baloncesto profesional femenino, una cita obligada para entender cómo una liga que durante años luchó por ganar espacio terminó convirtiéndose en uno de los productos deportivos con mayor crecimiento en Norteamérica.

La cita será del 23 al 25 de julio, con cobertura completa a través de ESPN y Disney+, donde los aficionados podrán seguir cada actividad del fin de semana, desde los eventos previos hasta el Juego de Estrellas que volverá a colocar a la WNBA en el centro de la conversación deportiva.