El Salón de la Fama espera por un Wilfredo Vázquez lleno de recuerdos

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Wilfredo Vázquez, atesora recuerdos (2:37)

El boricua, triple campeón mundial, recuerda a sus ídolos, sus mejores victorias, la derrota ante Naseem Hamed y señala la debilidad de Lomachenko. (2:37)

El triple campeón mundial Wilfredo Vázquez es una gloria del boxeo boricua. Logró consagrarse en tres divisiones diferentes protagonizando batallas memorables en un momento majestuoso del boxeo universal. Todos sabemos que más tarde o más temprano veremos su nombre exaltado en el Salón de la Fama. Nadie duda que ocurrirá, pero, la única pregunta es, ¿cuándo?

A todos nos impacienta esa demora y lo incluimos en una selecta nómina de campeones hasta hoy olvidados por Canastota. Sin embargo, al propio interesado todo eso parece que lo tiene sin cuidado. Fue la razón de la entrevista y también mi primera pregunta: el Salón de la Fama. Por su sonrisa, interpreté una respuesta gestual: “Si llega bien y si no también” pareció decirme Wilfredo.

Para el triple monarca boricua, hay cosas aún más importantes por las que desea ser recordado por las futuras generaciones. “Quiero que me recuerden como una persona humilde, como una persona de caserío, una persona de pueblo y una persona alegre”, confesó.

Sin que haya que esperar por el futuro, Vázquez ya es reconocido de esa manera, como también lo es como forjador de campeones y padre de familia. Algo que constatamos ni bien llegamos a entrevistarlo.

EL SUEÑO FAMILIAR, UN “WILFREDO 3” CAMPEÓN MUNDIAL

Para llegar al hogar de los Vázquez en Bayamón, hay que cruzar el gran San Juan y remontar la carretera PR-167 hasta una de sus últimas cuestas en su viaje hacia la zona rural de la Isla. En una calle tranquila, de una urbanización tranquila, vive toda la familia Vázquez.

A Wilfredo lo encontramos lejos del boxeo y en medio de una de esas agradables “tareas familiares voluntarias”: cortaba el césped en la residencia de su hijo mayor, otro ex campeón, Wilfredo “Papito” Vázquez Jr.

Su otro hijo, también boxeador, es Israel. “El Heredero”, como es apodado, cargaba en brazos a su pequeño, Wilfredo 3, que además de llevar el boxeo en la sangre a su temprana edad también carga el sueño de su abuelo: “verlo un día campeón mundial”

“Si también decide dedicarse al boxeo, podría darse un hecho histórico muy difícil de igualar, tres generaciones de una familia, con el mismo nombre, campeones mundiales”, dijo Wilfredo. “Es un sueño y ojalá Dios me de vida para verlo algún día”.

Mientras nosotros esperamos para verlo en el Salón de la Fama, Vázquez sueña con ver su nieto campeón mundial y se mantiene activo trabajando por el boxeo, especialmente en el gimnasio municipal de Bayamón.

“Estoy asesorando y ayudando a nuevos boxeadores, hay mucho talento joven, de buenas condiciones, muchos que ya fueron aficionados, luego olímpicos y ahora peleando como profesionales con muchas posibilidades de futuro”, dijo. Wilfredo Vázquez también se involucra en causas sociales y no ahorró elogios al trabajo que se ha venido cumpliendo en ese sentido en todo Puerto Rico.

“Desde hace diez o quince años se ha hecho un buen trabajo en las cárceles, yo he participado dando clases a los reclusos y es lo mejor que puede hacer el sistema para ayudar a reinsertar a esos jóvenes en la sociedad mediante el boxeo”, sostuvo.

WILFREDO GÓMEZ, "CHAPO" ROSARIO Y NASEEM HAMED

En una conversación con Wilfredo es inevitable el viaje a su mejor pasado. Y en ese pasado hay dos aspectos que resaltan en su biografía: la razón para dedicarse al boxeo profesional y la evolución de su carrera que lo llevó a consagrarse como campeón mundial Gallo, Súper Gallo y Pluma entre 1987 y 1998.

La muerte de su padre, Juan Vázquez, fue la influencia fundamental para sus metas profesionales. Precisamente, su progenitor – un gran seguidor de Wilfredo Gómez – y que lo alentaba a practicar boxeo, falleció poco después de adquirir las entradas para ver la pelea de Gómez contra Carlos Zarate en octubre de 1978.

Dos semanas después, Wilfredo comenzó a entrenar en el gimnasio Ruiz Soler de Bayamón. Nueve años más tarde, se consagraría por primera vez en el peso gallo, el 4 de octubre de 1987, cuando noqueara en diez asaltos al sur coreano Chan Young Park, en Seúl.

De su padre, Wilfredo heredó el amor por el boxeo y la influencia de Wilfredo Gómez, a lo que, años después, sumó su admiración por otro gigante del boxeo boricua: Edwin “Chapo” Rosario.

“Wilfredo Gómez fue mi favorito desde que lo vi pelear por primera vez y mi segundo ídolo fue el “Chapo” Rosario. De Gómez aprendí que cuando uno sube al ring para tener éxito hay que ser guapo y del Chapo aprendí que en el boxeo hay que siempre tratar de dar y que no te den para evitar salir lastimado”, reconoció, señalándose a sí mismo como una prueba de que, para llegar sano a su edad, esa es la clave.

El otro nombre grabado a fuego en su memoria boxística, es el del británico Naseem Hamed. Ante el mismo cayó cuando lo enfrentó por el titulo mundial pluma OMB que ostentaba el inglés, el 18 de abril de 1998. En Manchester, Inglaterra, fue vencido por TKO en el séptimo asalto. El nombre de Hamed apareció en la memoria de Wilfredo, cuando le pregunté por cual, de todos sus rivales, en el buen sentido, sentía “mayor odio”. No dudó en apuntarle al “Príncipe” Hamed.

“Yo estuve buscando esa pelea por mucho tiempo, hasta que la conseguí. Era un peleador que estaba en su mejor momento, todos pensaban que era invencible y yo le quería ganar. Pero perdí esa pelea y me molestó, me decepcionó mucho esa derrota”.

¿Por qué perdiste? ¿Qué hiciste mal?, le pregunté

“Yo preparé bien esa pelea, me equivoqué después, encima del ring”, reconoció. “La preparación previa fue para boxearlo, un estilo parecido al que años después utilizó Marco Antonio Barrera para derrotarlo. Boxearlo, no buscarlo. Pero, cuando subí al ring lo hice ansioso por ganarle, dejé de lado todo lo que ensayé en el gimnasio y salí a intercambiar golpes buscando el KO y tu sabes, el KO sale solo. El era muy rápido, colocó mejor las manos y me venció”.

CANELO, LOMACHENKO Y EL BOXEO DE AHORA

Wilfredo Vázquez debutó como profesional (1981) en una época dorada del boxeo mundial. Había apenas dos históricos organismos rectores (AMB-CMB), las peleas llegaban a quince asaltos y convivía una generación de profesionales de alta calidad.

“En esa época los buenos peleaban contra los buenos, no eran rivales escogidos, solo había dos organismos y para ser campeón, como me ocurrió a mí, había que derrotar al primero, al segundo y al tercero en la lista. Hoy día, con cuatro o cinco organismos, es más fácil ser campeón y luego elegir contra quien pelear”, se lamentó Vázquez.

Precisamente al preguntarle sobre esos actuales campeones, lo consulté sobre el que más admira y sobre aquél que le hubiera gustado enfrentar, si “una máquina del tiempo” le permitiera traer el Wilfredo de los 80’ al boxeo actual.

Sobre su campeón favorito, no dudó en señalar a Saúl “Canelo” Álvarez como esa gran figura. “Lo tiene todo, es inteligente, de técnica excelente, pegada y control del ring. Lo sigo desde que empezó y me merece toda la admiración, es un gran campeón”, afirmó.

Sobre aquel campeón que le hubiera gustado enfrentar, tampoco dudó con su nombre: Vasyl Lomachenko.

“Me gustaría pelear con Lomachenko, porque es un peleador bien difícil, tan difícil que no todo el mundo se atreve a enfrentarlo, pero eso son los buenos peleadores que uno cuando da la sorpresa crece en el boxeo”, dijo.

"En mi época los buenos peleaban contra los buenos, no eran rivales escogidos, y para ser campeón había que derrotar al primero, al segundo y al tercero en la lista." Wilfredo Vázquez

¿Qué herramienta utilizarías para engañarlo y derrotarlo?, le pregunté. “Después de la pelea que le vi realizar contra (Jorge) Linares, vi que lo complican cuando le insisten con la recta. Aquel rival que le tire esa recta todo el tiempo lo va a neutralizar, porque él tiene dificultades para superarla”.

A Wilfredo Vázquez fue inevitable preguntarle por aquella victoria que le traiga mejores recuerdos. La memoria no le hizo trampas y supimos que son dos las peleas que ocupan las primeras páginas en el libro de oro de sus recuerdos personales.

“La más importante fue cuando le gané a Raúl “Jíbaro” Pérez (27 de marzo de 1992) por el título súper gallo, porque entrar a pelear y ganar en México no era nada fácil”, recordó. “La segunda pelea que me llenó de alegría fue cuando le gané a Eloy Rojas (18 de mayo de 1996) mi tercer cinturón en peso pluma en Las Vegas”.

Wilfredo Vázquez tuvo tiempo para mostrar su orgullo por la etapa como entrenador de su propio hijo, Wilfredo Junior. “Fue algo increíble, “Papito” fue muy aplicado, todo lo que yo le dije que hiciera él lo hizo y ya viste, en tres años y medio llegó a campeón mundial”, apuntó. “Además de hacer tres defensas que tampoco eran fáciles, porque hasta la sorpresa que le dio a Nonito Donaire, nadie creía hasta donde Papito era capaz de llegar en el boxeo”.

Por último y ante una pregunta directa, Wilfredo Vázquez nos dejó una reflexión sobre la conveniencia o no de que los hijos de los boxeadores asistan a las peleas de sus padres, algo que siempre es objeto de controversias en el boxeo actual.

‘Yo no creo que esté mal que esos niños asistan a las peleas de sus padres”, afirmó. “Por el contrario, creo que sí deben hacerlo, es necesario que ellos vean el trabajo de sus padres y lo que ese padre está haciendo por ellos. Para eso se entrena. Yo lo hice con mis hijos, ellos me vieron todo el tiempo en el gimnasio y saben que esto es un deporte de sacrificios donde la familia tiene un papel de apoyo fundamental”.