<
>

Manny, un campeón diferente

Fueron muchos los que pensaron que Manny Pacquiao no iba a poder contra dos grandes adversarios: Keith Thurman y El Padre Tiempo. A los 40, se medía con un hombre no solamente diez años menor, sino también un welter natural de 66,678 kilos, mientras que, se sabe, Manny es físicamente mucho menor, como quien procede de categorías chicas.

Sin embargo, y luego de un primer asalto electrizante, las cosas comenzaron a ponerse en su lugar, puesto que tras tocar a Thurman con una derecha que al norteamericano le llegó de la nada, tuvo al rival por el suelo.

Se levantó, con un rictus nervioso, mientras estallaba el MGM Grand, en donde Manny es absolutamente local (era el debut de Thurman en Las Vegas) y en este caso, el favorito sentimental de la mayoría.

Cayó Thurman, y aunque se repuso, el golpe psicológico ya estaba dado: Manny, contra todos los pronósticos –o al menos, la gran mayoría- adoptó la actitud dominante frente a su rival. Se esperaba que fuera “One Time” quien asumiera el control, porque lo lógico en estos casos es no dejar pensar al rival que, por veterano, tiene más herramientas. La lógica, se sabe, no siempre es gran consejera. Thurman, efectivamente, había arrancado bien con el jab, pero al primer cambio de golpes efectivo, estaba en la lona…

Dominó Pacquiao durante la primera mitad del combate, sorprendiendo con cambios de frente, metiendo la derecha a fondo y anticipando a un rival sólido, peligroso, pero también más lento. Con Freddie Roach en su esquina, este Pacquiao que venía de ganarle a Adrien Broner el 19 de enero de este año, lució rejuvenecido.

Thurman, se sabe, tuvo tiempos de inactividad que suelen pagarse caro. Una lesión en el codo derecho, con 6 meses de recuperación, un problema en la mano izquierda luego de su victoria con Danny García, en marzo de 2017… Y luego, recién luego, en enero de este año, su pelea frente a Josesito López, un rival desgastado ya, a quien venció dejando serias dudas.

Todo esto forma parte de la especulación. Tomamos a un campeón vigoroso, a pesar de las lesiones, que suma 29 peleas, todas ganadas, con 22 nocauts. Supercampeón AMB welter, para decirlo mejor.

Y a un campeón regular (el título se lo ganó a Lucas Matthysse, quien cayó sin pena ni gloria en julio pasado) que a los 40, suma 61 victorias con 39 nocauts, 7 derrotas (3 antes del límite) y 2 derrotas: Senador de su país, seguramente aburguesado, con una dilatada campaña sembrada de nombres de primer nivel como Juan Manuel Márquez, Sugar Mosley, Marco Antonio Barrera, Erik Morales, Oscar De La Hoya, Miguel Cotto…

No, no todo es dos más dos cuatro.

Porque a pesar de los números, las especulaciones y las estadísticas, hay elementos imposibles de medir, pesar o guardar en una caja: el corazón de un campeón tiene razones que otros no entenderán jamás.

Thurman, favorito por tener muchas cosas a favor, no contó con que estaba frente a un campeón de otro rango, comparable, ya, a los Durán, Leonard o Holyfield, a los que nunca, jamás hay que dar por vencidos.

Sí, claro que es cierto: ya no es el de antes.

De hecho, Thurman, tras haber llegado a su esquina caminando mal al final del cuarto –lucía agotado, a lo que se sumaba una gran hemorragia nasal-, logró recuperar el quinto. Es más, iba ganando el asalto hasta que Manny se “lo robó” con un tremendo final.

Sin embargo, Thurman arrancó con todo en el sexto y comenzó a comandar las acciones, luciendo más entero, más fresco y hasta más veloz que Manny, obligado, en muchas ocasiones, a retroceder.

La pelea ingresó en un terreno lleno de baches para Manny, porque se lo notaba superado por la velocidad y la calidad de los golpes de Thurman, que mantuvo esa hegemonía hasta el décimo.

Sin embargo… no estaba todo escrito, porque cuando parecía que la balanza se iba a inclinar a favor del más joven, apareció el corazón, la experiencia y la habilidad del Viejo Campeón.

No solamente recuperó terreno Manny sino que además llegó a conectar algunos golpes abajo que prácticamente dieron por tierra a Thurman: justamente cuando más necesitaba ser efectivo para cerrar la pelea.

Ahogado, tras aquel tremendo gancho al cuerpo, Thurman tuvo que soportar el asedio de quien, una vez más, pasaba a dominar la pelea. Con los pómulos marcados, Thurman aguantó hasta el final, en una demostración de fortaleza y espíritu combativo.

Pero fue Pacquiao el dueño de la noche, porque también él con la cara muy marcada, fue quien se llevó la justa decisión.

Apretada decisión, por cierto.

Trabajosa victoria, es real.

Superado muchas veces en forma claro, no hace falta decirlo.

Pero los grandes campeones tienen en su corazón algo que los distingue, que los pone un escalón más arriba de los demás.

Llámele resistencia a la adversidad.

Dígale instinto.

O catalóguelo como experiencia, si le parece bien.

Como quiera llamarlo. Es eso que los diferencia del resto.

El retiro debería estar a la vuelta de la esquina, pues este Thurman –con toda su dignidad de gran profesional- hubiera corrido otra suerte con un Pacquiao más fresco. Pero el “hubiera” no existe. Y habrá otros Thurman, si Manny persiste, para demostrar que no se puede contra el Padre Tiempo.

Tal vez haya llegado el momento del retiro, Manny.

Esta vez, la victoria fue sufrida y merecida: con todas las galas que distinguen a los grandes campeones.