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El sello de la casa: La última pelea

Ahora les voy a hablar de box.

Yo jugaba como profesional en los Coyotes del Neza, pero tenía que ir a Toluca para firmar un contrato ya que el entonces presidente de los Coyotes era Anuar Maccisse y vivía en esta ciudad. En ese momento, mi amigo Alberto Aguilar y yo, vimos como un auto blanco nos rebasaba en la carretera a 200 Km/hr y notamos que lo conducía, nada más y nada menos, que Salvador Sánchez, el campeón mundial de peso pluma.

Recuerdo que días antes había hecho una gran pelea contra el campeón puertorriqueño Wilfredo Gómez, el mexicano se impuso de manera espectacular. Pocos minutos después de que nos rebasó en la carretera, vimos a una persona arriba de un camión golpeando a alguien más y notamos que se trataba de nuevo de Salvador Sánchez. Así que nos detuvimos y le pedimos al campeón que parara: “Acabas de tener una de las mejores peleas, por favor deja a esta persona”, le dije.

Salvador se nos quedó viendo y arrancó de nuevo su auto blanco. Más adelante en el camino, el campeón se paró en un restaurante y nos hizo una señal, nosotros nos detuvimos y nos encontramos con una invitación a comer de parte del campeón. Comimos en el “Intimo” y al final tuve una pequeña discusión con Sánchez sobre quién pagaba la cuenta, se paró frente a mí, noté su gran collar de oro y anillo de diamantes, noté su estatura igual a la mía... y decidí que esa última pelea era para otra ocasión y lo dejé pagar.

De ahí acompañamos a Salvador a su casa en Tequesquitengo y me puse el fajín mundial para ver cómo se sentía; era pesadísimo. Como respuesta a la amabilidad del campeón, decidí invitarlo al partido de Neza contra el América, algo que aceptó con gusto. Ese domingo se armó una tremenda bronca entre estos equipos.

Pero la vida da muchas sorpresas, y un día antes de reencontrarnos en el estado, nos enteramos que había chocado en la carretera hacia Querétaro, un accidente que había terminado con su vida. Ahí quedó uno de los más grandes peleadores que tuvo México, un campeón que dejó una huella imborrable para el pueblo mexicano, un gran campeón con el SELLO DE LA CASA tras aquella pelea ante Wilfredo Gómez.

Aprovecho este espacio para darle gracias al campeón por esos momentos. Salvador, donde quiera que estés hermano mío, mi eterno agradecimiento.

Esto es, Desde la Cancha, para ESPN.