<
>

Dividendos para los Seahawks

EAST RUTHERFORD -- El receptor abierto de los Seattle Seahawks, Percy Harvin, no ganó el premio al Jugador Más Valioso del Super Bowl XLVIII, pero sí realizó la jugada más valiosa. Vino al inicio del tercer período, cuando fildeó un kickoff corto del pateador de los Denver Broncos, Matt Prater, y fijó los ojos en los oponentes. En segundos, Harin despegó hacia la derecha, cortó hacia el frente y explotó por el centro de la cobertura de Denver. En el proceso, eliminó cualquier esperanza que los Broncos conservaran en un juego que, a la postre, terminarían perdiendo por el sorpresivo marcador de 43-8.

El regreso de 87 yardas no sólo brindó a los Seahawks una ventaja de 29-0 al momento, también validó todo lo que se suponía sería Harvin en la temporada para Seattle. Se trata de alguien que fue limitado a 19 jugadas durante la campaña regular por cirugía de la cadera en temporada baja, y no fue capaz de terminar el juego en la victoria de Ronda Divisional ante los New Orleans Saints debido a una conmoción. Antes que devastara a los Broncos la noche del domingo, parecía que Harvin no se acercaría a colmar la expectativa de los seis años, 67 millones de dólares y tres selecciones de draft, que los Seahawks pagaron por adquirirlo en marzo.

Ahora pensamos diferente. No importó mucho que Harvin se perdiera la mayor parte de la temporada. Apareció cuando sus compañeros lo necesitaban más y dejó la impresión que vienen más momentos grandes en su carrera con los Seahawks. "Me quito una [espina] grande de la espalda", afirmó Harvin. "Finalmente fui capaz de darle algo a mi equipo durante cuatro períodos. Me ha recargado en ellos tanto que devolverles algo significa mucho para mí".

Harvin no tuvo reparo en hablar sobre las pruebas que le puso esta temporada, tanto en lo emocional como en lo mental. Pasó cuatro meses viendo a los Seahawks producir el mejor récord de la NFC con la noción que podía ayudarlos a lograr aún más. Se suponía que su presencia abriría una ofensiva construida alrededor del juego terrestre y un joven mariscal en ascenso. Harvin llegó a Seattle para ser el jugador clave designado, el tipo de talento que podía reventar un partido en cualquier momento que tocara el balón.

Es exactamente en lo que se convirtió Harvin en Denver. Aunque atrapó únicamente un pase para 5 yardas, añadió dos intentos de acarreo para una cifra máxima del partido de 45 yardas. Cada vez que Harvin tomaba el balón del mariscal de campo Russell Wilson en una "jet sweep", navegaba por el extremo con perfil de un hombre decidido a destruir el espíritu colectivo de los Broncos. Una de esas jugadas sirvió para 30 yardas, la otra para 15.

Ambos acarreos fueron el preámbulo del touchdown de Harvin en el tercer cuarto, quien afirmó que Seattle nunca había mandado esa jugada en un regreso de ese tipo --se llamaba "engaño a la derecha"-- y que el elemento sorpresa la volvía más efectiva. "Fue asombroso", consideró Harvin. "Ellos creían tanto en mí. Incluso cuando no practicaba, ellos decían, 'anotarás en ésta'. Y yo decía, 'ni siquiera estoy entrenando aún'. [El entrenador de los Seahawks, Pete Carroll] guardó ese regreso para mí con la esperanza que obtuviera un vistazo. Y funcionó".

Por mucho que este duelo se haya tratado del dominio defensivo de Seattle y la ejecución perfecta de Wilson, era imposible perderse el impacto de Harvin. Su sola presencia creó un sentido de pavor en la defensiva de Broncos. Incluso cuando dejó caer un pase en la primera mitad (en una jugada que el entrenador de los Broncos desafió con la posibilidad que fuse lateral), pareció haber una sensación de alivio en la lateral de Denver.

Eso confirma que Seattle hizo lo correcto en apostar por Harvin durante la temporada baja.

No es secreto que Seattle ha construido los cimientos de su plantilla a través de jugadores que salieron en rondas bajas o no reclutados. Ese perfil ha creado un sentido de unidad y resistencia a lo largo de un vestidor que se enorgullece de su dureza mental. Pero ningún equipo puede brillar con el sentido único que algunos de sus miembros han sido ignorados. Eventualmente, necesitas estelares para hacer lo que mejor saben.

Es lo que vimos la noche del domingo; alguien que juega con mayor alcance que su tamaño y con poca preocupación de cómo impactará esa actitud a su futuro. Entre más tiempo pase Harvin en Seattle, esa actitud lo convertirá en un favorito de la afición. Es el único destacado entre un grupo de receptores que son promedio. Entre más se ajuste a la ofensiva de los Seahawks, más se encantará la franquicia con los numerosos activos que les proveerá.

Por supuesto, Harvin no habló mucho de esas posibilidades en el despertar del Super Bowl XLVIII. Estaba más interesado en discutir el mayor logro deportivo para la ciudad de Seattle desde que los extintos Sonics ganaron la NBA en 1979. "[Ganar este campeonato] significa todo", manifestó Harvin. "Ser el primer equipo en lograrlo en la historia de esta organización, significa mucho".

Harvin estaba más interesado en saborear la victoria de los Seahawks que en discutir el futuro de los campeones. Los Seahawks se mostrarán excepcionalmente peligrosos en los años siguientes, principalmente porque tienen una plantilla tan profunda y joven. Se vuelven aún más atemorizantes cuando consideramos lo que Harvin podría hacer en el curso de la próxima temporada. Para este punto, es difícil dudar de sus posibilidades de repetir este escenario en el próximo Super Bowl en Arizona.

Hay diversas claves para que eso se despliegue, incluyendo la estrategia del equipo por amarrar a estelares jóvenes como Wilson, el esquinero Richard Sherman y el profundo libre Earl Thomas. Los tres jugadores se perfilan a grandes contratos, con Wilson aproximado al vecindario de los 17 millones de dólares al año. Es el precio por alcanzar el éxito con un equipo tan joven. Es imposible tener a todos contentos cuando hay tanto dinero en juego.

Las buenas noticias para los Seahawks son que Harvin está amarrado al largo plazo. También está al tanto de lo que pudo ser esta temporada de haber estado saludable durante las 17 semanas, pero esa es una pregunta por la que sólo Harvin se puede preocupar en otro día. Estuvo en el campo con Seattle cuando importó más en la temporada y el resultado final fue un esfuerzo que, fácilmente, puede considerarse una ganancia aceptable por la inversión.