El significado de Brasil para las MMA

Imagen del Mangueirinho Arena en Belem do Pará, cuando Valentina Shevchenko luchó contra la brasileña Priscila Cachoeira en febrero pasado. Jason Silva-USA TODAY Sports

Nota del editor: El presente artículo fue originalmente publicado en mayo de 2018.

El cántico comienza con una persona entre la muchedumbre. Luego se multiplica por docenas, luego cientos y finalmente miles de personas gritan la misma frase al unísono.

Uh vai morrer.

Que se traduce del portugués como: “Vas a morir”.

Si se acude a cualquier programa de artes marciales en Brasil la frase se escuchará sin falla. Cuando un peleador oriundo de ese país se enfrenta a un extranjero, esas palabras se apoderarán de la arena como una forma en la cual los aficionados muestran apoyo por su compatriota e intimidan a su oponente.

Yancy Medeiros lo sabe de primera mano. “Pongámoslo así… no iba a Brasil pensando que iban a aplaudirme si deseaba noquear a su compatriota”, dice Medeiros, hawaiano que ha peleado en Curitiba y Río de Janeiro. “Me mostraban los dedos medios y todo cuando me dirigía hacia el combate. Está bien que haya sentido eso antes de pelear, porque sabía bien cómo gestionar mis energías. Sientes esa energía y deseas retribuirla”.

Muchos consideran a Brasil como cuna de las artes marciales mixtas modernas. Royce Gracie, oriundo de Rio, utilizó jiu-jitsu para superar a oponentes de contextura muy superior a la suya en el primer evento de la UFC en 1993. Hoy en día, un gran porcentaje de los rosters actuales de la UFC y Ballator lo constituyen púgiles nacidos en la nación suramericana. Mientras se siguen expandiendo en popularidad dentro de los Estados Unidos y alrededor del mundo, las artes marciales mixtas son un fenómeno importante en Brasil.

“El deporte de las artes marciales mixtas ha crecido de forma masiva. Está muy cerca del fútbol”, expresó Kevin Gastelum, peleador de los pesos medios antes de su combate en el marco de la UFC 234 escenificado en Rio en mayo pasado. “Tan pronto como llegué aquí, al menos 15 personas estaban pidiendo tomarse una foto conmigo. Es una locura. Nunca experimenté algo similar. Fue un poco abrumador, lo digo de forma positiva. Demuestra el apoyo de los aficionados aquí. Es algo que te hace sentir dentro del siguiente nivel”.


Antes de la pelea

Si bien competir en Brasil no se iguala a ninguna otra experiencia dentro de las artes marciales mixtas, esto implica algunos retos extra. Primero, viajar hasta allá se hace fácil en muy pocas ocasiones. Medeiros, que proviene de Hawaii, afirma haber sumado más de 20 horas de vuelo (de Honolulu hasta Los Ángeles, de Los Ángeles hasta Sao Paulo, de Sao Paulo hasta Curitiba) para combatir con Francisco Trinaldo en 2016. El excampeón de los pesos semipesados de la UFC Forrest Griffin, quien peleó en Rio de Janeiro y Natal tuvo una experiencia similar, ya que necesitaba viajar cruzando los Estados Unidos hasta Atlanta o una ciudad de la Florida antes de dirigirse a Brasil. Estima haber pasado aproximadamente 13 horas en vuelo.

El mayor problema radica en la reducción de peso. Muchos púgiles pasan una buena cantidad de tiempo en baños calientes (frecuentemente utilizando sales de Epson) o saunas a fin de perder la mayor cantidad de líquido posible en su composición corporal. Éstos no siempre son fáciles de conseguir en Brasil.

“Nos hemos hospedado en hoteles donde no existen tinas de baño que te ayuden en tu proceso de pérdida de peso. Así no es posible perder peso y muchas personas dependen de eso, incluyéndome”, afirma Gastelum. “En ocasiones, hay que ir a un hotel distinto y alquilar otra habitación. Me he enfrentado a esos retos previamente”.

Según comenta Medeiros, esto le ocurrió al actual campeón de los pesos pluma de la UFC Max Holloway antes de que fuera la atracción estelar de la UFC 212, cuando se enfrentó a Jose Aldo en junio de 2017.

“Afortunadamente tuve un buen proceso de reducción de peso, pero sin duda hubo cosas a las cuales muchos peleadores debieron adaptarse”, afirma. “No tenían tinas grandes, o el agua caliente no funcionaba. En una ocasión, Max y yo peleamos dentro del mismo programa y dentro del piso en el cual se hospedaba, no tenía agua caliente que le ayudara a perder peso. Tenía que ir a mi habitación para así utilizar mi tina de baño. Era algo sumamente inconsistente”.

“Una cosa que jamás olvidaré: Tienen unos ascensores demasiado pequeños en Brasil”, dice Medeiros. “O sea, tremendamente pequeños. Era sumamente incómodo. Jamás lo olvidaré”.


Durante la pelea

Griffin cree que su primera pelea escenificada en Brasil en 2003 cambió el curso completo de su carrera.

Tras haberse enfrentado a Ebenezer Fontes Braga como parte del programa Heat FC 1: Genesis, Griffin recuerda una multitud muy intensa a la hora de que éste se acercaba al cuadrilátero.

“Era una gran oportunidad para mí. Todos estaban alentando en mi contra”, afirma. “Recuerdo haber llegado al cuadrilátero y conseguir sangre regada en la tela. Podías olerla. Recuerdo haber pensado: ‘Esto es maravilloso. Estoy en el lugar correcto’”.

“Los asistentes están emocionados, gritando como locos. Esto es lo que yo ansiaba vivir”.

A criterio de Jon Anik, narrador de la UFC, esa clase de fanatismo es lo que separa a las peleas disputadas en Brasil a las escenificadas en otros rincones del mundo.

“Realmente, tiene una sensación muy especial”, afirma Anik, quien ha viajado a Brasil en más de 25 oportunidades durante el curso de su carrera. “Independientemente de si se trata o no de púgiles de origen brasileño, cuentan con un amplio aprecio por este deporte. Llenan los estadios y lidian con las condiciones, bien sea que las peleas arranquen tarde o que las facilidades no cuentan con aire acondicionado. Hacen mucho ruido y apoyan a los peleadores, son apasionados por los combates y conocen bien este deporte. Es una atmósfera festiva que no puedes vivir todos los días de la semana”.

Medeiros dice que mucho de lo que hace única la experiencia de Brasil le recuerda a su tierra natal de Waianae, Hawái. Los isleños se sienten honrados de tener su origen en esta área y lo hacen saber cada vez que sea posible. Brasil es de la misma forma.

“Ellos adoran a sus paisanos. Te muestran los dedos, gritan toda clase de palabrotas en portugués. Sin embargo, siendo hawaiano, puedo entender su orgullo y me siento identificado con ello”, afirma Medeiros. “Sí, sientes mucho poder al escuchar a otra persona decir: ‘Al diablo contigo, ¡vas a morir!’ A la vez, sientes admiración por ello. Quizás no tanto por lo agresivo o loco que pueda ser, pero ¿ese orgullo que sienten por su tierra? Lo admiro”.

Gastelum supo que cuando se dirigía al Octágono en mayo pasado en Río de Janeiro, escucharía abucheos. Oiría a frase “uh vai morrer”. Aunque también escuchó aplausos y fue objeto del respeto de los aficionados asistentes.

Con este deporte tan incrustado dentro de la consciencia nacional, los aficionados pueden darse cuenta cuando ambos competidores están sacrificando todo. La acción constante no siempre implica una verdadera batalla en el mundo de las artes marciales mixtas.

“Estos aficionados tienen mucho conocimiento, son muy expresivos y muy apasionados por las artes marciales mixtas y sus púgiles”, indica Gastelum. “Está llegando a un punto en el cual ya es parte de la cultura. No solo es un espectáculo o entretenimiento que ven por televisión. Se convierte, cada vez más y más, en parte de la cultura aquí en Brasil, lo cual es muy bonito”.

“Si revisas mis redes sociales, muchos de los comentarios provienen de aficionados brasileños. No norteamericanos, no mexicanos. Principalmente son aficionados de Brasil. Hay gente que me dice: ‘Buena suerte en tu pelea. No te apoyo; sin embargo, te deseo buena suerte’”.