Protagonista de la mayor historia contada en azulgrana. Son 17 años en el primer equipo. "En el poster", como le dijo Iniesta, en la foto de familia que comenzó y acaba compartiendo con Luis Enrique, compañero en 1998 y entrenador en 2015 de un tipo que sin ser el mejor de la clase sí es el más grande. Difícil de entender, imposible de explicar. Simple de comprender.
Xavi es un tipo corriente que vestido de futbolista deja de serlo. Habla sin tapujos y sin necesidad de quedar bien por obligación con la misma naturalidad que acaricia el balón, lo mima y se convierte en su mejor amigo. "A la pelota hay que quererla, y pocos la han querido como Xavi", descubrió no hace mucho Guardiola, quien también pasó de compartir vestuario a dirigirle y al mando de quien no solo recuperó la autoestima, sino que se catapultó a la eternidad.

Al de Terrassa, quien a sus 35 años ha decidido pensar tanto o más en su familia que en él mismo para marcharse a Qatar, le puso los galones de sopetón Louis van Gaal, un entrenador denostado por muchos ámbitos del barcelonismo y a quien algún día debería hacérsele mayor justicia. El holandés fue quien le dio taquilla en el primer equipo y quien hoy, desde Manchester, contempla orgulloso aquel legado impensable.
No ha sido, sin embargo, la carrera de Xavi un camino de rosas en el Camp Nou. Campeón de Liga en 1999, sufrió la travesía del desierto del club azulgrana en los siguientes cinco años, que comenzaron con la huida de Figo al Real Madrid, desembocaron en una crisis gigantesca con la presidencia de Joan Gaspart y desplazaron al Barça, incluso, de los puestos de Champions.
Fueron años en los que Xavi Hernández aprendió a leer entre líneas y a permanecer ajeno a discursos tan tremendistas como aprovechados, y faltos de rigor que le condenaban a ojos de la opinión pública. Aunque hoy parezca mentira, su pausa con el balón, su visión de juego, su calma, su pase y su capacidad de cambiar el ritmo de un partido fue hace una docena de años criticado y de manera inmisericorde.
Van Gaal, Serra Ferrer, Rexach, Antic y Rijkaard. La llegada del entrenador holandés en el verano de 2003, junto a Laporta en la presidencia y Ronaldinho en el terreno de juego cambió las cosas. Y cambió a Xavi. El renacimiento del Barcelona lo llevó en volandas y primero a la vera de Deco y después, con el mando ya indiscutible, dejó claro la razón de su éxito.
Ahí mucho tuvo que ver Luis Aragonés, mirándole a los ojos para hacerle entender que ningún italiano, argentino, brasileño, francés o alemán tenía mejor fútbol que él. Y Xavi, casi sin darse cuenta, pasó de ser el mejor de los secundarios al protagonista por excelencia en el fútbol de autor del Barça y de España.
Xavi se marchará del Barça con una colección de títulos alucinante. El mayor de los coleccionistas y el más grande de los futbolistas que dignificaron una idea en el Camp Nou. Y en primera persona advirtió no hace demasiados días del peligro que se cierne sobre el club. "Siempre hemos ganado con una idea. Y hay que mantenerla".
La idea es él. Porque Xavi no es 'del Barcelona' sino que es 'el Barcelona' y si los 766 partidos que ha jugado en el primer equipo no fueran suficiente argumento, pararse a mirar los mejores momentos del club en las dos últimas décadas descubriría que nadie como él para explicar la historia futbolística de este club.
Bill Baptist/NBAE/Getty ImagesPese a las críticas Kevin McHale ha llevado a Houston hasta la final de conferencia.Comentarios
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El portugués se proclamó campeón de la Premier League al mando del Chelsea por tercera ocasión el pasado 3 de mayo gracias a la victoria de su equipo por 1-0 sobre el Crystal Palace. Ahora, se pone a un trofeo de empatar el palmarés de Giovanni Trapattoni, quien contando la Copa de Naciones que conquistó con Irlanda, su último título, suma 23.
A ese nivel vuela ya el entrenador que si no ha llegado a empatar los 48 títulos de Sir Alex Ferguson es porque apenas tiene 52 años y poco más de una década de carrera.
En el momento que se hizo oficial la conquista del quinto trofeo en la liga inglesa para el cuadro londinense, cuarto de la Premier, comenzó a circular el rumor de que el magnate Román Abramovich, propietario del equipo, ofrecería una renovación hasta 2019 con el objetivo de conquistar el título que tanto lo ha eludido al mando de los Blues: la Champions League.
De lograrlo, de acuerdo con el Daily Star inglés, el técnico se embolsaría una prima de siete millones de euros.
Y para eso se ha dedicado a construir a su equipo desde que volvió a Londres en 2013. A diferencia de su primera etapa con el cuadro inglés, Abramovic le ha dado esta vez campo abierto para confeccionar el equipo a su gusto.
Reclutó, casi minuciosamente, a los jugadores con mayor potencial en Europa (que no a los de mayor jale publicitario). Cesc Fàbregas y Diego Costa, dos españoles que, quien lo diría hace dos años, se han vuelto los socios más letales en la cancha.
Llevó de vuelta a Didier Drogba luego de dos años fuera del club. Reclamó la presencia de Thibaut Courtois, que había pasado tres años haciéndose mayor en el Atlético de Madrid. Fiel a la estampa del técnico, el equipo tardó poco más de un año en convertirse en una máquina de cosechar triunfos.

La amargura de caer eliminados por el PSG en la Champions League -y con la intervención de un jugador desechado por Mourinho, ni más ni menos- casi se compensó con su impresionante racha en la Premier League. Casi, pues no quita el ojo del premio mayor.
Pero la satisfacción de mostrar, de nuevo, que es uno de los entrenadores más exitosos del planeta, provocando irritación en un sector no menos prominente del mundo del futbol, esa no se la quita nadie.
A Mourinho, irreverente a propósito y con propósito, le encanta torear a prensa, rivales y cuanto contrincante dialéctico se le ponga enfrente, sea quien sea. Y rara vez pierde la batalla.
"Arrogante", para algunos; "impresentable", para otros; "enemigo del futbol", según el exárbitro Volker Roth. Un "técnico negativo que solo se preocupa por el resultado", según Johan Cruyff.
Pero para la mayoría de jugadores y entrenadores profesionales, uno de los mejores. Incluido Josep Guardiola, quien llegó a decir que "probablemente sea el mejor técnico del mundo". También el más exitoso, actualmente.
Para muestra dos récords que habrá que esperar décadas para ser igualados: la racha más larga en la historia del futbol ganando como local, 150 partidos entre 2002 y 2011, y la racha más larga de conquista de títulos, nueve años entre 2003 y 2012 proclamándose campeón al menos una vez.
Mourinho prácticamente cuenta un título por temporada, pero su temperamento hace que también cuente con una polémica por campaña. La última, una batalla con Arsene Wegner, técnico del Arsenal, de la que invariablemente salió como campeón.
La rencilla empezó hace ya 10 años, en la primera etapa de Mou en el Chelsea, cuando insultó a Wegner llamándolo "voyerista", en alusión a su "extraña obsesión" con los de Stamford Bridge.
El francés, fuera de sí, amenazó con demandar y el portugués se tuvo que disculpar. Pero la animosidad quedó en el aire y apenas regresó a Londres retomaron la ofensiva. "Perdedor", le dijo Mou en febrero del año pasado. Wegner respondió: "algunos estúpidos nunca aprenden".

En octubre, Chelsea venció al Arsenal por 2-0. Un partido que no habría tenido nada de particular tan temprano en la campaña más allá de un duelo entre férreos rivales de la misma ciudad si no es porque los técnicos estuvieron a punto de llegar a las manos.
Para la segunda vuelta, el Chelsea visitó al Arsenal a cuatro jornadas del final de la Premier y a un paso del título después de mantenerse prácticamente todo el torneo en la cima (sólo en la jornada dos abandonó momentáneamente del primer lugar).
En Inglaterra, sin embargo, le llovían críticas pues la mayoría de sus victorias se contaban con marcadores por 1-0. Y eso que solo perdió dos veces en la campaña (la última, en enero) y no cedió en casa ni una vez. Por cierto, Mou ya va en el partido 45 sin conocer la derrota como local, lo que significa que es la segunda racha con más victorias en casa, la primera también está en sus manos.
El partido en el Emirates acabó con un empate 0-0 mientras la grada cantaba "Boring Chelsea".
Mourinho, como si no pasara nada, solo espetó que "el equipo aburrido es el segundo con más goles marcados de la Premier y el mejor en la diferencia de goles". La diferencia era, entonces, de 39 tantos, con 65 marcados y 26 recibidos. Dicho eso, lanzó un dardo: "Lo aburrido es no ganar una Premier en 10 años". Y tan a gusto se quedó.
Más satisfecho quedó, si se puede, cuando dijo apenas proclamarse campeón: "La Premier es la liga más complicada del mundo y lo sabía cuando decidí regresar a ella. Aquí es imposible ganar por 8-0".
Su declaración fue en alusión al último equipo que había dirigido y donde pasó más pena que gloria, Real Madrid, que recientemente ganó un partido por 9-1.
Y como esas, un costal. Tan creativo es que sus declaraciones muchas veces terminan convirtiéndose en frases hechas.
Mourinho disfruta con su notoriedad, pero más aún, con su autoridad. De hecho, exige que se le respete el poder de decisión dentro del equipo. De ahí que, sorpresivamente, abandonó el Chelsea en septiembre de 2007, cuando el propietario nombró a Avram Grant como Director Deportivo del Club. Dicha decisión impedía que el portugués hiciera lo que mejor le pareciera con su equipo: trabajar a sus anchas, que es lo que le gusta, que le reconozcan los resultados y no le pidan que juegue bonito.
"La gente habla de estilo y elegancia, ¿pero qué es eso? Parece que para algunos es más importante tener el balón que marcar goles. Tal vez cuando mis nietos jueguen al futbol iremos al estadio a disfrutar como los jugadores se pasan el balón", señaló recientemente.
Mourinho es un entrenador de futbol tan carismático y peculiar, que tuvo todo el sentido del mundo que fuera nombrado 'Rockstar del año' por Rolling Stone España en 2011. Especial, pues.
"Uno especial, no el especial", corrigió el técnico portugués a la prensa inglesa, un poco en broma, un poco en serio, recientemente.
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BARCELONA -- En la búsqueda de recuperar las esencias, el FC Barcelona contrató a Luis Enrique sin caer en la cuenta que el entrenador asturiano es un personaje alejado de todos los estereotipos que el club pudiera imaginar. Firmó por dos años y a seis semanas de que se acabe la temporada mantiene la duda de su continuidad. Su futuro, advierte, no va más allá del siguiente partido.
De momento cumplió 50 partidos ante el PSG y los números son la mejor carta de presentación que deberían dar por hecha su permanencia en el banquillo el próximo curso. Supera en triunfos a Guardiola y al número uno, Helenio Herrera. Ha colocado al equipo en la final de Copa, en las semifinales de Champions y en lo alto de una Liga que lidera a falta de seis jornadas para su conclusión.
A estas alturas, a los defensores de las esencias puede presentarles la primera parte frente al PSG o la exhibición en Manchester, a los resultadistas esas 42 victorias en 50 partidos y a los exigentes del cambio, partidos como el de Copa en el Calderón. Para todos hay en el libreto de Luis Enrique porque es el entrenador que mayor controversia y mejor rendimiento ha provocado.
Está, como proclamaba el trascendental Johan Cruyff, en la carrera por ganarlo todo en pleno mes de abril... Y sin embargo se blinda en el silencio. Así es Luis Enrique, capaz de cambiar la opinión de todo el entorno del club y ganar adeptos en base a decisiones que hoy son aplaudidas (las rotaciones), pero que en su momento se le echaron en cara. Y, en la cuadratura del círculo, mantener la compostura y la calma a pesar de su evidente enemistad con la estrella del vestuario.
Hace cerca de cuatro meses, al comenzar el año, su enfrentamiento con Leo Messi le condenó a ojos de todo el mundo y las especulaciones, que vuelan en el entorno del Camp Nou, siguen dando por hecho que si el argentino no puede verle, él tampoco le soporta.
Pero, más aún, su distanciamiento con la junta de Bartomeu a partir del despido de Zubizarreta es una realidad que nunca se ha preocupado en disimular. Al contrario. De hecho, la nueva comisión técnica encabezada por Ariedo Braida y Carles Rexach no ha sido ni tenida en cuenta por el entrenador.
Porque Luis Enrique, capaz de provocar tantas dudas en los despachos como en el vestuario y el entorno, vive a la suya sin preocuparse del qué dirán, qué escribirán o qué pensarán más allá de su propio caparazón. Es por ello que no hay rueda de prensa sin un enfrentamiento, una indirecta, una mala contestación y una polémica. Un día tras otro, sin que se adivine el final.
Más próximo a Van Gaal que a Guardiola, el asturiano personaliza un capítulo que ya vivió en su día cuando era jugador. Sucedió en el banquillo a Gerardo Martino como en 1997 Van Gaal ocupó el puesto de Bobby Robson. El inglés aguantó un año convulso y con un entorno tan enrarecido como lo soportó el Tata y Van Gaal, con un carácter de hierro, nunca dudó a la hora de enfrentarse a quien fuera (desde Rivaldo hasta los periodistas) como hace ahora Luis Enrique.
Pocos entrenadores, o ninguno, se adivinan capaces de vivir en conflicto permanente con todo el mundo como hace el asturiano, que ha sabido adaptar su ideario futbolístico a las necesidades y exigencias de la plantilla sin dar sensación de debilidad a ese entorno incendiario del Barcelona.
Y que para redondear el asunto falta por asomar la contienda electoral, en que su figura, de forma invariable, estará en el escenario. Acaso esa sea otra de las razones por las que se mantiene invariablemente mudo al hablar de su futuro, consciente de que, quizá, el nuevo presidente, o el propio Bartomeu si gana la contienda, no le tenga en cuenta... Dependiendo de los diez partidos que restan para acabar la temporada.
Luis Enrique es lo que se conoce en España como 'un alma libre' que no se siente atado a nadie en este Barça y pudiera ser el primer entrenador que abandona el club después de ganarlo todo. Está, al menos en ese camino. El de ganarlo todo. O no.
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En una competencia en la cual existe un conflicto de interés innato, y la tarea de un entrenador se supone que vaya más allá de ganados y perdidos, Mike Krzyzewski y Geno Auriemma han perfeccionado el sistema para trascender generaciones.
Y es que Krzyzewski y Auriemma son más que dos de los entrenadores más exitosos en la historia del baloncesto colegial División I al frente de las universidades de Duke y Connecticut, respectivamente. Son figuras emblemáticas de instituciones, caras de un deporte cuyos atletas son intercambiables, y líderes de hombres y mujeres que salen al mundo profesional tocados por la influencia de dos de los mejores en la historia.
Krzyzewski y Auriemma dieron otra lección en cancha esta semana de su valor trascendental, llevando a sus respectivos equipos a los títulos masculinos y femeninos. Para 'Coach K' fue su 5to título nacional; para Auriemma fue su 10mo, todos desde la temporada 1995-96.
En el caso de Krzyzewski y los Blue Devils, la coronación fue sorpresiva en parte, a pesar de que era un primer sembrado en el Torneo NCAA. Se supone que fuera Kentucky el que cortara las mallas al final, preferiblemente para el público (y los auspiciadores) en un pareo de ensueño frente a Duke.
Sin embargo, un resbalón ante Wisconsin dejó fuera a los Wildcats en el Final Four, y colocó a los Badgers como el único obstáculo de Krzyzewski en búsqueda de su primer campeonato desde 2010. Y aunque el resultado estuvo en duda por un momento, cuando todo estuvo dicho y hecho, 'Coach K' se posicionó segundo en la lista histórica detrás del legendario John Wooden y sus 10 títulos con UCLA.
La ovación de pie que recibió Krzyzewski por su más reciente éxito en cancha se dejó sentir de costa a costa, gracias en parte al respeto que cultivó por los diferentes tabloncillos que ha pisado a través de su carrera a nivel colegial o internacional con el equipo nacional de Estados Unidos. No sería una exageración decir que 'Coach K' es el entrenador de baloncesto activo más respetado en el mundo; y si no me creen, solo pregúntenle a LeBron James o Kobe Bryant.
No obstante, ni siquiera Krzyzewski puede pararse al lado de Auriemma cuando hablamos de campeonatos, consistencia, y en esencia, una dinastía.
Las Lady Huskies de Auriemma son el equivalente de los Bruins de Wooden; una perfecta combinación de coach, jugadores y época que solo se ve en algunas generaciones, y solo en algunos deportes.
El décimo cetro de Auriemma lo empató con Wooden con la mayor cantidad en deportes colegiales, y significó su segunda racha de tres campeonatos desde la temporada 2001-02. Y antes de llegar a su segunda cita en fila con Notre Dame por el campeonato, Auriemma y sus jugadores primero clasificaron a su octavo Final Four corrido, extendiendo su propio récord.
En otras palabras, donde Wooden no tenía competencia como el máximo ganador y UCLA no tenía rival como la dinastía por excelencia en el tabloncillo del baloncesto, Auriemma y Connecticut se han acomodado, por el momento, como sus iguales. Y es hasta ahora, porque es bien difícil imaginar que las Lady Huskies no cortarán las mallas otra vez en el futuro.
Auriemma y Krzyzewski, al igual que cualquier entrenador colegial, se dejan valer por los jugadores que atraen al programa. Y por cada Danny Ferry, Christian Laettner, Bobby Hurley, Grant Hill, Shane Battier o Jahlil Okafor que dejaron su marca en Duke, hay una Rebecca Lobo, Jennifer Rizzotti, Sue Bird, Diana Taurasi, Maya Moore o Breanna Stewart que hizo historia en la 'casa que Geno construyó'.
Y aunque no todos los jugadores que fueron dirigidos en algún momento por Auriemma o Krzyzewski vieron sus sueños realizados en la WNBA, la NBA, la mayoría puede considerarse una historia exitosa en o fuera del tabloncillo gracias a su tiempo bajo la dirección de Auriemma o Krzyzewski.
Porque eso es lo que Auriemma y Krzyzewski hacen, lo que en verdad los separa de la competencia; apuntan a sus jugadoras y jugadores en la dirección correcta a la hora de vivir, con o sin el balón en mano.
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Como predecible fue el hecho de que sellara un legado asegurado hace mucho tiempo después de conseguir superar a Michael Jordan como el tercer mejor anotador de la historia de la NBA. Audaz en sus reacciones tras el éxito cosechado, Kobe fue elegante en el fondo y en la forma a la hora de mentar a su mentor. Se acordó de Jordan porque sin él no hubiera podido superarle en anotaciones -- que no en otros aspectos -- porque aquel que ahora ve al toro desde la barrera llegó a estar en primera línea de ataque con la majestuosidad del rey de una selva de criaturas cuasi perfectas. Cuánto mérito.
Entonces aconsejó al que en aquellos finales de los años noventa apuntaba maneras en la mejor liga del mundo. Le instó a crecer, le inspiró, le ayudó a ser mejor y más competitivo. Desde la retaguardia, Jordan ha presenciado a su discípulo pasar flechado por su lado. Seguramente haya habido más orgullo que otra cosa ante un hecho que se veía venir, estaba cantado que la proyección de Kobe acabaría cumpliendo los pronósticos en cuanto al número de puntos anotados. Lo tenía asumido mucho antes de que sucediera.
Hubo un tiempo en que el pasado y el futuro del básquetbol coincidieron y todos debemos dar gracias por ello. Porque la conexión de estas dos leyendas las ha engrandecido, porque gracias a ellos se vuelve a repetir una máxima irremediable: los mejores beben de la fuente de los mejores. Así nacen, crecen y se reproducen aquellos que destacan, los que son capaces de entender el liderazgo de una manera absoluta, sin medias tintas. Predicando con el ejemplo, mejorándose a sí mismos y mejorando a los que les rodean.

Porque jugadores como Bryant y Jordan no aguantan la incompetencia, no soportan las personalidades débiles y conformistas. Castigan el mínimo esfuerzo y la falta de criterio. Alzan la voz contra los ineptos sin complejo alguno y les azotan con el arma más potente que tiene uno y que tuvo el otro: el ejemplo.
El brillo no es automático, no es algo caído del cielo, de santa divinidad y espiritualidad innata. La sangre azul del monarca y el veneno de la 'Mamba Negra' no confluyen en la historia sin un arduo trabajo detrás, sin caídas abruptas solventadas con excelencia. Nadie nació siendo el mejor, en el básquetbol, como en la vida, no se heredan valores ni cualidades por gracia de los astros.
La mirada de Kobe ha sido capaz de recoger el brillo de los ojos de Jordan, clínicos y hambrientos de triunfo. Ha sabido proyectar atributos varios de una manera inconformista y sólida. Ahora es él la inspiración de los más jóvenes. De Julius Randle, de Jabari Parker, de los chicos que se levantan cada mañana para ir a la escuela tras una noche de sueños color duela. Un líder inspira, alienta y utiliza su criterio, su calidad y sus conocimientos para mejorar a los demás.
No todo el mundo puede definirse con el calificativo de líder, para eso hay que tener tantas virtudes como puntos acumula Kobe, cosechar éxitos sonoros, mediáticos en ocasiones y rimbombantes que justifiquen el apelativo; pero también triunfos silenciosos, del día a día y en la penumbra. Son precisamente estos últimos, los que nadie ve, los pequeños reconocimientos que engrandecen a las figuras y muestran al mundo a estos paradigmas de nuestro tiempo.
Todos debemos tomar nota de las virtudes que hacen que Kobe Bryant sea uno de los líderes más destacados de nuestro tiempo.
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Será su partido número 100 como titular en la NFL desde que reemplazó a una de las leyendas más grandes en la posición de mariscal de campo y un ícono de los Green Bay Packers.
Los Packers enfrentarán este lunes a los Atlanta Falcons, en el cierre de la Fecha 14 de la NFL con Rodgers como el líder indiscutible del equipo y, para muchos, de toda la liga en cualquier posición.
"Cuando volteo hacia atrás, me doy cuenta de que me estoy volviendo viejo en esta liga", dijo Rodgers, quien el pasado martes cumplió 31 años de edad. "Ni siquiera me imaginé jugando 100 partidos en la NFL, menos como quarterback de una de las franquicias más legendarias de la liga".
"No crean que me emociona demasiado", bromeó. "Me voy a emocionar más cuando cumpla otros 100 (juegos)".
El liderazgo de Rodgers nunca ha estado en debate. Desde la Universidad de California, donde alguna vez se atrevió a decir que si no era la Universidad del Sur de California ningún otro equipo de la entonces Conferencia de los 10 del Pacífico era elegible para el campeonato nacional.
Hasta su controversial llegada a la NFL en un draft en el que se deslizó desde ser considerado candidato a la primera selección global hasta la número 24 para un equipo con entonces un quarterback establecido por completo como Favre.
Pero Rodgers siempre ha encontrado la manera de librar obstáculos. Pasó tres años aprendiendo de Favre y en su primera oportunidad atrás del centro mostró que estaba listo.
El 29 de noviembre de 2007, Rodgers tuvo su primera participación significativa de juego contra los Dallas Cowboys en el vetusto Texas Stadium, cuando en el tercer cuarto de un partido que parecía decidido por completo entró en reemplazo de un lastimado Favre y casi saca la victoria.
Ese día, los Packers se dieron cuenta de que Rodgers estaba listo para ser su nuevo líder. Dejaron ir a Favre antes de la campaña de 2008 y Rodgers fue promovido a la titularidad.
Desde entonces es uno de los quarterbacks con más logros en la NFL, que incluyen ya el campeonato que ganó en el Super Bowl XLV sobre los favoritos Pittsburgh Steelers y el nombramiento de Jugador Más Valioso de la liga.
En estadísticas individuales ha superado a Favre de calle y las colectivas son casi idénticas, algo que era poco probable cuando fue promovido al primer equipo si se considera que su antecesor es considerado calibre Salón de la Fama.
En sus primeros 100 partidos, Rodgers tiene 25 pases más de touchdown, 3 mil yardas más y 50 intercepciones menos que Favre.

Favre tuvo marca de 68-32 en su primera centena de juegos; Rodgers comenzará el lunes con récord de 67-32.
Rodgers comenzará el partido de este lunes contra Atlanta con 219 pases de touchdown, más que ningún otro quarterback en sus primeros 100 partidos como titular, en los que sólo ha sido interceptado 54 veces, también la cifra más baja. Su diferencial entre pase de touchdown/intercepción es de 4 a 1, casi el doble que cualquier otro mariscal de campo en su primera centena de partidos titulares en la NFL.
Rodgers ha ganado todo en la NFL. Pero la fama entre compañeros y rivales va más allá de situaciones que se puedan cuantificar en números.
Es considerado uno de los mariscales de campo más inteligentes, capaz de anticipar cualquier movimiento de las defensivas rivales y de ejecutar con precisión gracias al estudio y preparación dentro y fuera del campo.
"Con el debido respeto para cualquier quarterback en la NFL, pero ahora mismo, él (Rodgers) está en un nivel mucho más alto que cualquier otro", dijo el jueves pasado Mike Smith, entrenador de los Falcons, a la prensa que cubre a los Packers.
"Si sólo ven sus estadísticas, notarán que son fenomenales", señaló el entrenador de los Falcons. "Pero cuando observas el video de sus juegos es más impresionante aún. Sabe perfectamente cómo atacar y qué harán las defensivas. Sabe extender las jugadas".
Cuando ganó el Super Bowl XLV en el estadio de los Cowboys, Rodgers lideró a un equipo titular desde la ronda de comodines, que sufrió lesiones clave en casi todas las posiciones, con una línea ofensiva y juego terrestre casi inexistentes.
"Aaron hace mejores a todos los que están a su alredor", dijo hace algunos días el receptor de los Packers Jordy Nelson. "Es capaz de competir casi por sí mismo y rara vez comete errores".
"Cuando suceden cosas negativas es porque el defensivo hizo grandes jugadas y no porque Aaron haya cometido errores".
Y cada año parece mejorar. Rodgers no ha sufrido una intercepción en su Lambeau Field desde hace dos años, la última fue el 2 de diciembre de 2012. En cambio, ha lanzado 361 pases incluyendo 31 de touchdown.
Su durabilidad tampoco está en duda. En sus primeras cinco temporadas como titular, de 2008 a 2012, sólo faltó por lesión a dos partidos. El año pasado sólo jugó nueve por lesión.
Pero este año regresó corregido y aumentado.
En 2014, Rodgers es el líder en índice de efectividad para un mariscal de campo con cifra récord a estas alturas de la temporada de 118.6 puntos, suma 3,225 yardas con 32 pases de touchdown y sólo tres intercepciones.
Rodgers bien puede ser considerado el mejor jugador en cualquier posición. Y el líder indiscutible de un equipo que comparte la mejor marca de la NFL al entrar a la Semana 14 de la campaña regular y que ya es considerado favorito para Super Bowl en la Conferencia Nacional, tras derrotar el domingo anterior a los New England Patriots.
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Joe Murphy/NBAE/Getty ImagesEl entrenador de Memphis Grizzlies ha revolucionado el equipo.Su equipo es actualmente el que mejor balance tiene en la liga (10-2). Líderes de la exigente Conferencia Oeste y comandados por un coach garante de un estilo de juego jovial y serio en ambos lados de la cancha (sobre todo en defensa), los Grizzlies han sido capaces de vencer a equipos de la talla de Sacramento Kings, Indiana Pacers, Oklahoma City Thunder, Nueva Orleans Hornets o Houston Rockets. Tan solo cayeron ante unos Milwaukee Bucks y Toronto Raptors en alza. El buen balance en la clasificación general de Memphis es cosa de una buena gestión de recursos e individuos que mejoran la colectividad de una manera rotunda.
En su segunda temporada al frente de los Grizzlies, Joerger ha sabido potenciar las virtudes de su equipo con una férrea defensa liderada por jugadores como Marc Gasol (18.0 ppj, 7.8 rpj 1.5 bloqueos) y Zach Randolph (16.6 ppj y 11.8 rpj). En la teoría no resulta extraño que con profesionales de esa categoría, el coach haya logrado dar con la clave defensiva.
En los 12 primeros encuentros, antes de medirse a Boston Celtics el viernes, Memphis es el segundo plantel que menos puntos permite por juego (91.8 ppj) y cuenta con un índice defensivo de 101.0 (quinto puesto). La solidez en la pintura, la velocidad en transición y la inteligencia de jugadores como Tony Allen (2.1 robos por juego), hacen de los Grizzlies un equipo a batir.
El coach ha logrado equilibrar un juego de prioridad defensiva con achaques ofensivos que sin ser brillantes han sido suficientes para que las victorias vayan cayendo como fichas de dominó. De mitad para abajo en puntos anotados (puesto 18 con 97.9 ppj) y asistencias (puesto 21 con 20.3 apj) Joerger inculca coherencia y saca partido de lo que mejor sabe hacer el equipo, tal y como demostró la temporada pasada, su primer año como al frente del equipo.
En aquella ocasión, alcanzó un balance de 50-32 (61.0 por ciento), empatado como el tercer mejor registro de la historia de la franquicia tras la campaña 2012/13 (56-26; 68.3 por ciento) y la 2011/12 del lockout (41-25; 62.1 por ciento).
Desde que lidera el cuerpo técnico de Memphis, Joerger está entre los coaches que mejor balance de victorias y derrotas tiene en su haber. Entre la campaña pasada y la presente, el entrenador acumula un balance de 60-34 (63.8 por ciento), unos números envidiables.
EXPERIENCIA PROBADA LEJOS DE LA NBA
Aunque su periplo en la NBA está comenzando (no hay que olvidar que también fue asistente de Memphis desde 2007 a 2013), Joerger ha brillado en las categorías previas a la máxima competición. Fue campeón de la D-League con Dakota Wizards (2006/07). Antes, logró un campeonato de la extinta IBA (International Basketball Assotiation en 2001) y tres en la también desaparecida CBA (Continental Basketball Assotiation en 2002, 2004 y 2005). En esta última competencia, el actual entrenador de Memphis logró dos galardones a Coach del Año y un récord de 66.5 por ciento de victorias.
Como punto de referencia del éxito de Joerger en las ligas menores, ha sido el coach que dio el salto a la NBA que ha logrado más campeonatos de esas competiciones. Doblega a Phil Jackson, Flip Saunders, George Karl y Eric Musselman en éxitos combinados.
Si hay algo que caracteriza a este líder precoz y todavía joven es la capacidad para enseñar a sus pupilos y hacerles crecer de manera significativa. Un ejemplo claro es que 18 de los jugadores que pasaron por sus filas desde 2003 a 2007 jugaron en la NBA. Casualidad o no, lo cierto es que Joerger está despuntando en este inicio de liga, una circunstancia que le coloca como uno de los coaches punteros del campeonato.
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Cuando en el quinto inning del séptimo juego de la Serie Mundial sacó a lanzar de relevo al zurdo Madison Bumgarner, Bochy "les comió la mente" a los Reales de Kansas City y con esa movida magistral aseguró para los Gigantes de San Francisco su tercera corona en los últimos cinco años.
Nacido en un lugar tan ajeno al béisbol como Francia, Bochy está pavimentando a golpes de sabiduría su propio camino hacia el Salón de la Fama de Cooperstown.
En el 2010 le dio a los Gigantes su primer título desde que el equipo se mudó de Nueva York a San Francisco en 1958.
Dos años después consiguió su segundo banderín y completó la tripleta en el 2014, quizás el año en que más necesitó mover sus piezas con la maestría de un campeón de ajedrez.
Las lesiones son siempre golpes bajos en las aspiraciones de deportistas o equipos, que obligan a cambios drásticos en tácticas y estrategias.
Este año los Gigantes perdieron al boricua Angel Pagán, su patrullero central titular, al venezolano Marco Scutaro, proyectado para ser su segunda base de cada día y a Matt Cain, quien debía ser el hombre grande en la rotación de abridores.
Le tocó a Bochy barajar sus opciones para completar el largo calendario de 162 partidos y llegar a la postemporada, donde su estatura de estratega creció al nivel de la leyenda.
"Cuando pasan estas cosas hay que dejar de lado su propia agenda y hacer lo que es mejor para el equipo. Nuestra prioridad siempre es ganar y estos chicos han hecho un gran trabajo. Un montón de ellos han pasado por ahí todos los días y su papel ha cambiado. Todos quieren ser parte del juego, pero sólo hay nueve puestos de titulares. No es fácil aceptar eso, pero los que menos juegan también hacen un gran trabajo, siendo buenos compañeros de equipo y ayudando en lo que puedan", dijo en una reciente entrevista el manager que pasó 12 años dirigiendo a los Padres de San Diego y lleva ahora ocho con San Francisco.
"No sé si estoy dirigiendo de una manera diferente a como lo hacía antes. No creo que haya que armar tanto alboroto con eso. Simplemente se trata de poner a cada muchacho en el lugar y el momento correcto para tratar de ganar el juego".
¿No hay que armar tanto alboroto? Saber qué hacer en cada momento y lograr que la gran mayoría de las jugadas te salgan bien es algo reservado a muy pocos y Bochy es uno de esos bendecidos por los dioses del béisbol.
Si se miran a profundidad las plantillas con las que ganó las Series Mundiales del 2010, 2012 y 2014, no hay muchas estrellas superlativas, de esas que uno sabe de antemano que cinco años después de acabar sus carreras terminarán con una placa en Cooperstown.
Pero Bochy supo sacarle siempre el máximo provecho a cada jugador, más allá de sus nombres. Y por eso ganó.
"Cuando a usted le entregan un club, siempre tiene la esperanza de poder mantener a la gente unida, de lograr buena química. Pero eso no es algo que simplemente sucede. Usted tiene que trabajar en ello todos los días. No es fácil".
Claro que no lo es. Pero ahí entran las otras funciones del manager, más allá de ordenar un toque de bola de sacrificio, un robo de base o un boleto intencional.
Hay que ser un poco padre, psicólogo, maestro, líder, para aunar a un grupo de disímiles caracteres en pos de un solo objetivo.
Sólo cinco managers en la historia han ganado más de las tres Series Mundiales que hoy exhibe el mentor de los Gigantes de San Francisco.
Joe McCarthy y Casey Stengel, ambos con siete, Connie Mack con cinco y Walter Alston y Joe Torre, con cuatro cada uno, ya están inmortalizados en Coopertown.
Con sus tres títulos en clásicos de otoño, Bochy empata en el sexto lugar de todos los tiempos con Sparky Anderson, Miller Huggins, Tony LaRussa y John McGraw.
Y todos ellos también están en el Templo de los Inmortales, esperando a Bochy con los brazos abiertos.
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